La angustia de no saber si a tu madre le duele algo o tiene sed

"Nos deprimía pensar que estaría sufriendo", dice la hija de una enferma de Alzheimer que falleció sin poder hablar

07.02.2021 | 01:06

A la madre de María Ángeles Díaz le diagnosticaron Alzheimer con 54 años. Falleció con 72. Casi dos décadas conviviendo con una enfermedad que terminó por tumbarla en la cama. "La levantábamos y era como un muñeco, se caía para todos los lados. Le dábamos de comer con una jeringuilla", recuerda su hija, que se encargó de atenderla en casa junto a sus tres hermanas. "Entonces no existía ni la Ley de Dependencia. Dejamos de trabajar y la cuidamos 24 horas. La cambiábamos de postura cada hora y a las noches poníamos el despertador dos veces para moverla", relata.

Pese a la ardua tarea, no era dispensarle estos cuidados lo que más les mortificaba. "Los dos últimos años fueron tremendos porque mi madre se pasaba casi todo el día con los ojos cerrados en la cama. No hablaba y lo que más nos angustiaba era no saber si le dolía algo, si estaría sufriendo. Eso nos deprimía muchísimo a las cuatro", confiesa. De hecho, recuerda, "un día le vimos que tenía la cara un poco hinchada. Miramos y tenía un flemón. Tuvo que venir el dentista a sacarle una muela. Pasamos bastantes penurias y sin que ella pudiera decirnos nada", se lamenta María Ángeles, convencida de que a su madre, "que era una persona muy dicharachera, a la que le encantaba viajar y disfrutar, no le habría gustado vivir la última etapa".

Con la duda perenne de "qué le estará pasando por la cabeza", de "si estará bien en esa postura o tendrá sed", María Ángeles, que ha "conocido a gente que tenía escaras hasta en las orejas de estar en la cama", deja constancia de que "eso no es vida" y de que cuidar a una persona en estas condiciones supone "un esfuerzo físico importante y, sobre todo, un gran desgaste emocional".

Por todo ello, esta mujer, que preside la Asociación de familiares de personas con la enfermedad de Alzheimer de Bizkaia, tiene pensado dejar por escrito sus voluntades anticipadas para que no se repita la historia. "Yo no quiero para mí ese deterioro que es vegetativo y así mis hijos no tendrán ningún problema", señala, partidaria de la ley de eutanasia. "Creo que es un avance para que las familias pueden decidir sí o no, y sean más libres", valora. Y para evitar que se sientan "culpables por pensar: Dios mío, ¿cuándo va a acabar todo esto? ¿Cuándo va a terminar?".

MI AMA SIEMPRE PELEÓ POR VIVIR

Iñigo Ajuriagogeaskoa defiende la eutanasia: "Mi ama siempre peleó por vivir, pero llega un día en que todo es sufrir". "Lo siento. Esto va mal y no quiero sufrir más". A Maite Prados le bastó con pronunciar estas palabras la pasada Navidad para que su familia, que lo había dado todo buscando alternativas para curarla, hiciera lo propio con tal de que por fin descansara.