Escritor y exportavoz del Gobierno vasco

Eugenio Ibarzabal: "Los Sota fueron más, mucho más que una familia venida a menos"

El apellido está ligado al Bilbao floreciente. Eugenio Ibarzabal, en su día portavoz del Gobierno vasco, recuerda a la saga en el libro 'Los Sota. Esplendor y venganza'

19.10.2021 | 00:29
Eugenio Ibarzabal.

Sumadas las tres vidas alcanzan 150 años. No es extraño, por tanto, que el escritor Kirmen Uribe defina el libro como "el eslabón que faltaba para entender la historia reciente de Euskla Herria. Se lee como una novela", reza en la contraportada del libro editado por Erein. Ramón Sota Llano, Ramón Sota Aburto y Ramón Sota Mac Mahon son los protagonistas que le guían a uno por la historia de este pueblo, intercalándose con figuras tan dispares como Sabino Arana, Miguel de Unamuno, Miguel Primo de Rivera, Francisco Franco o los grandes apellidos de la burguesía vasca con los que la familia Sota trenzó alianzas o libró batallas. Su auge y caída son dignos de conocerse.

¿La Historia ha juzgado con equilibrio estas vidas?

—Es evidente que no. Se cuenta como si la caída fuese un estrago más de la guerra, como la historia de una saga venida a menos cuando los Sota fueron más, mucho más.

¿De donde nació, a su juicio, esa inquina contra la que hubo de luchar Ramón Sota Llano mientras trazaba su camino?

—Se le ha identificado como un chivo expiatorio. Otras familias y no pocos monárquicos le veían como el factor útil del nacionalismo vasco. Si no fuese por él, por sus apoyos, el nacionalismo no hubiese significado nada.

Perdón, fue coetáneo de Sabino Arana...

—Es cierto. Incluso hay que considerar que siendo ocho años mayor le llamó a Sabino Arana para escucharle. Eso es algo extraordinario porque lo habitual es escuchar las voces de los mayores, no de alguien mucho más joven que tú. Sobre todo cuando ya era un empresario de altura.

¿Qué perseguía entonces?

—Ramón era un liberal hasta la médula y defendía los fueros, que les habían arrebatado a finales del siglo XIX. Era liberal pero moderado. Y era también, como tantos de su época, un hombre de orden.

¿De ahí vienen sus contactos con el Estado, incluso con el rey Alfonso XIII?

—No le gusta que el Estado intervenga pero no ocupa su tiempo enfrentándose al Estado.

Pero si habla con ellos...

—Es algo excepcional porque le escuchan. Si bien hay otros que intentan lo mismo, él va hasta el final. Y siempre firme con sus ideas.

Un nacionalismo que no oculta.

—Uno de los pasajes más admirables de su vida es que no se desdice en ningún momento. No comparte la visión teológica de Sabino –"Dios está ahí arriba, demasiado alto para los hombres", llega a decir...– pero no reniega de haber desfilado tras la ikurriña.

Eso ante Alfonso XIII...

—Si nos atenemos a los hechos, el rey trató de acercarse a la burguesía nacionalista vasca.

¿Pero?

—Se encontró con otra burguesía vasca que le señalaba. Ese intento integrador duró muy poco.

¿Qué movía a otras familias que le azuzaron: la ideología o el poder económico?

—Ambas cosas. Había también una descendencia que no congeniaba con la cultura del trabajo de los fundadores y Sota Llano se lo recordaba de palabra y con su ejemplo.

La Primera Guerra Mundial fue, para muchos empresarios, una gran oportunidad de negocio...

—Que no todo el mundo aprovechó, como le digo. Sota sí lo hizo, hasta el punto de conseguir la distinción de Sir, algo que le hacía sentirse orgulloso.

Y que sin embargo...

—... sus enemigos criticaban, diciéndole que no hacía los mismos alardes de su marquesado. Le señalaban como antiespañol.

España esquiva la gran Guerra pero se mete en Cuba o en el Rif...

—Los militares africanistas pierden esas guerras y buscan enemigos internos. Primero es una conspiración internacional y luego el enemigo interno.

Algo que toca de soslayo a Sota Llano y que marca la vida de su primogénito, Sota Aburto.

—A él le toca defender lo creado por la familia y no se va a Biarritz hasta última hora. Pero la amenaza es a muerte. Morirá solo.

Multan a la familia y les expolian.

—Eso es, Sota Llano era impulsivo pero consciente de sus decisiones y muy analítico y detallista, incluido con sus trabajadores. Se guía por el más y mejor de su padre, Alejandro, que ya le había impedido ser marino. Eso no lo llevaron bien otras familias.

¿Y la vida de Ramón Sota Mac Mahon?

—Cree que el apellido te da derechos pero también obligaciones. E incluso viviendo en Estado Unidos se siente obligado a estar a la altura.

"Es extraordinario que Ramón Sota Llano llamase a Sabino Arana para escucharle siendo ocho años mayor"

"Alfonso XIII se acercó a la burguesía nacionalista vasca y vio el reproche de la otra burguesía vasca"


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