El preludio al cierre total

14.03.2020 | 08:53
La Plaza Nueva lució ayer con todas las terrazas de los negocios hosteleros prácticamente vacías.

Los ciudadanos de Bilbao y los propietarios de los negocios, resignados, esperan que la administración paralice la actividad del sector terciario cuanto antes para superar la crisis sanitaria que condiciona su día a día

El metro de Bilbao discurría ayer con aparente calma, pero nadie quería pulsar el botón de salida para evitar tocarlo. La incertidumbre, y el consecuente temor que genera, se han colado en el día a día de los bilbainos que viven atenazados a las noticias de última hora para informarse de las restricciones que condicionarán sus movimientos. La mayoría, sumida en la resignación, considera que cuando antes se paralice la actividad de todo el sector terciario antes se podrá volver a la normalidad. Mientras tanto, propietarios de negocios afectados por la crisis sanitaria adoptan medidas de motu proprio aunque esperan que se decrete el cierre total más pronto que tarde.

Las aulas ayer estuvieron vacías de escolares y las calles, también. Mercedes Ibáñez, una alumna de Ikasbide, colgaba del brazo de su padre mientras este hacía una serie de trámites. "Hoy me ha tocado a mí, soy autónomo y me puedo organizar", revelaba, Óscar Ibáñez, que en los próximos días se coordinará con su mujer. "Nos van a mandar los deberes por la plataforma del colegio", expuso sobre cómo podrá seguir la niña con sus estudios. En ese sentido, Cristina, vecina de Uribarri, señalaba que en su casa habían adoptado una serie de reglas: "Por la mañana vamos a trabajar desde casa y por la tarde tocará ocio, alguna película o jugar a la consola", indicaba mirando a su hijo Martín, que estudia Cuarto de Primaria en el colegio Tiboli. La crisis sanitaria ha afectado de pleno a esta madre: "Trabajo en un comedor escolar y la empresa, que está desbordada, ha aplicado un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). No sabemos hasta cuándo".

A pocos metros de distancia, un trabajador de la ONCE con mascarilla incluida despachaba cupones en su puesto de venta. Este es solo un ejemplo del temor palpable en las calles donde se respiraba una falsa tranquilidad. "Reunidos y charlando" esperaban a los clientes algunos taxistas frente al ayuntamiento. "He decido que la semana que viene no voy a trabajar, me toca ir al aeropuerto y no me quiero arriesgar", comentó Juan Antonio Díaz, quien evidenció que trabajan en sitios cerrados, donde no pueden mantener la distancia de seguridad. Aunque llevan días adoptando una serie de medidas, como "desinfectar el coche varias veces al día", en vista de cómo está afectando la crisis sanitaria a la movilidad de la población, y su consecuente repercusión en el negocio, esperan que se adopten medidas más severas. "Deberían cerrarlo todo ya", indicó.

"Sentimos que las medidas vienen tarde y mal", aseveraba una farmacéutica de la farmacia Plaza Nueva, que desde hace días ha dispuesto un cordón de seguridad para que la clientela no se acerque a menos de un metro de distancia del mostrador. "Las farmacias llevamos sin mascarillas desde mediados de enero, cuando comenzaron a llegar los turistas chinos por el año nuevo chino", evidenció esta farmacéutica que prefiere no identificarse, y que denuncia que se hace un mal uso de las mascarillas. "Solo deberían usarlas las personas con síntomas que no están recluidas", afirmó. En cinco minutos, cuatro personas entraron al establecimiento para comprar gel desinfectante. La respuesta es la misma para todos: "No nos queda, quizás tengamos mañana. Los fabricantes están a tope".

Entre los negocios más golpeados por la situación que recomienda el confinamiento voluntario, la hostelería está en el top cinco. "Estamos esperando a que se dé la orden de clausura", indicaba Aitor Aguinaga, encargado del café Bar Bilbao, mientras la Plaza Nueva y sus terrazas lucían prácticamente vacías. "Hoy hemos atendido a una pareja británica", reveló como algo anecdótico frente a una barra llena de pintxos intactos y cubiertos por papel de film. "Si van a cerrar adelantamos las vacaciones. El caso es que hagan algo que sea continuo para que el impacto sea más leve", añadió. Según un comunicado de la Asociación de Hostelería de Bizkaia, un 30,2% de los establecimientos sitúa el impacto en más de un 40% de pérdidas. Por ello, muchos locales decidieron ayer cerrar la persiana indefinidamente, como La Viña del Ensanche.

Igual que en los hoteles de la villa, en los restaurantes las cancelaciones se suceden. "Nadie quiere mojarse y tomar medidas drásticas", evidenciaba ayer Mustafa Ziani, propietario de los locales Amarena, Gorbea y Zeruan, ubicados en el Casco Viejo. "Estamos abiertos, pero para cumplir un horario, esperando la orden de cierre", explicó mientras una de las empleadas atendía una llamada para cancelar una mesa de 30 personas para el 3 de abril.

No son los únicos negocios sensibles a la crisis sanitaria. En las agencias de viajes la incertidumbre hace inviable dar una respuesta a los clientes. "La gente quiere saber qué va a pasar con sus vuelos, pero la comunicación que dan las aerolíneas es nula", lamentaba Koldo Tapia, director de Ikea Bidaiak, quien recomienda a los clientes "no precipitarse en cancelar un viaje en mayo". La inactividad también es la tónica general en los salones de uñas que habitualmente están abarrotados. "Nos han cancelado todas las citas de la tarde, y eso que tomamos unas medidas de higiene escrupulosas", indicó Estefani Vargas, empleada de Lujo en tus manos.

noticias de deia