Jefe del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital de Cruces

Alberto Martínez Ruiz: "El 25% de pacientes en la UCI tiene ahora ya menos de 45 años"

Preparados para asumir aún más ingresos en los próximos días, las UCI vascas tienen que compatibilizar el cuidado de pacientes covid con los de otras patologías de alto riesgo

18.04.2021 | 01:21
Alberto Martínez Ruiz, Jefe del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital de Cruces.

Más de un año después del mayor cataclismo que ha sacudido el sistema sanitario, el jefe de Anestesia y Reanimación del hospital de Cruces, Alberto Martínez Ruiz, es consciente de que la cuarta ola vuelve a ponerles en jaque. "Y no sabemos por qué una persona de 40 años, sin antecedentes de otras patologías puede morir de coronavirus, y sin embargo, otra de 70, con mucha patología previa, en quince días se va a la planta. Ese es el drama", advierte. Por eso es muy importante que nadie se sienta a salvo. "El covid es letal", proclama el doctor en un intento desesperado de concienciación ciudadana.

Una vez más, las Unidades de Críticos, están llenas. El viernes sumaban 141 pacientes muy graves. No por repetida, la situación deja de ser trágica.

—Es cierto que vamos a más, y que ese incremento está dentro de una tendencia ascendente sostenida. Es decir que no es cuestión de una semana, ni de dos, sino de varias y que en este mes de abril vamos a tener todavía más ingresos en UCI porque hay un decalaje desde que aumentan los contagios entre la población hasta que llegan a las Unidades de Críticos.

¿Están ya a punto de lanzar un SOS? ¿Pueden asumir tanta carga?

—Los pacientes han ido aumentando, pero no tenemos la sensación de avalancha sino de goteo. Está claro que es una tendencia preocupante porque es ascendente pero todavía la podemos gestionar bien. Nuestros cálculos es que en el peor escenario no pasaríamos de un nivel 3, sobre los 5 previstos. En Euskadi, la ocupación es desigual. El 66,7% de los ingresados en UCI son covid en Gipuzkoa, hay un 60% en Araba y un 42% en Bizkaia.

Y tienen que tratar a pacientes covid y al resto de enfermos con patologías que necesitan una asistencia muy especializada.

—Es que esto ocurre en una época en la que la actividad quirúrgica en los hospitales es frenética. Después de Navidades y antes de verano, es uno de los momentos de mayor productividad en los quirófanos. Se están operando los del cáncer, los del corazón, los de vascular, todo ese volumen de pacientes está en máximos. El nivel de ocupación es muy relevante para mantener toda la actividad quirúrgica habitual al máximo. Si pasamos del 65% se tendrían que ir ajustando procedimientos.

¿Cómo se arreglan?

—Con respecto a la tercera ola, la de después de Navidades, parte de las unidades abiertas, están ya cerradas. Es cierto que en Bizkaia, especialmente en Cruces, todavía tenemos un colchón. Y la sensación quizá sea mejor que en Gipuzkoa, o en Araba que sufren una peor situación.

El viernes ingresaron 97 personas en hospitales vascos, pero a principios de semana llegaron a 104 diarios. ¿Cuántos van a necesitar cuidados intensivos?

—El dato de los que necesitarán UCI ronda el 10 ó el 12%. Lo que ocurre es que, además de los que están ingresando en planta, se está viendo que hay mucha gente que llega a la Urgencia porque tiene una PCR positiva y se asusta con algún síntoma, pero desde la propia Urgencia se les manda a casa. Antes, se hacía el diagnóstico cuando el paciente estaba mal e iba al hospital. Ahora se hace el diagnóstico con pacientes con PCR sin síntomas. Incluso muchos ingresan casi preventivamente porque su situación clínica es mucho mejor que las de antes. Y eso facilita que el volumen de rotación sea muy alto, es decir, ingresan muchos y se van muchos.

Un escenario que no tiene nada que ver con el de hace un año.

—Entonces se produjo una avalancha tremenda y los pacientes ingresaban por bloques. Estaban muy mal, según venían, había que intubarles y meterles en la Reanimación o en la UCI y buscar sitios para poderles ventilar. Y nos veíamos desbordados porque no sabíamos lo que pasaba. Ahora la situación ha cambiado. Vienen de manera más escalonada. Actualmente, nuestro reto no es solo el covid, sino el resto de patologías. Queremos mantener toda la actividad quirúrgica sin que se vea afectada por el virus. Por eso es necesario que la gente se conciencie de que su comportamiento social puede poner en peligro la actividad normal de los hospitales.

La consejera Sagardui ha asegurado en el Parlamento que Osakidetza se verá obligada a priorizar si la situación empeora.

—Porque los recursos humanos son los que son. Y si la situación empeora, profesionales que están en quirófano deberán ser destinados a pacientes covid, pero es un panorama que intentamos evitar a toda costa. Trabajamos en red, y si hay hospitales que evolucionan a un escenario más grave, se puede corregir porque se derivarían pacientes a otros centros para que tengan la mejor atención.

