GALLARTA/EIBAR. "¡Una guerra civil es mucho peor que una guerra imperialista!", mantenía entre sus postulados Ignacio Gaspar Álvarez Lucio, miliciano comunista que de forma paradójica formó parte de los batallones Azaña de Izquierda Republicana y del Arana Goiri del PNV en su lucha contra los sublevados con Mola y los a la postre franquistas. Mañana mismo se cumplirán 75 años de cuando el batallón jeltzale Arana Goiri se replegó hacia Laredo y el 24 de agosto de 1937 se selló el Pacto de Santoña con el que Álvarez no quedó contento, según solía decir el miliciano nacido en Gallarta el 1 de febrero de 1918 y que tras residir toda su vida en Eibar falleció el pasado 24 de mayo en Mendaro a los 94 años de edad. "Yo nunca hubiera pensado que iba a morir tan pronto", lamentaba ayer a DEIA su esposa, Miren Etxeberria Txapartegi.

Gaspar es uno de los once milicianos y gudaris vascos que el periodista Aitor Azurki retrata con mimo y prosa elegante en su reciente y recomendable libro Maizales bajo la lluvia (Alberdania, 2011). El propio Azurki comunicó a este diario el fallecimiento del guerrillero que al mismo tiempo fue encartado y armero. La mujer de Álvarez saca fuerzas de flaqueza para recordarle para la historia como un hombre "demasiado bueno". Mirentxu rememora sus días de miradas cómplices, de noviazgo… "Yo trabajaba en Urkizu, aquí en Eibar, y él vivía en el barrio llamado Barakaldo. Siempre me miraba. Era de la cuadrilla de mi primo. Luego me escribía desde la cárcel", rememora a sus 88 primaveras esta eibartarra. "Con su fallecimiento, he perdido mucha memoria… Para memoria la que tenía él. Era extraordinaria, excelente", le reconoce a quien trabajara en la firma de carabinas Norberto Arizmendiarrieta. Hacía estuches tallados.

Miren está orgullosa de que su marido fuera un "hombre muy formal". A su juicio, había hasta quien "nos felicitaba" por estar siempre juntos. Es más, le agradece que en el hogar el encargado de las labores de cocina fuera él. "¡En casa, la comida la hacía él!", precisa su mujer.

Durante la Guerra Civil, este apasionado del Athletic lo pasó "realmente mal". Todo su periplo vital lo detalla Azurki en su obra en la que también relata las vidas de Marcelo Usabiaga, Mateo Balbuena, Julia Hermosilla, Luis María Azpiri, Félix Padín, Manuel Goenaga, Paco Barreña, Miguel Francisco Lafuente Txisko, Ángel Mentxaka y José Moreno. El padre de Álvarez fue José, del sindicato minero de Bizkaia. Su hijo Gaspar, a los once años ya aportada unos dinerillos a la familia como recadista, lo que él llamaba "granujia", como ilustra Azurki. Estudió el oficio de armero, pero al poco tiempo comenzó a vender la publicación Euzkadi Roja. Fue secretario general de los Pioneros Rojos de Eibar. En 1934, antes de la Guerra Civil, fue encarcelado en Hondarribia y defendido por el histórico Tatxo Amilibia. Un hermano del marxista gallartin fue amigo de La Pasionaria.

El conflicto bélico le llevó a Donostia y volvió a Eibar a cumplir labores de centinela de la ciudad. A continuación, se alistó voluntario al batallón Azaña de Izquierda Republicana porque en él había mucho gallartino, "más que por las ideas". Él solía decir que para luchar contra el fascismo le daban "igual los unos que los otros".

Enviado a la ofensiva, luchó en la batalla de Villarreal. La batalla según recordaba él en primera persona se preparó en el hoy hotel Carlton con altos mandos del Gobierno de Euzkadi. En el Gorbeia, cumplió labores de enlace nocturno y estando en Otxandio pasó al batallón Arana Goiri del PNV. A Gaspar lo volvieron a encarcelar, esta vez, en Miranda de Ebro, en El Dueso, le explotaron como a todos los que los franquistas esclavizaron en los batallones de trabajadores… y a su regreso a Eibar seguía mirado como "rojo/separatista". Durante un tiempo también colaboró con el maquis.

Hace cien días dijo adiós y se ofició un acto cívico en su recuerdo en el auditorio de Txaltxa-Zelai de Eibar. Durante su vida tuvo claro un concepto de su admirado Karl Marx: "El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan". El cuerpo del miliciano comunista que fue gudari recibió cariñosa y emotiva sepultura en la intimidad familiar.