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Un sábado que parecía agosto con las calles vacías

15.03.2020 | 01:15

Las calles de la villa presentaron ayer un aspecto desértico en un día que parecía verano. Los locales hosteleros y pequeños comercios echaron el cierre para frenar el virus

LAS doce del mediodía. La Gran Vía bilbaina contó ayer con un aspecto poco habitual de un sábado invernal cualquiera, donde además el sol invitó a echarse a la calle. Más bien parecía un fin de semana de agosto donde el tráfico y la avalancha de gente brillaba por su ausencia. Sin duda, estos fueron los primeros síntomas de las medidas implantadas para frenar la propagación del Covid-19. "Tenemos que tomarnos muy en serio las nuevas normas porque está en juego la vida de muchas personas", dijo Malena Rodríguez, una de las pocas bilbainas que ayer paseaba con compras en la calle principal, y centro comercial, de la capital vizcaina.

El Corte Inglés y el resto de comercios de la villa echaron la noche del viernes la persiana hasta nuevo aviso, al igual que lo hicieron ayer los locales hosteleros cuando salió el último comunicado del Lehendakari, Iñigo Urkullu. "Estábamos a la espera de que hubiese un aviso oficial. Sabíamos lo que iba a pasar desde hace un mes porque desde entonces hemos hecho muy poca caja", afirmó Juanita Restrepo, responsable del bar La Gilda, ubicado en la calle Ledesma, una de las zonas más demandadas por los bilbainos para potear, y donde ayer lo único que podía verse en esta vía era una gran cantidad de mesas y sillas vacías. Un hecho que todavía cuesta creer a quienes trabajan en la zona. "Nunca había visto un viernes a las 22.30 horas cerrar todos los bares, no nos lo creemos", relató Restrepo que teme por los puestos de trabajo. "Están echando a mucha gente porque es lo más rentable para los dueños", apuntó.

A tan solo un paso, el bar Atseden vivía la misma incertidumbre dos horas antes de la noticia que llevaban días esperando. "Lo mejor es cerrar porque tenemos que ser conscientes de que esto es una pandemia, que hay que superar de alguna manera y que nos tenemos que quedar en casa", aseguró Begoña que se encontraba al frente del local.

Aunque esta nueva medida ha entrado hoy en vigor, muchos se adelantaron ayer para poner fin cuanto antes a este virus que mantendrá en casa a Euskadi durante al menos quince días. El restaurante Ein Prosit regentado por los hermanos Thate en la Plaza Zabalgune, y Basquery, en Ibañez de Bilbao, ambos con establecimientos propios, han "percibido el bajón del bar" y el aumento de la venta de alimentos en sus respectivas tiendas de alimentación. "A nuestros clientes les aconsejamos que lleven todo al vacío, así les dura más y les decimos que estén tranquilos porque no hará falta comida", apuntó Enrique Thate quién se mostró preocupado ante esta situación: "Esperemos que dure poco".

Por otro lado, desde el Basquery, recomiendan también que se lleven las cantidades de pan que vayan a consumir. "Hemos decidido introducir el Take Away para que los clientes sigan degustando nuestros productos, pero fuera de nuestro local", explicaron.

La locura en el supermercado Si los viales de Bilbao estaban casi desiertos, los supermercados continuaban congregando a una multitud de personas para hacerse con artículos de primera necesidad, entre ellos, el producto estrella de esta crisis, el papel higiénico que seguía brillando por su ausencia en, al menos, cuatro establecimientos de la ciudad. "Esta mañana han venido solo diez paquetes y han durado muy poco porque la gente los compra de forma compulsiva", contó una dependienta de Mercadona quién confesó sentirse agotada después de tantos días de ajetreo. "No faltará de nada, pero hay que comprar como se hace de manera habitual para que otros no se queden sin nada. Si no tendrán que venir a primera hora", asesoró.

Las estanterías continuaban vacías a pesar de los mensajes de tranquilidad que se transmiten a través de redes sociales o medios de comunicación. "Se está creando mucha alarma. A nosotros solo nos han dicho que se abrirá el supermercado y la parafarmacia. Ni siquiera nos han dicho cuándo se abrirán todas las plantas", dijo preocupada una dependienta de los grandes almacenes que ve cómo "arrasan con todo como si esto fuese la guerra".

Eso sí, las medidas de un metro y medio de separación entre una persona y otra se respetaron en los supermercados y pequeños locales, que esperan poner punto y final a esta pandemia cuanto antes.

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