¿Cuál es la edad media actual del paciente UCI? Afortunadamente no hay mayores de 80 años gracias a la vacunación.

—La edad media está por debajo de 60. Por encima de 80 no hay porque ninguna persona vacunada está ingresada en una UCI vasca. Ahora es una población más joven. En torno a un 25% tienen menos de 45 años. Y otro aspecto a destacar es que en la actualidad hay tanto hombres como mujeres, en un porcentaje del 60/40. Pero el verdadero problema es que no sabemos por qué unos pacientes evolucionan hacia las puertas del fallecimiento y otros están bien. Es decir, no sabemos por qué un hermano puede ingresar en la UCI y permanecer durante meses con un gran deterioro, y el otro hermano positivo se puede quedar en casa asintomático.

La variante británica ya es predominante. ¿Produce daños y secuelas más graves?

—Nosotros no hemos visto diferencias, ni presenta más complejidad desde el punto de vista clínico. En los pacientes ingresados no hemos visto un comportamiento distinto ni tampoco en la terapia, evolución o pronóstico. Tampoco más necesidad de ingresos que con la variante habitual. Sí hemos comprobado que venían núcleos familiares y que, a veces, caían casi todos. Pero ni siquiera, su evolución era más negativa. De hecho, la mortalidad en la Reanimación ha bajado respecto a la primera ola.

¿Cuánto ha bajado?

—En el hospital de Cruces partíamos del veintitantos por ciento y ahora estamos en el 11%. Otras UCI están ahora en torno al 20% de mortalidad porque antes tenían aproximadamente un 35%. Pero no es solo una cuestión de edad. Porque quizá hay un paciente de 70 años que en dos semanas va a planta, y otro de 30 que permanece cuatro meses. Obedece más a que los diagnósticos son más precoces, a que los pacientes acuden más rápido y a que hemos aprendido a manejar mejor la enfermedad. Cómo utilizar mejor la eparina, en qué momento usar los corticoides, no utilizar determinados antibióticos que antes creíamos adecuados. Pero no hay un tratamiento específico, sino un mejor manejo de los que ya teníamos, mimando más al organismo que necesita un tratamiento de soporte hasta que supere las consecuencias del virus.

En general los pacientes graves están menos tiempo ingresados.

—Si, la estancia media también ha mejorado porque ha bajado. Ahora se sitúa en torno a dos semanas. Hay un subgrupo, cuya enfermedad se complica y que hace que suba porque permanece varios meses.

¿Hay actualmente menos necesidad de intubar?

—En marzo o abril del año pasado era difícil ingresar a un paciente sin que le tuvieras que intubar por el camino. De hecho, antes el 100% de los pacientes de la Unidad de Reanimación estaba intubado, y ahora pueden estar en torno al 60 o el 70%. Necesitamos menos llegar a ese punto de la intubación porque se ha optimizado mucho el tratamiento, pero la enfermedad sigue siendo letal. Hay gente que fallece y además no sabemos porqué.

¿Qué podemos hacer?

—Hay que cumplir las recomendaciones que nos hagan las autoridades sanitarias. El virus no va solo por la calle. El virus lo llevamos las personas, y nos contagiamos a raíz de nuestras relaciones sociales. Tenemos que ser conscientes de que en esos contactos asumimos un riesgo. Son las personas que, aparentemente están sanas, las que lo transmiten. Porque en algunos, el virus no da la cara, no da síntomas, pero en un grupo de pacientes puede provocar la muerte. Hay que hacer un ejercicio de solidaridad. Aunque un chaval joven crea que es inmune, le puede tocar esa lotería y debe proteger a su familia porque puede ser portador del virus.

Usted tiene una confianza total en las vacunas.

—Sí, porque la decisión de las vacunas pasa por un organismo regulador que es la Agencia Europea del Medicamento. Las ha evaluado y ha dicho que se siga vacunando. Cualquier otra decisión parte de criterios no sanitarios. Solo sería prudente suspender Janssen o AstraZeneca si hubiera un elenco de vacunas para elegir pero estamos ante una situación en la que no hay elección. Es más seguro agilizar la vacunación que retrasarla.

Para los próximos días esperan que siga el goteo de pacientes en la UCI pero para junio o julio ¿se ve la luz al final del túnel?

—Tengo el convencimiento de que vamos a tener un verano extraordinario porque habrá una gran franja de población vacunada. Las dosis ya están llegando a la población más vulnerable, y en cuanto alcancen la franja de 50 años, la situación será completamente distinta. Lo que hemos visto es que los vacunados no tienen la enfermedad y empieza a publicarse que parece que tampoco contagian. Vamos hacia un verano fantástico, y es bueno que la gente tenga la expectativa de que los esfuerzos merecerán la pena si somos capaces de controlar la situación otros dos o tres meses más.

"No sabemos por qué un paciente de 70 años en dos semanas se va a planta, y otro de 30 está varios meses"

"Tengo el convencimiento de que tendremos un verano fantástico porque va a haber mucha población vacunada"

"No vemos que con la cepa británica, los pacientes tengan más complicaciones ni peor evolución o pronóstico"


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