Actores por los pelos
La peluquería Glamuforia celebra el Día de los Inocentes con una obra de teatro
Abre la puerta y una cara conocida le pregunta por su nombre. "Yo soy Carmen, bienvenida a Salón Edén", se presenta su peluquera habitual. "Pero... tú eres Virginia"; le contesta la clienta, contrariada. "Virginia no te puede atender hoy, no va a venir...", insiste el alma máter de la peluquería Glamuforia, Virginia Carballal. Solo le falta guiñar un ojo. Ayer, ella suplantó la identidad de Carmen, la joven dueña de la peluquería Salón Edén, personaje principal de una obra teatral homónima. Es el regalo navideño de Carballal para sus fieles clientes: trasladar la magia del teatro hasta su local; un guiño, además, al día de los Santos Inocentes, que tuvo una sorpresa feliz para quienes pusieron la melena en sus manos, el peinado es gratis.
Olor a incienso, música de otras décadas, alguna que otra canción a capela y el vestuario de los cuatro peluqueros -la propia Virginia, Agurtzane Godoi, Lina Bellota y Aitor Marcos- acorde para la ocasión eran las pistas que los clientes que acudieron a Glamuforia disponían para adivinar que el de ayer era un día especial. "Queríamos hacer algo diferente por Navidad, y qué mejor día que este, el de los inocentes, para convertir la peluquería en un teatro", explica Carballal observando el majestuoso Teatro Arriaga, vecino de Glamuforia durante todo el año. "El teatro está en alza y queríamos aprovecharlo. Además, nuestra última incorporación a la peluquería, Aitor Marcos, es peluquero pero también es actor y de esta forma podemos disfrutar de sus dos facetas", añade. "La idea es hacer un regalo de Navidad a los clientes, que vengan, pasen un buen rato y se vayan a casa guapas y guapos, porque el peinado es gratis", explica fuera de la personalidad de Carmen por unos minutos.
Personajes Convertirse en actores por un día comenzó a atraer a los peluqueros, que leyeron de arriba a abajo el guión de Salón Edén y comenzaron a preparar sus personajes: una mujer desesperada por quedarse embarazada, una gótica que ha pasado por la cárcel, un bellezón de 90-60-90 que aprovecha su cuerpo para conseguir todo lo que quiere y un peluquero que peinó a Dalí y a la reina. Carmen, Lis, Barbarella y Mario salieron ayer del papel y se convirtieron en personajes de carne y hueso ante la sorpresa de los clientes.
"La gente no se lo espera. Cuando entran y les recibes con otra ropa, otro nombre y otra forma de ser alucinan. Pero están respondiendo muy bien, acaban interactuando con nosotros", cuenta Carballal, con una zapatilla diferente en cada pie. "Es cosa de Carmen -cuenta-, es que está pasando por un tratamiento de quimioterapia y fuma mucha maría".
"Llevas la falda muy larga, ¿no? ¿Por qué no te la bajas un poco?", le insinúa Barbarella a Liz mientras retocaba a una clienta. "Anda, calla y trabaja un poco", le respondía a esta, completamente metida en el papel. "Yo peiné a Dali", grita, de repente Mario, la única representación masculina de la peluquería, mientras coge de la mano a una de las mujeres que esperan a ser peinadas y le canta una canción a capela. "Hay que olvidarse de las canciones tristes y ser positivo", le aconseja.
"A tope" Con las tijeras y los peines en la mano, los cuatro peluqueros de Glamuforia amplían el escenario en la calle. "¡Yo peiné a la reina!", vuelve a gritar como reclamo Mario. "Queremos sacar el producto a la calle para que todo el que quiera pruebe nuestro estilo", explica Carballal ante la extraña mirada de quienes paseaban ayer por el Casco Viejo. Y así fue. "Hemos tenido la peluquería a tope". "Lo estáis haciendo muy bien", les piropeaba una de sus clientas al salir por la puerta con la melena atusada y sin pasar por caja. "Está siendo un día muy divertido para nosotras, ha merecido la pena", analiza a una hora de devolver a Carmen al guión y bajar el telón.