La resaca lotera del reciente periodo festivo deja una intrahistoria que a buen seguro será recordada cuando el tiempo nos devuelva a la misma estación a cuenta de las tradicionales participaciones, enfrascadas estas semanas en la polémica. Primero fue el caso del municipio leonés de Villamanín, donde se vendieron más papeletas de El Gordo de diciembre de las que estaban asociadas al décimo; después, el acontecido en Avilés, donde se dispensaron participaciones con un número premiado con pedrea cuando el realmente asociado era otro. El Rayo Villalegre, un equipo de fútbol del pueblo, vendió 2.500 papeletas a cinco euros cada una, cuatro que se jugaban para el sorteo y uno para el club, reservando y vendiendo boletos del número 68729, pero recibió por error los décimos de otra numeración, el 68279. La mayoría de ocasiones no ocurre. Ahí están los cuatro estudiantes del IES Ribeira do Louro, en O Porriño (Pontevedra), que repartieron participaciones de un euro entre amigos y vecinos para sufragar los gastos del viaje de fin de curso que planeaban. Martín, Samuel, Iker y Enma no podían imaginar que cada una de esas papeletas que vendieron del 45875 estarían premiadas con 13.600 euros, correspondientes al segundo premio. Todo culminó aquí con brindis colectivo pero, de cara al próximo año, ¿retraerán este tipo de situaciones al comprador o a los propios clubes y asociaciones?
Nada debería conducir a pensar en mala fe, cuando además la venta de estas participaciones contribuye a dar cierto respiro a las arcas de estas entidades deportivas, sociales o culturales. Bizkaia da buena cuenta de ello. En cualquier municipio, no hay club de fútbol u organización de esta índole que no aproveche esta posibilidad al retener, a modo de donativo que le hace el usuario, y previa autorización a Loterías y Apuestas Mutuas del Estado, el 20% del valor de cada papeleta. O lo que es igual, 0,80 céntimos por cada boleto de 5 euros, que es lo que está estipulado por ley (aunque una gran mayoría redondean quedándose 1 euro de cada 5, por ejemplo). Antiguamente, esta práctica era bastante usual por parte de personas individuales pero hoy en día “se ciñe” prácticamente a estos organismos populares. “Ahora mismo, disponer de 20 euros es accesible para casi cualquiera. El precio del décimo hace bastantes años era más caro, sería proporcional a lo que actualmente serían unos 50 euros”, subraya Sergio Etxebarria, gerente de Loterías Ormaechea, que este año ha repartido suerte tanto en el sorteo de diciembre como en el de Reyes.
Pero, ¿cuál es la vía para poner en circulación esas participaciones? “Las asociaciones o entidades se acercan a una administración y piden que se les reserve un número de lotería. Pongamos que 10.000 euros. Nosotros se lo reservamos y la imprenta hace la ecuación de cuántas papeletas tiene que imprimir. La mecánica es que, una vez venga a retirar los décimos antes del sorteo, deben comprar la lotería exacta de lo que han vendido en participaciones. Si han vendido 1.000 boletos de 4 euros, pues tendrían que retirar 4.000 euros en décimos, los que soporten lo que realmente han vendido”, explica Etxebarria.
Hay clubes como el Otxarkoaga que se ponen pronto las pilas. Ya por el mes de mayo solicitan a su proveedor el número que desean (el del año de su fundación empezando por el 69) porque “en verano muchos se los llevan para venderlo en vacaciones”, comenta Egoitz Ruiz, su míster y encargado de este proceso. “Yo voy donde mi lotera y le pido lo que sé que voy a vender, esta vez, 27.000 euros, y estoy obligado a vender todo eso al coger el número que yo quería. No nos atrevemos a lanzarnos a la piscina aunque si comprara una serie entera, sé que la vendería”, destaca. A los miembros del club que no quieren vender participaciones les toca sumar a la cuota anual que pagan los donativos de esas papeletas que otros sí han repartido. Un ejemplo, si no quieren vender unas 25 papeletas, tendrían que sumar unos 20 euros a ese abono. Y es que ese dinero que se recauda, que puede alcanzar los 9.000 euros, aunque no hace milagros, “ayuda a pagar sueldos de entrenadores al menos durante dos meses”. “Yo en octubre ya no tenía lotería”, precisa Egoitz. Otro caso puede ser el de APNABI Autismo Bizkaia, que este año vendió más de 84.000€ en papeletas y décimos –un 8% más que el año anterior–, lo que se traduce en más de 18.000 euros de aportación solidaria para impulsar la labor de la asociación.
Los bancos, al margen
A ellos les toca además hacer frente al abono de los premios en caso de resultar agraciados. “Nosotros, las administraciones, no podemos hacerlo. Antes lo pagaban las entidades financieras pero después decidieron cobrar y ya no lo hacen. Son los clubes quienes proceden a ello y se valen de las redes sociales y así para informar de cómo hacerlo, principalmente en sus locales”, apuntan desde Ormaechea. “El tiempo con derecho a cobrar del cliente es el mismo, tres meses”. ¿Qué pasó en pueblos como Villamanín? “Que no hicieron bien las cuentas. Creían que un taco estaba invendido cuando sí se había vendido. El riesgo existe si el emisor de la participación carece de experiencia o no lleva el tema con seriedad. Seguramente no habrá habido mala fe pero la responsabilidad es elevada”, dice Etxebarria. “Otro error que se da mucho es que se haya vendido un número equivocado porque ha bailado en la imprenta, pero si se comprueba antes del sorteo no hay problema”, apostilla.