Pedro Barrondo Garay Fundador de Kaiku, católico, abertzale y gudari

Pedro Barrondo fue fusilado tras dos juicios en los que la justicia franquista le condenó por rebelión; un artículo suyo en 'Aberri' en 1924 en el que criticaba la guerra de Marruecos pudo marcar la diferencia con otros compañeros de batallón

01.05.2021 | 01:06
Pedro Barrondo, el cuarto por la izquierda, con sus padres y hermanos.

En la casa de Arantza se guardan cuidadosamente los efectos personales de su abuelo, Pedro Barrondo Garay, trabajador, devoto católico, miembro de la Junta de Defensa de la República de Erandio, secretario de Acción Nacionalista Vasca en la misma localidad, fundador de Kaiku y gudari. Un anillo, fotografías y un vaso de metal con un escudo de Euzkadi y un lauburu que grabó durante su paso por el penal cántabro de El Dueso.

Sus efectos personales llevan en la familia desde el 17 de diciembre de 1937, fecha en la que su hermana acudió, como hacía diariamente, a la prisión de Larrinaga, en Bilbao, a donde había sido trasladado Barrondo, para llevarle la comida. Le dijeron que se diese la vuelta y le entregaron varias cartas y efectos personales. Aquella madrugada, Pedro Barrondo había sido fusilado. En ausencia de cuerpo y sepultura, las fotografías y objetos de Pedro Barrondo mantuvieron presente su recuerdo. Las penurias de la familia no terminaron con su muerte. Su madre, mujer e hijos, exiliados en Francia, se enteraron de su muerte por unos listados en los que aparecía escrito el nombre de los fusilados. Poco después de conocer la noticia, su mujer entró en estado de enfermedad y murió en Francia, en el hospital. La enterraron en Donibane-Garazi y sus hijos volvieron junto con la abuela a Bizkaia, porque había estallado la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de haber sido una personalidad influyente en la vida cultural del Sestao de principios de siglo, de Pedro Barrondo solo podemos encontrar en la web una escueta reseña en Wikipedia y la mención de su nombre en la página oficial de Kaiku, club del que fue fundador y primer presidente. Es cierto que, en 1969, poco antes de la muerte de Franco, el programa de fiestas del barrio sestaoarra de Simondrogas, recordaba a Pedro Barrondo como un joven honrado, culto y pletórico de salud, que, en su afán de orientar a la juventud del barrio hacia rumbos de vida sana y fuerte, había tenido la feliz idea de reunirla bajo los auspicios de la Sociedad Deportiva Kaiku. Sin hacer ninguna referencia a la represión de la que fue víctima, un texto en nombre de la comisión de fiestas decía honrar su memoria dedicándole un lugar de honor en las fiestas de 1969.

Tras la muerte de Franco y la entrada en democracia, su figura, conservada en fotografías antiguas y relatos familiares, no se restituyó. Como en tantos otros casos permaneció relegada al entorno familiar. Sin embargo, su actividad cultural y política, su militancia y compromiso con Euskadi y con la República, y la suma de acontecimientos aislados que le llevaron ante el pelotón de fusilamiento, dejaron un rastro de procesos judiciales, informes y cartas que he podido contrastar con el relato de la familia.

A Pedro Barrondo se le abrieron no uno, sino dos juicios sumarísimos. Un primer juicio, en el que fue condenado a muerte, en Santoña. El segundo, que se inició por error, tuvo lugar en Bilbao, y se cerró con la notificación de su defunción, ya que Barrondo ya había sido fusilado.


Pedro Barrondo, con su mujer, Mari Berezibar, su madre y sus hijos, de excursión en Butrón.
 

Una conmutación que no llegó 

Lo trágico de su final es que ni él ni la familia pensaban que la condena a muerte iba a ser efectiva. Según el testimonio de la nieta del fallecido, su madre, Gorane Barrondo Berezibar, hija de Pedro Barrondo y Mari Berezibar, relataba que ni su abuelo ni la familia pensaban que sería condenado a muerte y siempre albergaron la esperanza de conseguir la conmutación de la pena. Los informes en torno a su conducta eran favorables e incluso estaba dibujando en la cárcel los planos de un caserío que quería construir para él y su familia. Sus planes de futuro se vieron truncados a los 36 años de edad.

Pedro Barrondo había formado parte durante la Guerra Civil del Batallón Azkatasuna u Octavo de Ingenieros, perteneciente a ANV e integrado dentro de Euzko Gudarostea, que agrupaba a las milicias nacionalistas, compuestas por 28 batallones, entre ellos los cuatro batallones de gudaris de ANV. La represión, una vez que el batallón de ANV desapareció en Santoña al entregarse a las tropas italianas, alcanzó a todos los mandos del batallón. Pedro Barrondo había sido nombrado comisario político hacía unas semanas, según su propia declaración en el juicio, después de que los verdaderos altos mandos huyesen para entregarse a los italianos en Barakaldo.

Se le juzgó y condenó por delitos de rebelión junto a otros 23 prisioneros. Aunque la plana mayor del batallón fue condenada a muerte, sus compañeros de armas fueron indultados y solamente condenados a prisión. Solo Pedro Barrondo y un sargento del que se desconoce la identidad fueron fusilados. ¿Por qué no fue indultado Pedro Barrondo?

Para entender el porqué de su condena debemos retrotraernos a 1924, cuando un año después de fundar la Sociedad Deportiva Kaiku, se le abrió un proceso judicial por "injurias a la patria". Un joven Barrondo de 24 años publicó un artículo en el periódico nacionalista Aberri en el que criticaba con dureza la actuación española en la Guerra de Marruecos. Denunció el drama que suponía la muerte de jóvenes vascos, obligados a abandonar sus caseríos para morir en una tierra extranjera por una patria que no era la suya. También hermanaba al pueblo vasco y marroquí, ambas "víctimas del mismo yugo español".

