Un paso al frente: lo que va de tener iniciativa a no tenerla
Hay quienes se tiran a la piscina sin comprobar siquiera si hay agua... y quienes amagan una y otra vez con saltar y no acaban de hacerlo. No es lo que primero sea lo ideal, pero lo segundo suele conducir a la frustración. ¿Mejor arrepentirse de lo hecho o de lo que se ha dejado de hacer?
J.V.- Hablábamos la semana pasada del instinto gregario. Los rebaños no son el mejor lugar para que florezca la iniciativa personal.
I.Q.- Pues no, no lo son. Sin embargo, que no sean el mejor lugar no quiere decir que nunca se pueda dar el caso de que en un rebaño haya alguien que aproveche una oportunidad y acabe destacando por sus propuestas. Como decíamos la semana pasada, a veces, el rebaño es un refugio transitorio para personas con habilidades suficientes como para hacer propuestas interesantes. El aprendizaje es algo que siempre nos pone en situaciones mejores.
J.V.- Lo difícil es establecer si fue antes el huevo o la gallina. Es decir, si nos refugiamos en el rebaño porque no tenemos iniciativa o si acabamos no teniendo iniciativa porque nos hemos dejado llevar por la manada.
I.Q.- Ya sabes que lo que destaca del trato con personas es la variabilidad y aquí se dan tantas combinaciones posibles como individuos. Hay personas que se dejan seducir por el rebaño y acaban perdiendo una habilidad y hay otras que dan lo mejor de sí mismas protegidas por un grupo estable. Hay otras que son a las que hacía referencia Brecht y que definía como las imprescindibles. Aquí pasa como en cualquier otro ámbito de la vida: ejercitar unas funciones permite desarrollarlas de la misma manera que desarrollamos una musculatura si la sometemos a un entrenamiento? O desarrollamos una atrofia de un grupo muscular si no lo ejercitamos.
J.V.- No todos tenemos el mismo nivel de iniciativa. Los hay lanzadísimos y retraidísimos. Entre ambos extremos, supongo, todos los demás.
I.Q.- Ya te decía en la pregunta anterior que la variabilidad rige en los seres humanos y efectivamente, entre los extremos más distantes hay muchas otras personas con otros matices. Luego, entre los lanzadísimos los hay muy insensatos e impulsivos y los hay que calculan mejor los riesgos y pueden explicar lo que plantean y los resultados que obtienen. Y entre los retraídos, los hay simplemente prudentes y también muy miedosos de hacer algo.
J.V.- Siempre te pregunto lo mismo: ¿Es una característica que nos viene de serie o la vamos adquiriendo/perdiendo con la experiencia?
I.Q.- Es que es una pregunta obligada y que a mí me la repiten muchas veces en mi trabajo. La respuesta es que hay una parte que está ligada a la herencia y que es con la que nacemos, y otra adquirida sobre esa información primaria. Esta última parte se puede modificar con el tiempo y con los refuerzos. Si estos son positivos, se reforzará esta tendencia a tener iniciativa; si por el contrario, los refuerzos son negativos, alguien que era innovador y proactivo se convierte en alguien dubitativo y que pasa a un segundo plano.
J.V.- En esos manuales vendepeines
I.Q.- Las iniciativas que triunfan son aquellas que, además de bien pensadas y de calidad, son oportunas. La mejor idea se queda en nada si se presenta en el lugar o momento inadecuados. Luego hay iniciativas que no alcanzan el éxito pero que permiten andar un camino en busca de una propuesta válida. A veces nos cegamos con ser los que damos con el resultado final e ignoramos a otros que, habiendo tenido iniciativas que no han dado resultados definitivos, han sido imprescindibles a la hora de hacer el camino a ese resultado final.
J.V.- De lo anterior deducimos algo que hemos señalado muchas veces: hay que trazarse objetivos realistas.
I.Q.- Sí. No debemos malgastar nuestra energía en objetivos imposibles y con ello quiero decir que muchas veces, repito, el objetivo realista consiste en saber que nosotros no somos los que vamos a llegar al final y que vamos a ser intermediarios. Unos intermediarios que no saldrán en la foto, pero que habrán sido muy importantes.
J.V.- Y si no sale como esperábamos o como queríamos, procede un replanteamiento y volver a intentarlo.
I.Q.- Personalmente creo que esa es una actitud obligada en cualquier caso. No hay nada tan perfecto, que no se pueda mejorar, y mantener la iniciativa es también revisar lo que ya funciona muy bien para actualizarlo y mejorarlo con pequeños cambios. Los tiempos cambian y hasta las mejores herramientas se tienen que adaptar a esos cambios. Ya sabes lo que le pasa al camarón que se duerme...
J.V.- Pero si una y otra vez nos estrellamos... ¿Qué hacemos?
I.Q.- No rendirnos, que como decía Benedetti, "siempre estamos a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, de aceptar las sombras y enterrar los miedos". Si revisamos lo que hacemos y obramos con interés, será muy difícil que el resultado siempre esté lejos de nuestras expectativas. Y si así fuere, hay que revisar nuestro sistema de medida porque no está bien calibrado.
J.V.- Eso sí, si ya de partida piensas que algo va a salir mal, tienes muchos boletos para que sea así.
I.Q.- Estoy de acuerdo. Cuando partes hacia una meta sin motivación y sin ilusión, cualquier contratiempo, por leve y superable que sea, te va a inducir el miedo y te va a acercar al abandono. En esto se da eso que tú sueles describir como profecías autocumplidas. Hay que salir con la curiosidad necesaria para aprender a dar respuesta a los problemas. Todo problema tiene solución si se enuncia de la manera correcta y eso depende de nosotros casi siempre.
J.V.- ¿Se valora socialmente la iniciativa tanto como se dice? ¿No reciben mejor trato y consideración los que hacen lo que se les dice y como se les dice?
I.Q.- Algo hablábamos de esto la semana pasada. Hay personas a las que se les estimula la iniciativa hasta que se les exprime todo lo que llevan dentro. Durante el tiempo que dan dividendos, son muy apreciados, pero cuando se convierten en una amenaza, reciben peor trato y se les anima a ser del montón. También los hay gregarios perpetuos y suelen ser apreciados por no dar problemas.
J.V.- ¿Cómo educamos a nuestros hijos para que tengan iniciativa en la vida?
I.Q.- Transmitiéndoles confianza. Acogiéndoles cuando se equivocan y recordándoles que no se puede tener el objetivo de no equivocarse, y que lo deseable es reconocer lo que hay de mejorable en lo que hacemos. Hay madres y padres que trabajan con esmero en impedir que sus hijos se equivoquen y no se dan cuenta de que en la mayoría de los casos inducen al inmovilismo como forma de protegerse del error, ignorando que se cometen muchos errores por omisión. Con una particularidad, que estos no suelen tener remedio porque no se ha hecho nada que se pueda corregir, sólo la metodología empleada: el inmovilismo.
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