"Se ganaba bien, pero dejabas el fútbol y tenías que ponerte rápido a buscar trabajo"
Sobrio, fuerte, duro también. Buen futbolista, según dicen quienes pudieron seguirle durante trece temporadas en el Athletic. Su nombre no será de los más sonoros para las generaciones más recientes, pero su aportación fue tan importante como la del resto en un equipo, el de los cincuenta e inicios de los sesenta, que sumó un título de Liga y tres de Copa. Y dejó grandes recuerdos, fechas inolvidables en la historia del club, algunas de los cuales repasa para DEIA este hijo de la Margen Izquierda que ejerce de 'tomatero'
Manolo González Etura (Sestao, 1934) mantiene bien engrasada la memoria, que le guía con precisión a lo largo de una carrera de casi 250 partidos oficiales como rojiblanco. El relato de las vivencias y las comparaciones que hace con los tiempos actuales, adquieren mayor relieve gracias al sentido común y la naturalidad con la que se expresa. Al escucharle es posible entender mejor la grandeza del Athletic, una realidad hoy gracias a hombres como él y sus compañeros, un grupo de amigos que, según subraya, hacían de esa "unión" su mejor baza para ganar.
¿Es de los que sigue el fútbol o se ha distanciado, como sucede con algunos ex?
No, yo sí sigo el fútbol, veo y leo, pero al campo no voy, le dejo el carnet a un nieto.
¿Cómo ve al Athletic?
Veo que la gente enseguida se pone nerviosa, quizás debido a que las elecciones están todavía cerca, pero creo que hay que tener paciencia y tranquilidad, como siempre. Nosotros tuvimos una temporada en la que íbamos mal, muy mal, empezamos a ganar partidos y quedamos cuartos o quintos. Creo que este hombre (Bielsa) es competente.
Ustedes también tuvieron un entrenador llegado de muy lejos?
Sí, dices por Martim Francisco, que era brasileño. Vino del Vasco de Gama y ese sí que cuando nos lo presentaron no nos conocía de nada, pero ya el primer año quedamos bien, fuimos terceros en la Liga. Ese año fue cuando hicimos un récord de goles, metimos 33 en cuatro partidos seguidos y sólo nos metieron uno.
Sería porque eran buenos.
Yo no voy a decir eso porque los que me conocen dirían que he cambiado.
Malos no eran.
No, malos, creo que no. Lo que sí creo es que entonces teníamos más capacidad de sufrimiento. Recuerdo que una vez en Pamplona jugando contra Osasuna, fui en el descanso al médico, Don Pedro Múgica, para decirle que me dolía mucho un pie y me contestó que si quitábamos la bota luego no la íbamos a poder meter. Así que seguí jugando, no había sustituciones en esa época. Tenía un dedo roto y me puse de extremo izquierdo, a buscar lo que se llamaba el gol del cojo.
Sí, efectivamente eran otros tiempos. Ahora hay hasta tres cambios.
Ya. También cuando se inauguró la iluminación de San Mamés, que vino el campeón de Brasil, no sé si era el Flamengo el Fluminense, estaba con un dedo roto y el entrenador, Ipiña, me puso. Me vendaron y tiré para adelante. Todo era muy distinto. Por ejemplo, los viajes, hacíamos horas eternas en el autobús.
No había otro medio de transporte.
A todos sitios ibas en autobús luego empezamos a coger trenes, el coche-cama, pero había que ir así a Andalucía, a Valencia o a Galicia. Salíamos por Orduña, ¡qué carreteras! Llegábamos a Aranda, a comer, y hasta allí no te importaba el sitio que tenías en el autobús. Luego nadie quería sentarse atrás de cómo se movía aquel trasto. Eso los jugadores de ahora no las pueden ni creer.
Un viaje un poco lejos duraría días, no tenían ni tiempo para entrenar.
Es que no entrenábamos nada. Dos días para ir, otros dos para volver. Salíamos de Bertendona a las nueve de la mañana y llegábamos a Madrid ya de noche. De allí en tren, si ibas para más abajo.
Mucho viaje, poco entrenamiento?
Pero corríamos, no sé qué teníamos, pero corríamos mucho. Lo que teníamos era unión entre nosotros, eso sí.
Se refiere al buen ambiente, a la relación entre los jugadores.
Eso era lo más importante. Mira, en verano, cuando se empezaba a entrenar y eran las fiestas, después del entrenamiento íbamos a Sabino Arana, a las barracas, todos juntos, a comer unos melones que encargábamos y que nos ponían bien fresquitos. A todas partes íbamos juntos, a la cervecera, una cañita y unos cacahuetes. A comer, a donde fuera. Con unos te llevarías mejor que con otros, pero siempre estábamos en grupo. Era todo muy normal. Después de entrenar, Jose Mari [Orue] y yo cogíamos el tren, él se bajaba en La Iberia y yo en Sestao. Y cuando había partido, igual, bajábamos en Olabeaga y subíamos andando la cuesta hasta San Mamés.
¿No tenían coches?
¿Coches? Yo no tenía. Al principio había dos o tres nada más, uno recuerdo que era de Eneko (Arieta) y Mauri también tenía, pero qué coche tenía Mauri (se ríe y explica que le faltaban los bajos). Ahora dicen que en Lezama hay una exposición de coches.
Y el fútbol, ¿cómo era el fútbol de la década de los cincuenta?
Era muy vistoso. En tres golpes hacíamos jugada de gol, pero con pases al hombre, no jugando al patadón. Era así. El fútbol que hacía el Athletic era con una buena condición física y golpeando bien el balón. Ahora se habla de posesión de balón, una palabra que ni existía, y resulta que un equipo tiene el setenta por ciento de posesión y pierde. No es el caso del Barça, pero ¿qué es posesión de balón si no le sacas partido?
