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Ziganda hunde al equipo

La doble ocurrencia de utilizar el dibujo táctico del Girona y escoger una defensa llena de novedades, provoca un desconcierto total y la derrota.ENCUESTAS: ¿A qué crees que se debe el mal juego del Athletic?

Ziganda hunde al equipoEFE

GIRONA: Bono; Maffeo, Ramalho, Bernardo Espinosa, Juanpe, Mojica; Pere Pons, Àlex Granell, Borja García (Min. 83, Timor), Portu (Min. 89, Aleix García); y Stuani (Min. 81, Olunga).

ATHLETIC: Iago Herrerín; Lekue, Yeray Álvarez, Unai Núñez (Min. 61, Aduriz), Íñigo Martínez, Andoni López; Beñat (Min. 61, Susaeta), Mikel Rico, Iturraspe; Raúl García e Iñaki Williams.

Goles: 1-0: Min. 6; Stuani, de penalti. 2-0: Min. 64; Stuani.

Árbitro: Munuera Montero (Colegio Andaluz). Amonestó a Maffeo (Min. 46) y a Unai Núñez (Min. 57).

Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo segunda jornada de LaLiga Santander, disputado en el Estadio Municipal de Montilivi ante 9.602 espectadores.

Bilbao - La sabiduría popular aconseja no cambiar de caballo en mitad del río. Sobra adjuntar explicación alguna, el dicho se entiende sin necesidad de haberse visto en la circunstancia que describe, incluso sin haber montado jamás. Y es justo lo que hizo ayer Ziganda: cambiar de guión en pleno febrero, séptimo mes de competición, con lo que consiguió no solo ahogarse él, sino hundir a la totalidad de sus jugadores. Tuvo la infeliz ocurrencia de alterar de forma significativa el plan táctico inculcado y empleado en todos los partidos con la disculpa de que visitaba al? Girona. Sí, al Girona, no al PSG, al Bayern o al Barcelona. El temor que le infundía un rival al que, por cierto, ganó en la primera vuelta o la escasa confianza que le merecía su equipo, que venía de no perder en diez jornadas, o ambas cosas a la vez, indujo al técnico a organizar una revolución que se reveló un fracaso sin paliativos. Es verdad que la suerte tampoco está de su parte, pues nada más empezar el Athletic perdía por culpa de un penalti de broma, de los que hay que tener ganas de pitar, pero se suele decir que la fortuna es un extra que hay que intentar buscar y Ziganda, con su errático criterio, en absoluto contribuyó a ello.

Cayó el Athletic frente a un Girona que ni se despeinó. Fin de la racha. Se veía venir por otra parte, en las últimas semanas, aunque empatando, se estaba opositando más a la derrota que a la victoria, casi convocándola con un déficit de personalidad preocupante. Bueno, pues ya está aquí, la derrota, una derrota que escuece por la forma y el fondo, con el Athletic en una versión descorazonadora. A remolque, exento de fuste, remachando los clavos de la imprecisión y la inseguridad, insistiendo en correr por correr, dado que con la pelota construye muy poco o directamente nada. Un chollo para el Girona, un grupo humilde, animoso. Y frágil, se comprobó en las tres o cuatro apariciones de Williams. Lo que sí tiene el Girona a su favor es que, al contrario que el Athletic, rastrea afanosamente los resortes del juego y claro, con esa actitud y fe consigue que el azar no le dé la espalda. Ayer ese azar le concedió un par de goles en momentos clave: en el arranque y justo en cuanto el Athletic introdujo un doble cambio para poner una pizca de sentido común de una santa vez.

Con media hora por jugarse, el asunto estaba liquidado. Ni un remate contra Bono desde que Iñigo estrellase en la madera una chilena en la acción que precedió al descanso. Hubo un rato, con 2-0 en que el Athletic amagó, tocó con un mínimo de criterio, pero los jugadores ya no creían en la posibilidad de invertir el signo de un encuentro que se tiró por la borda en un primer tiempo lamentable. Un monumento al desatino y la vulgaridad. Además, el anfitrión actuaba ya cuesta abajo, resguardado en una ventaja holgada y la superioridad moral de no haber sufrido ni un rasguño en un choque que se presumía competido, al menos por lo que indicaba la clasificación.

El relato del partido, que no pasará a la posteridad por el juego desplegado, no da para mucho más. El Girona hizo lo imprescindible, además de aprovechar las concesiones, mientras que el Athletic se equivocó de plano en la gestión y su capacidad de reacción ni asomó. Bastante más de sí dio lo que se coció en los prolegómenos y su consiguiente plasmación sobre la hierba. Lo que sería el meollo del tropiezo de Montilivi. De por sí es discutible que el antídoto idóneo a la propuesta del Girona sea precisamente emularle; o sea, salir con tres centrales, porque es un sistema que Pablo Machín y, por lógica, su plantilla dominan y el Athletic, evidentemente, no. Como es una auténtica osadía pretender que, aparte de que sea una fórmula válida para perjudicar al rival, esa idea vaya a funcionar de buenas a primeras con lo trabajado en tres o cuatro sesiones, cuando presupone modificar los movimientos y la ubicación de todos los hombres, sean quienes sean los elegidos.

EL COLMO Pero lo que clama al cielo es formar la línea en la que se carga la mano, la defensa, haciendo coincidir a un recién fichado, Iñigo Martínez, con uno que no ha competido desde mayo, Yeray, y situar como hombre libre, en medio, a Núñez, que no es el más ducho dando salida a la pelota, como se demostró por enésima vez. A lo anterior, añadir el debut en la categoría de Andoni López, casualmente a quien Maffeo robó la cartera en el lance saldado con penalti, Al que se encargó la función de carrilero, clave en este dibujo y por lo tanto inapropiada para un novato. Esta serie de decisiones generó un desconcierto impresionante, para defender y para construir. López no sabía si ir o venir, igual que Lekue por otra parte, mientras que Núñez iniciaba siempre pese a tener cerca a Iturraspe y Beñat, que estaban como flotando, instalados en una duda existencial que se reflejó en sus pases, erróneos más de la mitad.

Más arriba, despliegue en vano de Rico, sin un balón decente, lo mismo que Raúl García, que no dio una a derechas, sin presencia ni para disputar. No existió la opción de estirar líneas porque la posesión era ridícula y tampoco había un receptor entre líneas, ni en las alas. Para variar, Susaeta, el más dotado para esta misión, sentado en la banda. Con este panorama durante el primer acto, el Athletic apenas cruzó la divisoria con el balón controlado media docena de veces. Fogonazos en la más absoluta oscuridad. Y así todo, para que quede constancia de la blandura del Girona, Williams (ayer tenía mérito que el delantero se conectase) dispuso de dos remates e Iñigo casi marca a la salida de un córner.

A pesar de la manifiesta desorientación del equipo, una hora de reloj tardó Ziganda en deshacer la ocurrencia con que imaginó conquistar Montilivi. Doble cambio y sin tiempo para que cuajase, la puntilla. Ahí la pifió Yeray, pero él está disculpado. Solo faltaría. No es de recibo que el día que vuelve se vea inmerso en semejante batiburrillo.