La paleoclimatóloga holandesa Ellen Thomas no es nada optimista frente al calentamiento global, que es un desafío, ante todo, para los seres humanos, porque “para el planeta no es ningún problema” si nosotros nos extinguimos. Thomas y el estadounidense James Zachos han logrado este año el Premio BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático por descubrir que hace 56 millones de años se produjo un episodio de efecto invernadero que ofrece analogías con el actual cambio climático generado por el ser humano.

Experta en micropaleontología marina en la Universidad de Yale, Thomas (1950) señala que está “muy preocupada” con la actual crisis climática. Entre las principales preocupaciones, cita el aumento del nivel del mar, “una de las consecuencias potenciales, sobre todo, si Groenlandia o la Antártida se van derritiendo”. El descubrimiento y estudio del Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM) permite predecir algunos impactos del actual calentamiento global generado por el ser humano. Entonces no había capas de hielo en la Antártida, “así que el nivel del mar no subió tanto como esperamos que suba ahora”, que en los peores escenarios podría superar los diez metros, y “eso no es nada bueno”.

Cambio de patrones

La experta destaca otro elemento que “quizás no sea tan claro”, relacionado con la agricultura y cómo la distribución de las diferentes especies de plantas se desplaza hacia el norte. En Estados Unidos, donde vive, va subiendo desde el Golfo de México a la frontera de Canadá, “lo que supone un problema”.

Hay quienes piensan que hay que dejar que la Tierra se encargue de asumir las actuales emisiones de CO2, pero Thomas advierte de que “la escala temporal en que puede hacerlo es demasiado lenta para que sea útil para nosotros”, pues hablamos de siglos.

“Yo vivo en Connecticut. Allí, ha habido edades de hielo, subidas y bajadas del mar, pero no suponían un problema. Hoy en día, junto a la playa hay un tren, hay casas y si sube el nivel del mar es muy grave para nosotros”.