Las etiquetas invisibles que hay detrás de las compras en el Black Friday

ONG y plataformas ciudadanas redoblan sus mensajes ante la avalancha de compras que ya se barrunta e invitan a reflexionar sobre qué hay detrás de cada producto y sobre el coste real de cada objeto o prenda

26.11.2021 | 00:29
Una personas pasa frente a un escaparate donde se anuncian descuentos por comprar en estas fechas.

promociones, descuentos, rebajas, ofertas... Los anzuelos ya están lanzados. Llevan tiempo sobrevolando las cabezas de miles de personas –niños incluidos– en forma de anuncios en soportes tradicionales y de mensajes en redes sociales. Y hoy, día consagrado al consumismo más voraz que se esconde bajo la piel del Black Friday, son muchas las ONG, plataformas ciudadanas y personas anónimas que advierten sobre los vicios ocultos que hay detrás de buena parte de los objetos que se compran; no solo durante estas fechas, si no a diario. Una de las voces más respetadas e incansable en la denuncia de las huellas sociales (precariedad, contaminación, desigualdad...) que libera el consumismo desaforado y particularmente el low cost es la de Miguel Conde Lobato, alma máter de la Fundación Knowcosters.

Lleva años empeñado en hacer ver a la ciudadanía la necesidad de saber el coste real de cada prenda de ropa o de cada gadget electrónico que es adquirido; por impulso o no. Pero para eso es necesaria la complicidad de la empresa, de la firma productora, de la cadena de distribución y de todos los agentes comercializadores de ese objeto. Y de los compradores. Lo resume en dos etiquetas invisibles todavía que, a su juicio, deberían estar junto a la que indica el precio de venta al público. A saber: el coste Planeta y el coste Estado de bienestar. Ambos sellos y el tradicional PVP configurarían lo que él llama "el triple marcaje del precio".

"La consciencia de lo que estás decidiendo sería mucho más completa", subraya Conde Lobato. Y abre su particular interrogatorio: "¿Debería costar lo mismo un producto que respete las aguas que otro que no lo hace? ¿Y uno que durante su producción haya generado más cantidad de CO2 que otro?". Las dudas no acaban ahí y lanza más interrogantes a la espera de una reflexión: "¿Es lo mismo optar por un producto cuyos empleados tengan unos derechos o no? ¿Es lo mismo que reinviertan sus beneficios en tu comunidad o que lo hagan en otra?".

Haciendo una consulta antes de una compra. Foto: Afp

Podría seguir rascando en la curiosidad de las personas con más y más preguntas, pero la voz cantante de los knowcosters se planta con un rotundo: "Si supiésemos todo esto en el momento de compra, posiblemente nuestra forma de ser y nuestra forma de comprar sería más parecida". Y es que, una de sus cruzadas es desterrar para siempre un pensamiento muy de moda entre muchos consumidores –el eslomismo– que tiene efectos devastadores sobre el planeta (la industria textil es una de las más contaminantes y la chatarra tecnológica es trending topic en muchos países) y sobre el estado del bienestar (la explotación infantil y la desigualdad siguen presentes a lo largo y ancho del mundo).

A esas consideraciones de Conde Lobato apelando a la responsabilidad ambiental y social en cada compra se suman cada día más personas. Es el caso de Belén Arnedo, voluntaria de la ONGD Pueblos Hermanos centrada en asuntos de comercio justo y campañas de consumo responsable "y transformador", tal y como subraya en declaraciones a DEIA. Porque, como insiste, comprar no es un acto trivial e intrascendente. "Es necesario saber un poco más sobre ese producto. No solo lo que viene en el etiquetado de toda la vida", apostillaba. Lo primero, si realmente es necesario hacer esa compra; y después, por ejemplo, "si hay trato abusivo, si se respeta al medio ambiente, si la persona que lo fabrica está en condiciones laborales adecuadas, si hay trabajo infantil, si es igualitario...", enumeraba.

Las urgencias del actual estilo de vida corren en contra de estas creencias, pero como replica Arnedo, no hay que rendirse. "El ejemplo empieza por una misma", enfatiza. "Es difícil cambiar y adoptar otros hábitos y ser más consciente de la compra", valoraba. A favor, que la conciencia climática cada vez tiene más seguidores y no solo entre las generaciones más jóvenes. En contra, que el influjo de las leyes del mercado es muy fuerte. "No me gusta ser negativa, pero de primeras sigue habiendo mucho consumismo, pero hay que pensar en positivo y destacar que hay gente cambiando hábitos y concienciada", insistía la voluntaria de esta ONGD.

