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Tabú para los bávaros

18.04.2021 | 01:19
Tabú para los bávaros

Por tercera vez en la historia de la República Federal Alemania un bávaro socialcristiano (CSU) –en este caso, Markus Söder, de 54 años– aspira a ser el candidato conservador a la jefatura del Gobierno federal.

Dicho así, parece una anécdota de la política conservadora alemana; pero en realidad se trata de un problema muy complejo. Por una parte es sintomático de las diferentes mentalidades y prejuicios imperantes en el país; y por otra parte, delata la profunda división del conservadurismo alemán actual.

Baviera fue hasta finales de la II Guerra Mundial un país mayormente agrario y pasó a ser el estado federado de mayor renta per cápita y uno de los más industrializados de la RFA tan solo después de la conflagración. En el resto de la República aún perdura entre las masas la imagen del bávaro como un rudo campesino, tragón, católico a ultranza y más tozudo que nadie. En una palabra, se le menosprecia en el norte y los bávaros corresponden con la misma aversión hacia los norteños.

Políticamente esto se ha traducido en una hegemonía del partido conservador nacionalista bávaro CSU (Unión Socialcristiana) en Baviera y una coalición parlamentaria federal entre los dos partidos conservadores de Alemania –CDU (Unión Cristianodemócrata) y CSU– con el compromiso de exclusividad territorial; Ni la CDU actúa en Baviera, ni la CSU en el resto de la República.

Esta alianza conservadora se hizo por aritmética parlamentaria, pero ha cojeado desde un principio en sus fundamentos ideológicos. Mientras la CSU enarbola un conservadurismo muy similar al británico, la CDU fue siempre mucho más aperturista y ecléctica. Y a la hora de redactar programas gubernamentales, la alianza ha chirriado y chirría aún por todos los costados.

Hasta ahora, dichas tensiones culminaron en dos ocasiones. En la primera (1976) y siendo F. J Strauss líder de la CSU, los bávaros decidieron romper la alianza federal y se retractaron tan solo cuando la CDU amenazó con concurrir a las elecciones bávaras. El motivo de la ruptura fue el liberalismo conservador del partido federal Pero los bávaros consiguieron que Strauss fuera el candidato conjunto a las generales siguientes.

La segunda gran crisis se produjo en el 2002 –dos años después de que Ángela Merkel se alzase con la jefatura de la CDU– por las mismas razones de 1976 y el líder bávaro del momento –Edmond Stoiber– fue el candidato conservador a la presidencia. Tanto Stoiber como Strauss ganaron los respectivos comicios, pero no alcanzaron la cancillería porque socialdemócratas (SPD) y liberales (FDP) firmaron sendas coaliciones gubernamentales. Esos "fracasos postelectorales" fueron presentados a la opinión pública alemana como fracasos bávaros, pese a no haberlos sido.

Ahora, tras quince años de Gobiernos Merkel, la crisis CSU-CDU vuelve al máximo nivel de otrora. Otra vez la inconcreción conservadora –de la Merkel, ahora– cristianodemócrata topa con la visión bávara. Y otra vez como, en 1976, al antagonismo ideológico se suma el interés económico, ya que Baviera lleva años reclamando una modificación de las normas de solidaridad interestatal; es decir de las transferencias de los más ricos a los más pobres.

El aspirante bávaro a la candidatura común es ahora Markus Söder, un jurista gigantón, luterano y de un conservadurismo que haría las delicias de Disraeli. Pero si hasta aquí la historia de las discrepancias CSU/CDU se repite, el escenario parlamentario federal es ahora totalmente distinto. Ya no es un foro con tres actores –cómo en 1976 y 2002–, sino un Parlamento más poblado y mucho más imprevisible (porque las ideologías han perdido peso y atractivo) mientras que las ansias de poder siguen siendo las de siempre.

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