Sergio Oiarzabal, un poeta joven que se fue

El poeta bilbaino murió temprano y cuando dormía, a los 36 años, en el centenario del nacimiento de su poeta predilecto, Miguel Hernández

13.06.2021 | 01:00
Semblanza de Sergio Oiarzabal.

NO tuvo épica su muerte, pese a que parecía ser uno de los elegidos para la gloria. Murió temprano, a los 36 años, mientras dormía. A pesar de su juventud, Sergio Oiarzabal (Bilbao, 1973-2010) recibió un gran número de premios y reconocimientos públicos por su labor literaria, siendo considerado uno de los más destacados exponentes de su generación en el universo de la poesía vasca escrita en castellano. ¿Un poeta y de vida corta?, dice usted. ¿Para tanto da una vida así? Créanme si les digo que su huella aún perdura en la memoria de quienes lo leyeron diez años después de su adiós.

Deténgase quien esto lee en uno de los versos que rescató la Asociación Artística Vizcaina, donde tanto se entregó, para llorar su muerte. "No finaliza el viaje. No. Yo nazco, nací, nazco en la palabra. Ella es el carmín rojo de los deseos", había escrito. Siendo hijo del barrio de Rekalde bien pudiera conocerse como el poeta obrero. Sus páginas iban cargadas de emoción y dureza, como si cada verso equivaliese al hallazgo de un minero en el corazón de la tierra. Y, sin embargo, por el camino quedó al menos uno. No por nada siempre decía que su mejor poema era el que no había escrito. Se perdió en el camino. Y también su prosa, a la que pensaba dedicarse cuando "fuera un poco más mayor".

No era, no confundamos, uno de esos poetas escuálidos que se alimentan de las musas. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, trabajaba como profesor de Lengua y Literatura española en enseñanza secundaria y universitaria. Oiarzabal escribió profusamente para varios medios de comunicación y revistas especializadas en cultura, ocio y literatura e impartió conferencias sobre poesía allá donde le llamaban. Poco antes de morir está consignado que había impartido clases en la Universidad de Constanza, en Rumania. Las palabras, como ven, eran su pico y pala.

Está anticipado unos renglones antes: Sergio Oiarzabal se volcó con la Asociación Artística Vizcaina. Fue miembro muy activo. Su conferencia Principales movimientos poéticos desde el Renacimiento hasta nuestros días y el homenaje Revisión de la obra poética de Miguel Hernández, muestra de su pasión por el poeta pastor, así como la presentación de su poemario Delicatessen Underground (Bilbao ametsak), fueron algunas de sus últimas intervenciones.

Con la pasión y el empuje que le guiaban, fue colaborador de diversos medios y revistas culturales y literarias, entre las que destaca la Plataforma 29 de junio en pro de la memoria del poeta Blas de Otero y que materializó, treinta años después de su muerte, una edición de sus obras completas y una biografía. También por esos andamios se movía.

Una de sus grandes virtudes como creador fue la capacidad para desarrollar un lenguaje personal, que reconocía como iguales a escritores alineados en la búsqueda permanente de la expresión poética como proceso vital; admiraba a Larrea o a Rimbaud con la serenidad de sentirse cerca de ellos, en comunión con ellos, pero nunca su discípulo o su continuador. A su vez, se había embarcado en el proyecto de recuperación de la figura del olvidado Juan Larrea, uno de los más grandes poetas de Bilbao a su juicio.

Ganó muchos premios, pero sobre todo lectores, lo que, tratándose de poesía, es una ganancia épica. Bilbao, su ciudad, donde nació en 1973 y a la que dedicó páginas llenas de emoción y dureza, fue testigo de su madurez poética y su fama: la iglesia de Rekalde, su barrio, estaba desbordada en su despedida.

El escritor ganó el prestigioso Premio Nacional de Poesía de la Fundación Miguel Hernández en 2003 con su aclamado trabajo Flammis Acribus Addictis, publicado en 2005. Su último libro, Delicatessen underground (Bilbao ametsak), es prueba de su magisterio y testimonio de su frenética pulsión creadora, una obra que será recordada durante años, como dijo Larrea, para el asombro de las generaciones venideras. No por nada, en el prólogo de la misma Mercedes Acillona, Catedrática de Literatura por la Universidad de Deusto, afirma: "Sergio Oiarzabal se ha arriesgado y ha alcanzado la arista misma del precipicio de la palabra poética. Como los malditos y los surrealistas, ha llegado al cuerpo a cuerpo de la prosa poética, desamparado de las músicas y el ritmo visual. Su música nace ya con los ojos cerrados, sin páginas ni tintas, al hilo de un salterio que se hunde hasta las raíces del alma''.

Ganó muchos premios en una extensa obra, y entre todos el que le hizo más feliz fue el Miguel Hernández, poeta del pueblo y de la resistencia, como él, a quien siempre regresaba y con quien tanto quería. Extraña injusticia poética la que se llevó a un poeta mayúsculo en el centenario del nacimiento de otro. Son cosas de la casualidad.

Protagonista: Sergio Oiarzabal

Gesta: Fue un poeta bilbaino de primera magnitud, también conocido como 'Txiki', y profesor de Literatura española. En 2003 recibió el Premio Nacional Miguel Hernández y en 2010, el año de su repentina muerte, publicó su libro 'Delicatessen Underground: Bilbao Ametsak' que tanto nombre le dio. Cuesta saber hasta dónde hubiese llegado su verso.

A pesar de su juventud, Oiarzabal recibió un gran número de premios y reconocimientos públicos por su labor literaria

Admiraba a Larrea o a Rimbaud, sintiéndose cerca de ellos, junto a ellos, pero nunca su discípulo o su continuador


 
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