Toca cambiar el paso
Ziganda diseña una lista con abundancia de defensas centrales y medios para visitar al Girona, al que superaría en caso de obtener la victoria
bilbao - En condiciones normales, Montilivi debería ser hoy escenario de un buen espectáculo, no en vano se cruzan dos equipos desahogados, sabedores de que el triunfo equivale a aproximarse bastante a la zona noble de la tabla. Desde luego que la expectativa del recién ascendido Girona va en esta línea optimista, alegre, de mirar la cita de frente desde el convencimiento de que se halla ante una oportunidad idónea para continuar avanzando en el campeonato. En cambio, pese a que se encuentra a un solo punto del conjunto catalán, la óptica del Athletic es básicamente sombría, y es que por encima de otras consideraciones su comportamiento plantea más dudas que certezas. Antes de comprobar cuál es el perfil que ofrece el equipo, cuál la puesta en escena, resulta innegable la existencia de diversos alicientes relacionados con las decisiones que adoptará José Ángel Ziganda, dando por hecho que se asistirá al estreno de Iñigo Martínez.
Hoy por hoy, la fiabilidad es un factor que no se identifica con los rojiblancos, ni siquiera haber amasado una racha de imbatibilidad que se prolonga diez jornadas es suficiente argumento para confiar en este Athletic. En realidad, las sensaciones más bien son negativas y el hecho de que siete de esos encuentros hayan terminado en empate se ha convertido en un motivo más de censura. Dentro, jugadores y entrenador, no tienen inconveniente en asumir culpas, la autocrítica en público es un ejercicio común en cualquier matinal de Lezama, en absoluto se cuestiona el criterio de la afición, cuyo malestar se plasmó en la sonora pitada que cerró la última comparecencia en San Mamés. Sin embargo, nada de esto sirve de momento para que se produzca una reacción consistente y no falta quien se daría por satisfecho si no hay mayores complicaciones de aquí a mayo.
Es imposible sustraerse a la impresión de que se está dejando pasar o no se está aprovechando la fase más amable del calendario. Puntito a puntito, tres de nueve frente a Espanyol, Getafe y Eibar, será complicado engancharse a la pelea por Europa, el objetivo al que se ha aspirado todos estos años. Pero más que los marcadores, lo que preocupa es la imagen, el juego, la actitud que transmite el conjunto, con frecuencia mostrando síntomas de inseguridad. En definitiva, nada es lo convincente que a estas alturas del curso sería deseable. Y en este contexto presidido por el recelo, la lista de convocados alimenta ese escepticismo.
Tres son las novedades respecto al derbi con el Eibar: Arrizabalaga, Iñigo Martínez y Andoni López, lateral zurdo del filial, cuya presencia deja en casa a Unai Simón, Córdoba y Sabin Merino. Esto significa que Ziganda viaja con cuatro centrales y cinco hombres que actúan en el círculo central: Iturraspe, Rico, San José, Beñat y Vesga. Todo ello afecta a la nómina de atacantes, que se reduce drásticamente, lo que induce a pensar que Aduriz será suplente y ejercerá de recambio en caso de necesidad.
¿Cambio táctico? Lo primero que viene a la mente es que Ziganda baraja la opción de modificar el orden táctico habitual, medida que respondería al hecho de que Pablo Machín es un ferviente adalid del sistema de tres centrales. El Girona completa su dibujo con dos carrileros, dos medios centro y un único delantero, Stuani, al que acompañan los dinámicos Portu y Borja García en tareas de enlace.
La cuestión, de confirmarse una variación, sería en qué línea se carga la mano. La apuesta de los tres centrales exige una coordinación que el Athletic no posee, menos si uno es un recién llegado a la plantilla. Más sencillo sería el reforzamiento de la zona ancha, para lo cual aparte de contar con personal acreditado, bastaría con ubicar las piezas escalonadamente. Por ejemplo: un medio centro, dos interiores, un enlace, como en rombo, más dos puntas. O dos medios de cierre y tres más adelantados, siendo Williams la avanzadilla. Diseñar la estructura propia en función de la ajena no es ni bueno ni malo, aunque es discutible que el potencial objetivo del Girona, que flojea claramente en la contención, merezca un tratamiento especial.