Histórico olvidado

Mauro Azkona, un pionero del cine en Euskadi

18.01.2020 | 06:20
Mauro Azkona

Hijo de un fotógrafo navarro ambulante que, en su deseo de emigrar a América, llegó a la costa vasca donde finalmente se estableció y formó una familia cuyos vástagos heredaron su afición por la fotografía y el cine. Ese fue Mauro Azkona, cuyo interés por nuevas técnicas en la imagen le llevó a intercambiar experiencias en el naciente universo cinematógrafo. En 1924 colaboró con Telesforo Gil del Espinar en la película Edurne, modista bilbaina. Y, al año siguiente, con ayuda de su hermano Víctor, fundó Producciones Azcona dedicada a la realización de documentales. Ambos adaptaron el estudio fotográfico que tenían en el patio de su casa en Barakaldo para rodar los interiores de sus películas. Así nacieron numerosos documentales sobre inauguraciones o encargos publicitarios.

Según qué crónicas, se cuenta que se inició en el cine como organizador de proyecciones en el Teatro-Círculo Republicano de Sestao. Entre los diversos cortometrajes documentales que rodó se cuentan, Puerto de Bilbao (1924), Vizcaya pintoresca (1925) o Bilbao (1926), en los que plasmaron el interés de los Azcona por la documentación visual y la crónica de la ciudad. Al comienzo de Bilbao, una leyenda relata la historia de la ciudad, haciéndose eco de la actividad comercial, minera e industrial que dio impulso a la próspera metrópoli vizcaina. El cortometraje exhibe paisajes industriales y urbanos, animados por un intenso tránsito rodado y peatonal en las inmediaciones del Puente de El Arenal, donde el casco histórico se encuentra con el moderno ensanche urbano.

En 1928, los Azcona estrenaron el largometraje El mayorazgo de Basterretxe, con notable éxito de crítica y público. El argumento ubica entre las guerras carlistas un melodrama rural que se anuncia como un acontecimiento cinematográfico nacional, de ambiente, actores y producción vascas, prometiendo un retrato en sintonía con el imaginario del nacionalismo vasco de la época.

La llegada del cine sonoro dio al traste con la viabilidad de una producción estable que sentara las bases de una incipiente industria cinematográfica vasca y ya inmersos en plena Guerra Civil, dirigió varios cortometrajes documentales, como Frente a frente (1937) o Madrid vive la guerra (1937), rodados para la Sección Cinematográfica del Regimiento de Milicias Populares Pasionaria. Tras la guerra, partió primero hacia Montevideo (Uruguay), donde se dedicó a la pintura artística; y después a Moscú, donde trabajó para diversos estudios. Murió en 1982.