Historias de los vascos

Ángel García Hernández, el alavés que gritó el primer '¡Viva la República!'

Este lunes se cumplen nueve décadas desde que Alfonso XIII y Franco mandaron fusilar al militar gasteiztarra Ángel García Hernández por proclamar la república en Jaca cuatro meses antes que en Eibar

13.12.2020 | 01:07
Ilustración en la que se ve a los dos iconos republicanos de la época.

el primer ¡Viva la República! no se gritó en Eibar el 14 de abril de 1931. "Lo gritó un gasteiztarra de 30 años el 12 de diciembre de 1930", enfatiza con orgullo Josemari Palacio, miembro del Ateneo Republicano Eraiki Araba. Aconteció cuatro meses antes en un episodio histórico conocido como la Sublevación de Jaca. Esta semana se cumplen redondos 90 años. De hecho, el grito y la proclamación le costaron como a su compañero Fermín Galán la muerte. Ambos fueron fusilados tras un consejo de guerra exprés y sin posibilidad de defensa el domingo 14 de diciembre. Sin embargo, fueron la mecha que encendió la próxima república.

Frente a militares monárquicos, allí estuvieron ellos, militares republicanos. Y su gesta y triste final se recuerdan estos días en la capital alavesa y en la población oscense. Reivindican su figura, la de Miguel Ángel García Hernández (Gasteiz, 1900 – Huesca, 1930).

El castrense era capitán en servicio al mando de la compañía de ametralladoras del regimiento de infantería Galicia nº 19, con guarnición en Jaca. Este vasco se sumó a la sublevación impulsada por su compañero antimonárquico Fermín Galán el 12 de diciembre de 1930. Ambos, junto a otros 198 hombres –la mayoría vascos–, proclamaron la república e, incluso, antes de tratar no luchar y negociar, la bandera española tricolor ondeó en la balconada de la casa consistorial de Jaca. La tejió un sastre llamado Juan Bordeas tras solicitarle tal empresa el capitán Fermín Galán. Permaneció al viento durante el día del sábado y unas horas del domingo. A continuación, llegaron los militares del rey borbón Alfonso XIII a abortar tal atrevimiento.

García Hernández se acercó a parlamentar portando una bandera blanca de paz hacia las tropas gubernamentales que habían sido enviadas para reprimir la rebelión, pero fue detenido. En un consejo de guerra sumarísimo, realizado el 14 de diciembre, fue condenado a muerte y fusilado, en compañía de Galán, en Huesca. Sus muertes se convirtieron en símbolo del martirologio de una generación que luchaba por la caída de la monarquía y la proclamación de la forma de gobierno republicana, que llegó cuatro meses después de su asesinato y cuyo régimen y periodo se conoció como Segunda República.

En su represión participaron dos figuras terroristas que con los años serían funestas tanto para el devenir de Euskadi como para el del Estado español: los golpistas en ciernes Emilio Mola y Francisco Franco. De hecho, este último estuvo presente en la farsa de consejo de guerra oficiado en Huesca, ya que era en aquel tiempo director de la academia militar de Zaragoza, "donde curiosamente juró fidelidad a la República". En aquel momento, se hizo pública una frase que aún pone los pelos de punta: "Señores, tenemos orden de prevaricar dictando una sentencia injusta", como aporta a DEIA el abogado laboralista jubilado Ildefonso Sáenz Tabueña, autor del libro Ángel García Hernández, un alavés para la historia, que el ateneo citado tiene pensado reeditar mejorando la primera edición.

Este gasteiztarra conoció la figura de García Hernández a través del testimonio de su suegro Bartolomé Mendizabal, de Beasain, y que formó parte de los soldados que siguieron a los sublevados. "Él me contó que la mayoría eran vascos y que, curiosamente, algunos salvaron su vida porque no sabían castellano y no entendían lo que les estaban ordenando en el juicio. No cumplieron lo mandado y permanecieron con vida", apostilla Sáenz Tabueña desde Jaca.

A aquellos antimonárquicos "les hicieron la vida horrorosa". Fueron reenganchados al servicio militar y tuvieron que cumplir seis años en Marruecos. Aun así, soñaron un futuro republicano que llegaría meses después. A juicio de Sáenz Tabueña, el comportamiento del rey Alfonso XIII fue "bajo y rastrero porque el objetivo era que no hubiera derramamiento de sangre".

El investigador Josemari Palacio opina del mismo modo. "Alfonso XIII fusiló a los dos capitanes sublevados a las dos del mediodía. Y no contento con eso, buscando el plebiscito popular que le reafirmara en el poder, llamó a unas elecciones municipales para el 12 de abril del año siguiente. Y calculó mal, porque estas muertes sumarias fortalecieron en el pueblo las ansias de libertad y justicia que proclamaron la Segunda República".

un desconocido

A juicio de este miembro del Ateneo Republicano Eraiki Araba, con las actividades que ayer sábado llevaron a cabo pretenden dar a conocer el origen gasteiztarra de Ángel García Hernández, así como "la motivación ética y republicana de su revuelta, bastante desconocida y totalmente contraria a la asonada monárquica, fascista, como la que hemos conocido". Sáenz Tabueña le escuda: "García Hernández es una figura histórica nacida en Vitoria y es casi desconocido incluso en la propia ciudad".

Y Palacio continúa poniendo en valor a quienes llevaron a cabo la gesta hace noventa años. "Reavivamos el compromiso de dos personas que, frente a un régimen despótico, se emplearon hasta las últimas consecuencias en implantar una república que hiciera valer los principios de libertad, igualdad y fraternidad, en rescate al pueblo explotado, pobre, analfabeto, excluido". Quizás gracias a todo ello, el 14 de abril de 1931 retomaron aquel primer ¡Viva la República!, esta vez, en la plaza consistorial de Eibar y también clamado a los cuatro vientos por vascos.

Franco estuvo presente en la farsa de consejo de guerra en Huesca porque era el director de la academia militar de Zaragoza

Las muertes sumarias fortalecieron en el pueblo las ansias por proclamar la República y se reivindica lo que supuso el acto de García


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