No tira la toalla Arnedo en esa lucha local y global contra el consumo desmedido e irresponsable. Y confía en, poquito a poco, ir llegando a más gente "y que sus hábitos de consumo y de compra en el día a día sean más responsables y transformadores, de esos que producen cambios, y no sigamos en esta tónica", expresaba. En casa, con la familia, con la cuadrilla de amigos, en el centro de trabajo,... La labor de evangelización sobre las consecuencias ambientales y sociales de cada compra es el pan nuestro de cada día para ella y otras muchas personas en la geografía vasca.

Hace unos días, por ejemplo, la plataforma Kapitalari planto! movilizó a varias decenas de sus activistas para denunciar que "el consumo compulsivo" lo inunda todo. "Allá por donde caminamos todo son ofertas increíbles, descuentos que nos permitirán obtener auténticas gangas y todo más barato si lo hacemos vía on line. Y todo esto tiene múltiples y graves consecuencias tanto sociales como ambientales" valoraba Maite, una de las integrantes de este colectivo, al tiempo que aportaba un dato para reflexionar: más de 5.000 pequeños comercios bajaron la persiana entre 2008 y 2016 mientras las ventas se inclinaban hacia las grandes superficies y el comercio electrónico.

"Hay que darse un tiempo para reflexionar cuando vayamos a tener el gesto de comprar", remarcaba Arnedo. Los productos tecnológicos reacondicionados, las prendas de segunda mano o compartir coche, por ejemplo, son alternativas reales para alejarse del consumismo y del low cost [para vender barato hay que producir barato y eso implica reducir costes y calidad en alguna fase de la producción] que tanto terreno ha conquistado en los últimos tiempos. Y sobre todo, "saber un poco más sobre el producto, no solo lo que viene en el etiquetado" insistía, por su parte, la voluntaria de la ONGD Pueblos Hermanos.

Fenómenos como el comercio justo o el boom de los productos orgánicos "son tendencia en estado larvario que acercan más información al consumidor , hacen más complejo el acto de decidir y a su vez, más coherente con nuestra forma de pensar nuestros valores. El triple marcaje sería la culminación de un proceso de enriquecimiento de las marcas y de la traslación de la información relevante al consumidor para que se convierta en un knowcoster", ilustraba Conde Lobato.

EL DATO

254

Los vascos prevén gastar 254 euros durante este Black Friday, cantidad similar a la del pasado ejercicio, pero menor a la del curso 2019 cuando el gasto medio ascendió a 258 euros. Asimismo, el 59% de los compradores vascos manifiesta su intención de efectuar alguna compra, diez puntos porcentuales más que el pasado 2020.

Economía circular

La otra vida de toneladas de ropa y gadgets

Electrónica. La Fundación Ecolec, que centra su actividad en el reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos, gestionó en Euskadi durante el primer trimestre de 2020 un total de 1.452 toneladas de este tipo de residuos. A lo largo del ejercicio 2019, la cifra fue de 6.124 toneladas, de las que se pudieron recuperar casi 3.500 toneladas de metales férricos, el equivalente a 159 esculturas de Mama del Museo Guggenheim, que "han sido reintroducidos nuevamente en el ciclo productivo", indicaban desde Ecolec.

Ropa. Koopera, proyecto social y medioambiental promovido por Cáritas-Bizkaia, ha gestionado más de 2.800 toneladas en los primeros ocho meses del año gracias a todo el material depositado en los más de 480 contenedores que tienen distribuidos en 109 municipios. Además, cada año ya son cerca de un millón de prendas las que adquieren las más de 220.000 personas que visitan una Koopera Store, dando a la ropa una nueva vida, y, por lo tanto, cuidando el medio ambiente y ahorrando así recursos naturales al planeta. Gracias a esta labor, como explican sus responsables, "ahorramos cerca de 8 millones de metros cúbicos de agua al planeta, a la vez que reducimos en más de 100.000 toneladas las emisiones de CO2 a la atmósfera cada año".

"¿Es lo mismo optar por un producto cuyos empleados tengan unos derechos o no?"

Miguel Conde Lobato

Fundación Knowcoster

"Que los hábitos de consumo y de compra sean más responsables y transformadores"

Belén Arnedo

ONGD Pueblos Hermanos


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