A pesar de que no volvemos a tener noticias de su participación en la esfera política hasta 1936, esta publicación indica una temprana politización. La condena por injurias a la patria a raíz de la publicación de su artículo aparece en los dos juicios sumarísimos que las autoridades franquistas abrieron contra Pedro Barrondo Garay y conllevó su inclusión en la Causa General.

La Causa General hacía referencia al proceso de investigación impulsado por el ministro de Justicia franquista, Esteban Bilbao, con el objetivo de instruir todos los hechos delictivos cometidos en territorio nacional durante el periodo de "dominación roja". La Causa General tenía carácter retroactivo y no solo se incluían los delitos cometidos durante la Guerra Civil, sino que la filiación política de los acusados durante la República e incluso anteriormente, podía jugar en su contra, como ocurrió con Pedro Barrondo.

Retratos de Pedro Barrondo y Mari Berezibar con motivo de su boda.
 

Desgraciado incidente 

El segundo juicio sumarísimo contra Pedro Barrondo se inició a raíz de las pesquisas de las autoridades franquistas, quienes emplearon la documentación republicana para la depuración de rojos y separatistas. La prueba fue un proceso judicial abierto contra Pedro Barrondo en 1936, cuando desempeñó el cargo de comisario de Sanidad de ANV en la Junta de Defensa de la República de Erandio. De esta etapa solo conocemos su sueldo, que ascendía a 450 pesetas, y un desgraciado incidente con armas de fuego en el que resultó herido otro de los integrantes de la Junta de Defensa.

Los hechos, aportados como pruebas en las dos causas que se abren contra su persona, tuvieron lugar el 7 de agosto de 1936, cuando según las declaraciones de los testigos y del propio Pedro Barrondo, al comprobar el estado de unas armas de fuego que la Junta había recibido, hirió en la mano a Valentín Fano Udondo, miembro de UGT y componente de la Junta de Defensa de la República. Todos los testigos –Julián Aguirre Ibarrondo, Luciano Obregón Paulet y Manuel Cortes Cordona– declararon que Barrondo no hirió a Fano de forma intencionada y el propio Valentín Fano declaró que había sido un accidente.

Barrondo, se preocupó del estado de Fano y lo acompañó al hospital y al día siguiente se presentó en el Juzgado de Instrucción a fin de prestar declaración. El 16 de diciembre de 1936, se dictó sentencia contra Pedro Barrondo, a quien se condenó a pagar 5.000 pesetas como indemnización por el delito de lesiones por imprudencia. Al no contar con esta cantidad, se procedió a la tasación de sus bienes a fin de realizar un embargo de las pertenencias de Barrondo, pero el embargo no pudo realizarse, ya que Pedro Barrondo no tenía bienes embargables.

Hasta la llamada a filas y su integración en el Azkatasuna, Barrondo volvió a su trabajo como ajustador en la fábrica Franco-Española, pero este incidente no pareció afectar a su trayectoria política, ya que en su declaración ante el juez militar en Santoña, relató que durante este período fue nombrado secretario de ANV en Erandio. Tanto Barrondo como Fano y los testigos presentes durante el incidente, fueron llamados a declarar por las autoridades franquistas, pero el proceso debió cerrarse por haber muerto uno de ellos en el frente con los rojos, por haber huido otro a Francia y haber sido fusilado Pedro Barrondo.

Ni los testimonios favorables, ni los informes de buena conducta ni el hecho de que durante su paso por la Junta de Defensa de la República hubiese salvado la vida a dos muchachos de ideas carlistas impidieron su ejecución. Parece ser que, mientras estuvo en el penal de El Dueso, Barrondo y su familia trataron de conseguir referencias de amigos y conocidos de derechas, como así lo demuestran sus cartas. Sin embargo, todos los esfuerzos fueron en vano. La madrugada del 17 de diciembre de 1937 fue fusilado en la prisión de Larrinaga y enterrado en el cementerio de Bilbao. Dejó algunos objetos personales: el vaso con inscripciones talladas que destinaba a sus hijos, así como un anillo y cartas dirigidas a Ajuriaguerra, a sus familiares y a los amigos que habían intentado interceder por él. Pedro escribió cuatro cartas de despedida, pedía a su familia que no se avergonzasen de él, pues moría con las manos limpias de sangre y orgulloso de sus ideales. Sus mayores preocupaciones eran la suerte de su familia, especialmente de su madre, mujer e hijos. Sobre todo, temía por la suerte de su esposa, temiendo que su mujer, que efectivamente murió poco después de recibir la noticia de su fusilamiento, muriese a causa de la pena:

Llevo más pesar que acaso Vd. querida madre, así como mi esposa, sea mi muerte motivo de la suya. Pobre madre, amatxu maitia. Vd. sabe quién he sido en esta vida. Ello puede servir de lenitivo a su dolor. Cuidad de mi familia que pueda recibir educación cristiana y sinceramente patriota.

Pedro Barrondo moría como mártir por Dios y por Euzkadi y manifestaba su confianza en que algún día se les haría justicia. Nuestro presente democrático exige el cumplimiento de este último deseo que Pedro Barrondo manifestaba en sus cartas, hacer justicia a las víctimas y rescatar su memoria.

la autora

Marina Segovia

 

Vecina de Barakaldo, doctoranda en Historia Contemporánea y profesora de Secundaria.

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