El desgaste de Ziganda
La figura del entrenador aparece en el centro de la diana tras el último fiasco, un clásico en tiempos de crisis que sin embargo no puede tapar el deficiente rendimiento de la plantilla ENCUESTAS: ¿A qué crees que se debe el mal juego del Athletic?
bilbao - El Athletic se ha metido en un lío con la actuación que ofreció en Montilivi. Aparte de no ser la primera ocasión en la temporada donde se activan las alarmas por culpa de una imagen muy deficiente, vuelve a estar bajo sospecha el colectivo al completo. Aunque en situaciones en que todo parece estar manga por hombro, como sucedió el pasado domingo, la figura del entrenador queda señalada, por no decir directamente que muy tocada, tampoco salen bien parados los futbolistas viendo sus niveles de competencia y actitud. El problema estriba en que esto no para, por lo que conviene articular medidas en el corto plazo, de inmediato, a fin de que la deriva en que se ha sumido el equipo no tenga consecuencias graves.
Ya ha ocurrido, no hace tanto, apenas un par de meses, que el Athletic parecía haber tocado fondo y se asistió a una reacción que con el discurrir del tiempo se ha demostrado inconsistente, pasajera. Fue a raíz del batacazo en la Copa, un episodio que recuerda a otros igualmente dolorosos que salpican su historia, antigua y moderna, sin ir más lejos la eliminación europea de un año atrás, a la que por cierto también siguió un repunte en juego y resultados. Lo peor de lo que hoy se observa, del fiasco de Girona, es que se enmarca en un contexto de siete meses grises en líneas generales, algo que contribuye a agudizar el pesimismo, la impaciencia y el enojo.
En este sentido, apuntar que las declaraciones posteriores al encuentro realizadas por José Ángel Ziganda no ayudan a pasar el trago. Alguien que quizá ha sido hasta demasiado honesto en las salas de prensa durante meses, logró con su lectura del partido generar más desasosiego porque denota una pérdida de perspectiva al obviar una realidad lacerante. Sencillamente, el equipo lo hizo mal y cayó con estrépito.
En coyunturas delicadas, la corriente de opinión que suele imponerse o encuentra fácilmente adeptos sitúa al entrenador en el centro de la diana. Es un clásico. Por una mera cuestión jerárquica se tiende a depositar la responsabilidad sobre una única espalda y a partir de dicha premisa la solución a aplicar cae por su propio peso: relevo en el banquillo. Es una fórmula que no pasa de moda, ejemplos los hay a patadas, así como una riquísima casuística que abarca experiencias de toda índole, positivas y negativas en porcentajes probablemente parejos. Desde luego, en el manual que acompaña el recurso de la guillotina no aparece garantía alguna, y por supuesto lo más complejo de la operación es acertar con la persona que deberá invertir la tendencia.
Echar al entrenador es fácil, no tanto la segunda parte del movimiento. Menos todavía si la decisión se adopta sobre la marcha, con la campaña avanzada y sin margen de maniobra en el capítulo de refuerzos. De acuerdo en que la tentación es fuerte y son muchos los dirigentes que en el fútbol sucumben a la misma, entre otras razones porque en principio así se quitan de encima el marrón, desvían ese dedo acusador que tarde o temprano acaba apuntando al palco. Desde esta perspectiva, aguantar el tirón es una postura más incómoda, pero que seguramente entraña, además de valentía, coherencia.
Josu Urrutia conoce mejor que nadie lo que sucede entre bastidores, maneja una información imposible de recabar desde fuera y es quien en su día creyó que con Ziganda se prolongaría la etapa de bonanza que en el ámbito deportivo vive el club desde las elecciones de julio de 2011. Trajo a Marcelo Bielsa, con el que luego rompió; luego depositó su confianza en Ernesto Valverde y es posible que dilatase en exceso su relevo; ahora pretendía que Ziganda diese continuidad a una concepción futbolística apropiada para el Athletic.
TRES MESES El presidente se ha ganado un crédito con su gestión del área deportiva relativa al primer equipo y es improbable que a estas alturas le vaya a temblar el pulso si considera que conviene tirar hacia un lado o hacia el otro. Valorar la coyuntura, analizar los factores que intervienen y actuar discretamente, con la particularidad de que domina los resortes, que para algo fue cocinero antes que fraile, es tarea que sin duda le estará ocupando. Será muy consciente de que el próximo viernes San Mamés acoge una cita sobre cuya trascendencia no es necesario incidir. Pero tan o más consciente de que el viernes es 9 de febrero y aún restan tres meses hasta el cierre del ejercicio.
Falta por disputarse un elevado número de compromisos en dos frentes y se trata de pulsar las teclas acertadamente a fin de que el equipo recupere sus constantes vitales y se rebele contra la mediocridad en que se ha instalado, que se resume en jugar en función del rival, más pendiente de atender la propuesta ajena que de desarrollar la propia. A estas alturas los debates sobre estilo, dibujos tácticos y sistemas, son secundarios ante la imperiosa necesidad de desenvolverse con intensidad, agresividad y constancia. Que son las armas que distinguen al Athletic independientemente de lo bien o mal que juegue, armas sin las que difícilmente competirá. ¿Los que están pueden hacerlo?