Historias de... carlos

Treinta años como activista del agua

Nadador extremo y récordman mundial, Carlos Peña se solidariza con cualquier causa que merezca la pena

09.02.2020 | 18:52
Carlos Peña, en una imagen de archivo, en un reto llevado a cabo en apoyo a Stop Accidentes en 2018. Fotografía Oskar González

Nadador extremo y récordman mundial, Carlos Peña se solidariza con cualquier causa que merezca la pena

LO ha vuelto a hacer. Carlos Peña, nadador y activista tolosarra, nadó el pasado fin de semana, en aguas de Zumaia, durante 24 horas a favor de la donación de sangre. El atleta que lleva más de tres décadas surcando las aguas y realizando retos con fines solidarios, nadó de espaldas e ininterrumpidamente con un único objetivo: aumentar el número de donantes de sangre. Un nuevo desafío que se suma a su innumerable lista de acciones solidarias.

Y es que no es fácil describir a Peña ni su relación con el agua y la naturaleza. Tolosarra concienciado hasta la médula, deportista amateur que acumula marcas propias de un profesional de élite y vasco involucrado con cualquier acción que defienda el medio ambiente, salió el pasado sábado de Talipe y arribó el domingo a Arranplán, a sabiendas de que más sangre es más vida. Y eso que, antes del inicio, se confesaba "un poco nervioso porque es una prueba que requiere mucha responsabilidad". Aunque fue la única persona que se sumergió durante 24 horas en el agua, no estuvo solo, ya que en este reto solidario le acompañaron voluntarios del club de piragüismo Itxas-Gain y del club de natación Taosa.

El único amateur en recorrer en la modalidad de espalda mares de los cinco continentes para difundir mensajes con alma tiene detrás una historia apasionante. Él, que comenzó siendo atleta en su juventud y tuvo que abandonar por una lesión, es un deportista que siempre ha tenido claro que debía hacer algo más. En su lugar de vacaciones estivales, en Lodosa, se propuso nadar en el Ebro y se inició en sus aventuras, remando siempre en la misma dirección, la solidaridad y la empatía con cualquier buena causa.

El pasado mes de abril, sin ir más lejos, se sumergió en otro gran desafío, el de batir un récord mundial nadando 24 horas a espalda, sin interrupción y con unas gafas especialmente diseñadas para la ocasión con el fin de visibilizar la retinosis pigmentaria. Las gafas simulaban esta dolencia en su fase más extrema, con visión cañón de escopeta.

Y es que desde 1989 Carlos Peña es portador de récords que mezclan aventura, resistencia y solidaridad en mares, océanos, ríos, lagos, embalses, estrechos o cualquier medio acuático. Un aventurero que tiene todavía más mérito si cabe ya que se trata de un deportista amateur que, sin embargo, realiza verdaderas hazañas. Porque él programa todas sus aventuras "sin ningún ánimo de lucro en horas de su tiempo libre y días de vacaciones".

Este especialista en remover conciencias va, la mayoría de ocasiones, acompañado por amigos y voluntarios, o con la colaboración de organizaciones locales e internacionales y algunas veces, las menos, arropado por entidades gubernamentales. Siempre nadando y con sus colaboradores en medios como lanchas, kayak, barcos, etc. Una compañía que le brinda apoyo logístico y moral. Ayudado de un traje de neopreno, unas pequeñas aletas y un gran tesón, supera retos increíbles cruzando cualquier parte del planeta como el río Guadalquivir, el Sella, el mar Muerto, lago Ness, río Ebro, Estrecho de Magallanes, estrecho de Gibraltar, lago Titikaka, lago de Maracaibo, y tantos otros lugares que coronan su extenso historial deportivo.

Horas y horas en el agua sin tirar la toalla, fruto de una fuerza de voluntad casi sobrehumana y una vida dedicada a la natación que él utiliza para relanzar actividades humanitarias.

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