El lehendakari pide que se sustituya la monarquía hereditaria por una votación

Urkullu solicita que se "republicanice", rinda cuentas, no esté por encima de la ley y se revise su control del Ejército

03.10.2020 | 01:06
Felipe VI. Foto: Efe

Bilbao – El lehendakari nunca ha manifestado un cierre de filas a favor de la monarquía española, y en alguna ocasión se ha declarado republicano. Pero se ha guiado por la cortesía institucional y ha evitado tener un desplante con el rey español en sus visitas institucionales a Euskadi, donde siempre ha primado el respeto. No obstante, en los últimos años se ha larvado en el PNV una preocupación cada vez más patente por las informaciones que apuntaban a un comportamiento poco ejemplar del rey emérito Juan Carlos I, y de su yerno Iñaki Urdangarin en los negocios de Nóos o, incluso, por la ausencia de un arbitraje o labor de moderación de Felipe VI en momentos críticos de la política española que hacían cuestionarse la utilidad de esta figura institucional, como sucedió con su controvertido mensaje tras las cargas contra el referéndum catalán. En un momento en que la crisis de imagen de la monarquía parece ya insostenible, el lehendakari ha dado un paso al frente para solicitar que la jefatura del Estado se "republicanice", se modernice y sea transparente.

El anuncio lo realizó ayer en el pleno del Parlamento Vasco sin mayor detalle, pero fuentes de su entorno lo desarrollaron en torno a cuatro ejes, entre los que destaca la necesidad de que la jefatura del Estado sea sometida a una "ratificación por periodos generacionales", es decir, que se sustituya su carácter hereditario por una ratificación para que responda a la voluntad ciudadana.

No concretaron más allá de las palabras del lehendakari ni hablaron expresamente de una consulta, pero solo podría consistir en una votación ciudadana (o parlamentaria) para que el traspaso de poderes no se limite a un concepto tan arcaico como el derecho sanguíneo y la herencia pura y dura, sino que los ciudadanos puedan dar su aprobación al jefe de Estado o haya algún refrendo. El rey Juan Carlos I abdicó en medio de una crisis reputacional para ceder el cargo a su hijo Felipe VI. Ahora se especula con un traspaso acelerado a Leonor para superar una crisis de imagen que no ha podido mitigar la salida del rey emérito del Estado español en mitad de las investigaciones de la Fiscalía sobre sus negocios.

RENOVARSE O MORIR

Los cuatro ejes que plantea Urkullu supondrían despojar a la monarquía de sus principales privilegios: la inviolabilidad en los tribunales, la opacidad sobre sus cuentas o su gestión, el carácter hereditario y el mando sobre el Ejército. En concreto, según esas fuentes, Urkullu plantea que "en un sistema democrático nadie debe estar por encima de las leyes que afectan al resto de ciudadanos" (el rey emérito está siendo investigado por la Fiscalía pero no puede ser juzgado por actos anteriores a su abdicación), "que se garantice la transparencia y rendición de cuentas públicas" (todas las comparecencias en el Congreso de los Diputados o las comisiones de investigación se vetan porque no se puede fiscalizar a la Corona), "que la jefatura de Estado sea sometida a ratificación por periodos generacionales" (la monarquía es hereditaria) y que su mando de los ejércitos "sea sometido a la representación institucional surgida de la voluntad ciudadana".

Polémica 

Se trata de que la jefatura del Estado se corresponda en mayor medida con la voluntad ciudadana. El planteamiento, sin llegar a pedir una república, se acerca más en la práctica a esa fórmula. Y votar al rey sería todo un hito. En el caso vasco, hay un pecado de origen: al rey Juan Carlos I lo ungió el dictador Franco, y ese lastre sigue complicando que una parte importante de la población legitime la institución.

Las declaraciones del lehendakari llegan en una crisis sin precedentes para la imagen de la monarquía, acuciada por las investigaciones de la Fiscalía sobre los negocios del emérito, y ahora incómoda por el rifirrafe entre el Gobierno español, Felipe VI y el poder judicial tras la ausencia del rey en un acto en Barcelona para la toma de despachos de los jueces. El PNV ha criticado el extraño episodio de Barcelona, que nadie llega a explicar con nitidez.

Sea por la tradición pactista foral con la Corona española o por pura cortesía institucional, el lehendakari se había mordido hasta ahora la lengua con la monarquía, más allá de alguna reflexión republicana durante el estallido del caso Nóos. Ayer tuvo ocasión de retomar el debate por una pregunta parlamentaria de Vox. Amaia Martínez sorprendió haciendo girar su interpelación en una cuestión no centrada en Euskadi, sino en los "ataques a la Corona". El lehendakari quiso en primer lugar poner pie en pared ante Vox y avisar al partido de ultraderecha de que es precisamente esa formación la que "cuestiona permanentemente las instituciones democráticas y el autogobierno vasco". "No oculta su añoranza de sistemas predemocráticos", dijo. A partir de ahí, deslizó su apuesta por "republicanizar" la monarquía para dotarla de una "mayor transparencia, apertura, modernización y legitimación social".

El lehendakari nunca antes había lanzado una propuesta tan detallada, aunque sí se había declarado republicano y había señalado que la monarquía no es el modelo más representativo en una democracia.