Bilbao. José María Amorrortu ha regresado a La Romareda. El actual director deportivo del Athletic se ubicará en el palco con un cierto aire de nostalgia. Le aflorarán un sinfín de recuerdos. No en vano, el Zaragoza y esa ciudad son parte de su vida. Amorrortu jugó cinco temporadas en el conjunto maño (1978-1983) y llegó a dirigir a su primer juvenil un ejercicio después de colgar las botas. El de Deusto puso fin a su carrera futbolística hace exactamente tres décadas, cuando solo tenía 30 años de edad, la mitad de su recorrido vital a día de hoy. Fue una retirada incluso prematura. Le pudo una lesión de pubis de la que no se recuperó pese a la intervención quirúrgica a la que fue sometido.

Amorrortu (Bilbao, 22 de julio de 1953) ha dejado huella en la entidad maña, en la que estuvo cerca de volver hace once años como su secretario técnico, cargo que finalmente ostentó Miguel Pardeza. El jefe de Lezama cerró su etapa como jugador del Athletic en 1978, una campaña después de la histórica final de la vieja Copa de la UEFA ante la Juventus, con protagonismo del deustoarra, titular aquella noche en San Mamés. El Zaragoza se interesó por aquel centrocampista fino futbolísticamente y en pleno cénit profesional. El Athletic valoró la oferta económica, la aceptó y Amorrortu recaló en el cuadro maño, donde, apuntan, se encontró con una "plantilla fabulosa" para completar "cinco temporadas extraordinarias en las que dejó un gran recuerdo por su calidad humana y futbolística".

El hoy director deportivo del Athletic llegó al Zaragoza dirigido entonces por Vujadin Boskov a los 25 años de edad, aún muy joven en el mundo del fútbol. En su primera etapa en el conjunto aragonés coincidió con José Mari Lasa e Iñaki Oñaederra, que fueron compañeros suyos en el Athletic, además de hacer buenas migas con los Nieves, Irazusta, Juanjo, Pichi Alonso, Víctor Muñoz, Radomir Antic -que jugaba de central- y compañía. "Aquel era un equipo muy bonito", rescatan a orillas del Ebro, donde se profesa un acentuado cariño a Amorrortu, que incluso llegó a ejercer de capitán de los blanquillos.

Juan Señor, que se convirtió posteriormente en una referencia histórica del Zaragoza, también compartió en el centro del campo con Amorrortu, que después llegó a jugar como defensa en un bloque donde comparecían delanteros de la talla de Valdano o Amarilla, aunque ello no sirvió para que el bilbaino experimentara en competición europea con el Zaragoza.

Amorrortu, eso sí, vivió un momento complicado emotivamente cuando regresó a San Mamés seis meses después de finiquitar su trayectoria en el Athletic, donde completó 127 partidos oficiales. Aquella tarde del 14 de enero de 1979, domingo, el exleón batió a su amigo José Ángel Iribar a los 21 minutos de juego, en lo que suponía el 0-1 momentáneo. El encuentro finalizó en tablas (2-2), con tantos además de Dani y Sarabia, por el Athletic; y Víctor Muñoz, este el definitivo a falta solo de tres minutos. Dicen que "José Mari se sintió extraño, incluso se vio como un pequeño traidor", aunque en su trasfondo mandó la versión profesional. No fue aquel gol en San Mamés el único que endosó al Athletic, ya que repitió en la campaña 1980-81, entonces en La Romareda, si bien ese tanto no impidió el triunfo rojiblanco (2-3).

salto al banquillo El deustoarra no desaprovechó los días como futbolista del Zaragoza, ya que sacó tiempo para estudiar y prepararse como entrenador en el futuro. Superó los primeros niveles en Zaragoza y en el verano de 1985 realizó el curso selectivo en Madrid junto a otros ex del Athletic como Nico Estéfano y Txetxu Rojo. Con anterioridad a la consecución del carné de máximo rango, Amorrortu se estrenó en los banquillos pocos meses después de colgar las botas. Lo hizo en el Balsas del Ebro Viejo, un modesto club de la capital maña.

El Zaragoza le llamó al cabo de una semanas de iniciar su nueva carrera como entrenador. Le reclutó para hacerse cargo del primer juvenil zaragocista, con el que Amorrortu se presentó en Lezama para enfrentarse al Athletic. Bajo su dirección se curtieron jugadores que a corto plazo se hicieron un nombre en Primera División, como los casos de Isidro Villanova y Javier Villarroya, entre otros.