José Luis López Atienza | Psiquiatra y psicoterapeuta

"Al haber un riesgo real, las personas obsesivas acentúan sus rituales"

11.06.2020 | 00:14
José Luis López Atienza

Creen que la pandemia la han causado ellos o acuden una y otra vez al hospital pensando que van a morir. Los pacientes con TOC, fobias o hipocondría han empeorado con esta crisis

Un mundo amenazante y hostil, paisajes fantasmagóricos y un futuro plagado de incertidumbres. El escenario dibujado por la pandemia ha intensificado los miedos de quienes ya convivían con ellos. "Las personas obsesivas e hipocondríacas sienten siempre que les va a pasar algo negativo y todo esto acentúa sus alarmas", explica José Luis López Atienza, psiquiatra y psicoterapeuta del Centro de Salud Mental de Uribe, preocupado por un paciente "que cinco días a la semana va a Urgencias pensando que se va a morir".

¿Cómo afecta la pandemia de coronavirus a las personas con trastorno obsesivo compulsivo?

—Están sufriendo mucho porque no pueden controlar con sus rituales esa situación externa. Son personas sometidas de por sí a una exigencia terrible, con lo cual todo el tema de la distancia, la limpieza, el no poder salir, les supone un añadido. La duda, otra cosa que les angustia, está servida porque no se sabe cómo va a evolucionar esto. El perfeccionismo tampoco lo pueden conseguir porque, con las fases, hay un cambio constante de las indicaciones. Además, se sienten muy culpables e incluso hay algunos pacientes que creen que esto lo han causado ellos por sus pensamientos catastróficos.

Además, esta vez, el riesgo es real.

Hay una amenaza real, su fantasía, que ya de por sí es muy caótica, se multiplica y es difícil decirles: "No exageres, estate tranquilo, estás sobrevalorando la situación".

Algunas personas ya se lavaban compulsivamente las manos y, ahora, encima, se aconseja hacerlo.

—Al haber un riesgo real, las personas obsesivas acentúan mucho más sus rituales e incluso llegan a hacerse verdaderas averías. Además, imponen su manera de hacer en el contexto familiar. Si te lavas las manos, ellos entienden que tienes que lavártelas cada vez que tocas algo, lo que genera conflictividad.

¿Se sienten más 'comprendidos' al extremar todos la higiene?

—Las personas con ciertos rasgos obsesivos están como pez en el agua. Dicen: "¿Ves como hay que hacer lo que yo decía?". Pero en las personas que están más atrapadas por estos trastornos pueden acentuarse hasta aspectos incluso delirantes.

¿Es una pandemia el peor escenario para los hipocondríacos?

—Totalmente. Los hipocondríacos pueden más o menos controlar la somatización, no les lleva tanto a una alarma exagerada y a visitar rápidamente los servicios de Urgencias porque ya saben que eso es una idea que se les impone en la mente. Ahora, sin embargo, como el exterior nos va diciendo a todos que tenemos que tener cuidado y extremar precauciones, se rompe esa especie de autocontrol y tienen que pedir constantemente atención. Este es un escenario terrible para ellos.

Máxime cuando hay síntomas de la infección por coronavirus tan comunes como la tos o la fiebre.

—Algunos síntomas son muy inespecíficos y los causan también otras patologías, incluida la mental. La angustia genera también estos estados, incluso depresiones. Bajo esos efectos no es raro que se sientan contaminados y acudan al hospital. Tenemos varios pacientes que nos están preocupando porque están casi colapsando los servicios de Urgencias. Les han hecho test y no tienen nada, pero se sienten amenazados, no se fían y vuelven a acudir.

Tras varias visitas, detectarán que su problema no es físico, ¿no?

—Se tiene en cuenta, pero son pacientes que están tan asustados que presionan mucho y no es fácil contenerlos. Además, muchos amenazan con denunciar: "Si no me atiendes lo voy a poner en conocimiento de€". Los profesionales estamos un poco en el aire y la mente tiene mucho poder y, a veces, crea síntomas donde no los hay.

¿Cómo se han enfrentado las personas que padecen agorafobia al fin del confinamiento?

—A las personas que tienen temor a los espacios abiertos no les ha venido mal justificar que se tenían que quedar en casa. Después les ha costado volver a confrontarse con esa situación porque el exterior en estos momentos es más amenazante. Bilbao ha sido una ciudad fantasma que impresionaba, así que, cuando han tenido que salir por alguna circunstancia, les ha sido muy difícil.

Y las personas con claustrofobia ¿qué tal han llevado el encierro?

—Bastante mal. Las personas con claustrofobia intentan evitar espacios cerrados, pero también relaciones que les asfixian, que no les dan espacio personal, y este confinamiento ha tenido mucho de esto. La situación para estas personas es muy difícil, lo pasan mal y surgen muchos conflictos en las relaciones.

¿Ha habido recaídas, en general, entre este tipo de pacientes?

—Sí, el problema es que suelen requerir una atención presencial con cierta frecuencia. Lo telefónico no les sirve. Es un momento regresivo y necesitan que les toquen, les miren o les ausculten para quedarse tranquilos. Hemos tenido que reducir muchos recursos presenciales por las limitaciones existentes y hay una preocupación importante por el agravamiento de varios pacientes. Incluso algunos están empezando a caer en esa situación depresiva que temen tanto y que es reactiva al momento presente, porque todos estamos con temor, aunque ellos la vinculan con sus carencias.

¿Han 'brotado' nuevos casos en estas especiales circunstancias?

—Sí que han aparecido. Hay personas que tienen algunos rasgos obsesivos o controladores y se ha visto que la base en su personalidad no estaba muy estructurada ni era tan fuerte como ellos pensaban. Las defensas de ese carácter se han roto y se ha agudizado esta sintomatología, pero sobre todo lo que aparece mucho son los conflictos relacionales, porque son personas que se sostienen mal por sí mismas, crean un ambiente y un clima muy tremebundo, muy fatídico, con mucho miedo y, como quieren controlarlo todo, aparecen aspectos incluso de violencia, de enfado y crispación. Lo que más estamos viendo son conflictos en las relaciones familiares y de pareja. Después de esta pandemia los juzgados tendrán muchas reclamaciones de separaciones.

"Están sometidas de por sí a una exigencia terrible y la distancia, la limpieza, el no salir, les supone un añadido"

"Hay una amenaza real, su fantasía se multiplica y es difícil decirles: No exageres, estate tranquilo"

"Vemos muchos conflictos en las relaciones de pareja. Después de esta pandemia, habrá muchas separaciones"