Ha subrayado lo bien que tocaban el balón ustedes.
Es un mérito. Ahora no se dan pases precisos de más de diez metros como hacíamos nosotros, ahora hay mucho pase en corto, de dos metros. Entonces el peligro se veía en menos tiempo. Me gustaba mucho Markaida, no era bonito, pero sí práctico. Era interior, andaba para arriba y para abajo y remataba muy bien. Todos corrían y el campo se abría, había dos extremos, ahora no se ven. Y el extremo iba a driblar al defensa, así hacían José Luis (Artetxe) y Piru (Gainza). Y Eneko, se llevaba por delante al que le pusieran.
¿Qué diría a quien sostiene que el Athletic de su época fue el mejor equipo de la historia del club?
En una reunión que tuvimos en Sestao me preguntaron qué jugador del Athletic era el mejor. Dije que no había conocido a Cilaurren o a Zubieta, que debían ser unos fenómenos, porque fenómenos ha habido en todas las épocas. Nosotros teníamos un muy buen equipo. Fuimos los primeros que ganamos en Inglaterra, al West Bromwich Albion, los 33 goles que metimos en cuatro partidos, una Liga, la ronda con el Manchester, que le ganamos aquí, aunque nos eliminaron.
Ese partido con el Manchester ha quedado como El Partido, con mayúsculas.
Sí, el ambiente que hubo, la nieve? Fue un partidazo. Allí, en Manchester se lesionó Carmelo y perdimos. Pero siempre quedábamos bien.
Y no ha mencionado la final de Copa del 58 con el Madrid.
Sí, por las circunstancias que hubo, nos obligaron a jugar en Chamartín después de una gran polémica con nuestro presidente, Don Enrique Guzmán. Aquel Madrid era un equipazo, lo había ganado todo, todo.
Menos la final con el Athletic.
Y cómo se cabrearon, Di Stéfano y todos. Di Stéfano era muy bueno en el campo, pero tenía un carácter. Esos partidos han quedado para la historia del Athletic.
Y eran todos vizcainos.
Eso es algo que yo echo un poco en falta. Ahora no hay muchos. Suelo ir a ver fútbol base y pregunto si aquí no hay jugadores. No sé por qué será. También veo que hay mucha comodidad en los chavales de hoy, quieren entrenar poco y jugar el sábado para tener libre a la noche y el domingo. Antes había más jugadores, se jugaba en cualquier sitio. Piru solía decir que faltan terrenos para jugar y que los estudios ocupan mucho tiempo.
Los estudios nunca han ido muy ligados al fútbol, ni antes ni ahora, aunque sea por causas diferentes.
Yo hice la escuela normal, fui a la de Altos Hornos y allí había un profesor, un tal Vicente Alegría, que formó un equipo y allí empecé. Luego pasé al San Pedro y después estuve media temporada en el Sestao, pero porque me obligaron.
¿Cómo fue eso?
Nunca ha habido relación entre el San Pedro y el Sestao, el pique ha durado hasta ahora. Así que al terminar la temporada, cogí y me fui al Getxo. Estando en el Getxo venía a entrenar a San Mamés y me lesioné de menisco. El Athletic me olvidó y me vino a buscar el Alavés, y firmé. Cuando me recuperé fui con el Alavés a jugar un partido a Mondragón y se enteró el Athletic. Me vinieron a casa y que tenía que fichar con ellos, que ya se encargarían de arreglar el asunto con el Alavés y así fue. Yo, encantado.
¿En qué puesto o puestos jugaba?
Siempre de medio y después, Daucik me bajó a central. Luego traspasaron a Jesús Garay al Barcelona, y de central. Martim Francisco me decía que me parecía a un tal Orlando, un internacional brasileño, pero nunca le vi jugar.
El fútbol ha evolucionado mucho, se ha sofisticado.
Demasiado. Ahora, que si pizarras, que si no sé qué, todo lo complican más. Ya no se sabe ni cómo se denominan los puestos, antes todo era más normal. El fútbol es muy simple, dentro de la dificultad que puede tener.
¿Al margen de la Asociación de Veteranos, desde que colgó las botas ha tenido más contacto con el club?
A mí ninguna directiva me ha invitado a nada, y que conste que no tiene que hacerlo, pero es que ni te conocen. He tenido delante presidentes que ni saben quién eres. Quiero decir que en 2008 la Peña Piru Gainza nos invitó a comer para conmemorar que se cumplía medio siglo de la final con el Madrid, pero ellos no son el Athletic.
¿Cuántas perras cobraban ustedes?
Ganabas bien para cómo se vivía entonces y nada más. Dejar el fútbol y enseguida te ponías a buscar un trabajo, qué remedio: si sacas y no metes, se acababa. Ahora se pagan millonadas, está desorbitado.
Cuando ustedes fueron retirándose vino una hornada de buenos jugadores: Iribar, Uriarte, Rojo, Arieta?
Les conocí a todos. El primer partido de Iribar fue contra el Lazio en Roma, con Juanito Otxoa de entrenador. Ya se veía lo que podía ser. Es lo normal, que te vayan sustituyendo por la edad, todavía no había que mirar fuera de Bizkaia.
Iribar es de Zarautz.
Sí, pero venía del Basconia. Las cosas no se hacían como ahora, que viene un chaval de Barcelona, le ponen y ya está.
¿Eso no va con la filosofía?
Yo creo en la filosofía del Athletic, pero si se abre, que se abra para todos. Viendo algunas cosas que se hacen últimamente, ¿por qué no va a jugar el hijo de un peñista de Cádiz? Creo que este tema se tiene que llevar como se ha hecho siempre.