Moncloa llama al PNV tras la crisis: aún quiere su “buena compañía”
Vaquero pregunta a Sánchez si quiere llegar a las elecciones en soledad
El martes por la tarde, poco después de que el PSE desatara una crisis en la relación con el PNV por su fotomontaje de burla hacia Aitor Esteban, en Sabin Etxea comenzaron a sonar los teléfonos. La llamada no era del líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza. Al otro lado del aparato se encontraba un representante de los socialistas del Estado, alguien de “La Moncloa”, según fuentes jeltzales. No se trataba del presidente Pedro Sánchez, pero tampoco era el socialista Antonio Hernando, el enlace que negocia el nuevo estatus de autogobierno con los partidos vascos. Es decir, la llamada no tenía como finalidad volver a agendar esa reunión sobre el nuevo estatus que había sido aplazada. Tenía como objetivo algo más profundo, tomar la temperatura al PNV y conocer su estado de ánimo tras ese tuit. Y, unas horas después de esa conversación privada, el presidente Sánchez iba a responder en público a una pregunta del PNV en la sesión del Congreso de los Diputados de este miércoles. Había cierta expectación por escuchar sus palabras. Si bien es cierto que Sánchez no dijo nada muy diferente a los mensajes de agasajo que suele trasladar al PNV y se ratificó en que quiere contar con su “buena compañía”, que lo dijera en mitad de esta crisis sirve para reafirmar su voluntad de contar con los votos del PNV.
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La portavoz jeltzale en el Congreso, Maribel Vaquero, elevó el tono con el presidente español: “Usted sabrá cómo quiere llegar hasta la convocatoria electoral, si quiere compañía o no”. En su intervención, Vaquero le había reprochado la falta de liderazgo ante la huelga estatal de médicos, el incumplimiento de algunos compromisos sobre los autónomos o el amianto, y los retrasos en la negociación de las transferencias del Estatuto de Gernika o en la reforma de la Ley de Secretos Oficiales. Vaquero no aludió de manera expresa al tuit del PSE, pero sí exigió “cuidar las formas y respetarnos entre nosotros”. De todos modos, también se podría interpretar como una llamada de atención por la forma en que el Gobierno español ha trasladado a los grupos toda la responsabilidad por la caída del decreto de los alquileres. Al PNV le preocupa la vivienda, pero no “tragará” con cualquier medida.
Por ello, Vaquero exigió a Sánchez que se apunte estas prioridades y deslizó que, en lugar de atenderlas, el presidente español quizás quiere basar lo que queda de legislatura en levantar un muro contra el trumpismo y el fascismo, algo necesario pero no suficiente para el PNV. Y, para concluir, dejó caer un dardo: “Usted sabrá cómo quiere llegar hasta la convocatoria electoral, si quiere compañía o no”.
Como suele ocurrir en estos casos, la primera réplica de Sánchez fue más general y la pronunció en clave estatal, para desmarcarse, por ejemplo, de la “prioridad nacional” de PP y Vox que, a juicio de los socialistas, esconde una ideología xenófoba. También hizo una referencia a la aprobación de la reforma laboral, pero no quedó muy claro con qué intención lo hizo, porque ni PNV ni EH Bildu la respaldaron en el Congreso. En su segunda réplica, cuando la discusión se estaba poniendo más fea tras el aviso de Vaquero, Sánchez sí respondió que “por supuesto” que quiere la compañía de sus socios, y la “buena compañía” del PNV en concreto, unas palabras que levantaron cierto barullo en las bancadas de la derecha española. Además, Sánchez volvió a tirar de manual con las transferencias e insistió en que, durante su mandato, se han impulsado “como no se había dado en toda la historia de la democracia”.
Tensiones
Por lo tanto, la sesión del Congreso únicamente dejó sobre la mesa una declaración de intenciones de Pedro Sánchez, que además llegó con términos que son habituales y ya conocidos en su discurso. No es la primera vez que halaga la actitud del PNV, porque es uno de los socios más estables en el Congreso. Por tanto, no hizo ningún gesto más allá, aunque en este contexto las palabras que pronunció puedan adquirir un nuevo valor. De todos modos, el PNV aún sigue ojo avizor a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos.
Los choques con el PSE han pasado a ser relativamente frecuentes desde el último congreso socialista que ratificó a Eneko Andueza en su puesto, queda un año para las decisivas elecciones municipales y forales, y los dos socios tienen abierta de par en par una discrepancia difícil de resolver sobre el blindaje del euskera como requisito de acceso al empleo público. Por tanto, sería muy osado dar esta crisis por cerrada. PNV y PSE acordaron hace meses reconocerse la legitimidad para expresar en público sus posiciones, pero está por ver si esta dinámica se puede mantener sin cruzar las líneas de lo personal o sin que nadie cuestione la estabilidad de los gobiernos que comparten. Es en esos casos cuando saltan las chispas.
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