Juan Carlos I reivindica su papel en la elección de Suárez y su modelo de Transición "sin ruptura"
El rey emérito revela en sus memorias la complicidad que mantuvo con el expresidente y asegura que compartían el objetivo de impulsar una transición democrática sin romper con el pasado
La designación de Adolfo Suárez como presidente español el 3 de julio de 1976 fue toda una sorpresa y una de las decisiones más criticadas de Juan Carlos I en la época. Pero el hoy rey emérito sostiene que era la persona adecuada para ocupar ese cargo en aquel momento preciso, puesto que "encarnaba la reforma sin ruptura".
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Así lo explica en sus memorias, 'Reconciliación', en las que narra con detalle este momento y la Transición que vino después y de la que Adolfo Suárez fue uno de los actores destacados.
En el libro, Juan Carlos I reconoce que el proceso se había venido fraguando desde hacía un tiempo y se desencadenó a la vuelta de su primer viaje oficial a Estados Unidos, en el que en el Congreso pronunció por primera vez la palabra "democracia".
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Suárez
Según relata Juan Carlos I, hacía ya tiempo que había hablado con Suárez, a quien "había insinuado que debía estar dispuesto a asumir responsabilidades, aunque nada estaba asegurado".
"Le susurré discretamente: 'El pan está en el horno'. Unos meses más tarde me preguntó: '¿Ya se ha cocido el pan'. Le respondí: 'Todavía no, aún no está cocido'. Hablábamos así, nunca le dije nada explícito, hasta que un día le llamé y le anuncié: 'El pan ya está cocido, te voy a nombrar presidente del Gobierno", asegura.
Para que ello fuera posible, Juan Carlos había contado con la ayuda de Torcuato Fernández-Miranda, presidente del Consejo del Reino, quien "con habilidad y perseverancia" consiguió incluir en la 'terna' de tres candidatos "al hombre al que yo secretamente quería nombrar presidente del Gobierno" después de tres votaciones.
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Reivindica su papel
"Estoy en condiciones de ofrecerle lo que me ha pedido, majestad", presume el emérito. En concreto, el Consejo del Reino propuso al "democristiano Federico Silva Muñoz, exministro de Obras Públicas; el tecnócrata Gregorio López-Bravo, exministro de Industria y luego de Asuntos Exteriores, y Adolfo Suárez, un joven desconocido, sin experiencia, el menos votado de los tres". "¡Les estaba preparando una bonita sorpresa a los españoles!", llega a bromear
Pero, "¿por qué estaba tan seguro de que Adolfo Suárez era la elección idónea?", pregunta Juan Carlos I en su libro. "Porque él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo quería llevar a cabo. Era un producto puro del franquismo. Debía su ascenso profesional a su capacidad de trabajo y había progresado desde puestos modestos a otros de responsabilidad", justifica.
Amistad entre ambos
Relata que había conocido a Suárez cuando éste aún era gobernador civil de Segovia y ya entonces admite que se percató de su "viveza". "Era diferente a los demás miembros del régimen" con los que trataba ya que "no había conocido la Guerra Civil, tenía ansias de modernidad y de cambio, era muy franco" con él y "tenía el valor de sus convicciones".
"Compartíamos el mismo deseo de construir una nueva España sin romper con el pasado y sin causar un trauma radical", resume el emérito, que además admite que en el plano personal se llevaban "muy bien" y que Suárez era "encantador y simpático".
"Adolfo y yo habíamos desarrollado una verdadera complicidad y confianza, hasta el punto de entendernos casi sin hablar. Teníamos una relación excepcional", asegura, de ahí su firmeza a la hora de defender las críticas que recibió por su nombramiento, tanto de franquistas como de la oposición. Según defiende, debía hacer "caso omiso" y pensar solo en el que era su "objetivo a largo plazo", si bien admite que también era "consciente" de que su "destino estaba ligado a su éxito".
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