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"Fue llegar a Madrid y matar a Muguruza"

Garmendia se hace eco del ambiente político tan hostil que se vivía en el Congreso a final de los 80

"Fue llegar a Madrid y matar a Muguruza"Deia

Cómo olvidar una entrada de tanto impacto? "El inicio de legislatura fue brutal porque la víspera de que tomásemos posesión del escaño, estando ya en Madrid, fue cuando asesinaron a Muguruza y dejaron herido grave a Iñaki Esnaola", se retrotrae Koro Garmendia (Gipuzkoa, 1956). Así empezaba su andadura en 1989 en la IV legislatura esta diputada que fue elegida por Euskadiko Ezkerra. Con 19 años en la política y otros doce en la enseñanza, esta licenciada en Arte -"empecé a trabajar muy joven, ¡eh!, el día que cumplí 23 años"- comienza a desgranar su trayectoria. "Yo no soy nada de guardar papeles ni cosas, pero el primer recuerdo que tengo es esa legislatura que comenzaba con un atentado de la extrema derecha justo la víspera de tomar posesión del escaño por imperativo legal".

Eran momentos convulsos con cientos de asuntos candentes. "Me acuerdo que moví temas importantes relacionados con Educación, se organizaba la LODE, temas de desarrollo autonómico y muchos asuntos de Interior. Pero la época era potente. Hubo atentados de extrema derecha, muchísima actividad de ETA, estaba en la calle la Ley Orgánica de Protección a la Seguridad Ciudadana con Corcuera de ministro y había muchos temas de derechos civiles en una época en que era secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera".

Tiempos en los que además se estaba adecuando la igualdad real y legal entre hombres y mujeres. "De hecho, mi primera intervención fue en un tema que cerraba los cambios que había que hacer en el Código Civil en el que todavía quedaban restos de desigualdades". Y aunque la presencia femenina era muy residual, "se creó una comisión mixta Congreso-Senado por los derechos de la mujer, donde figuraban políticas como Teófila Martínez, Cristina Almeida, Esther Larrañaga, Carmen Romero, Isabel Alberdi, Celia Villalobos... La presencia de mujeres no era grande pero éramos muy activas", asegura, haciendo memoria.

Los diputados vascos eran además una amalgama de difícil conjunción. "Por un lado, estaban los diputados de Herri Batasuna que no asistieron a la Cámara; por otro lado, el Grupo Nacionalista Vasco tenía un grupo fuerte con el que teníamos buena relación, y luego estábamos nosotros en el Grupo Mixto donde se sentaba Joseba Azkarraga, el veterano Inaxio Oliveri, que luego fue sustituido por Esther Larrañaga y yo. Entre los diputados socialistas estaba gente como Txiki Benegas".

Cuando Garmendia regresó a Euskadi todavía le esperaba una trayectoria en zig-zag. "Tras mi paso por el Congreso, fui concejal en el Ayuntamiento de Donostia. Cuando fui al Congreso, ya había estado en la Mesa del Parlamento Vasco y tenía conocimiento de la mecánica y el rodaje parlamentarios. Lo que pasaba es que en Madrid te encuentras en una Cámara muy grande y EE tenía dos representantes. Pero entre PSOE y PP eran en un mundo y en todo aquello que tenía que ver con Euskadi hacían piña y eran muchísimos", dice con escepticismo.

No en vano, el bipartidismo lastraba mucho el funcionamiento político. "En aquellos momentos, creo que tenía mayoría absoluta el Partido Socialista. Y ya se encargaban de recordártelo. Ellos decían que el balón era suyo. Aunque todos los diputados vascos nos pusiésemos de acuerdo, ellos siempre sumaban muchos más. Para mí, que era muy joven y que venía de trabajar mucho la política en Euskadi, me dio la sensación de encontrarme en un entorno políticamente muy hostil aunque personalmente las relaciones siempre fueron muy buenas y yo aprendí muchísimo".

ámbitos diferentes En el Ejecutivo, Garmendia fue concejala, delegada de área en un gobierno de coalición con Odón Elorza, y posteriormente fue designada viceconsejera. "Pero la labor del Legislativo y del Ejecutivo es muy diferente. El Legislativo sí que permite posiciones más teóricas, más ideológicas... Depende también de gustos, de posiciones personales y de momentos. Yo empecé por el Legislativo y después de haber estado y haber vuelto a mi trabajo y todo eso, el Ejecutivo supuso un gran reto. He tenido la suerte de que tanto en la Cámara vasca, como en la española, al retornar a mi trabajo, en el instituto, volviendo al Ayuntamiento y luego al Gobierno vasco.... Todos me han permitido conocer ámbitos diferentes".

A su juicio, ocupar un cargo público no es sentarse en ninguna poltrona. "Quien dice eso que se ponga un rato y que lo pruebe. No es poltrona porque el trabajo es inmenso. Aunque tampoco hay que elevar a categoría el hecho de ir y volver, ni sacralizar esa idea. A mí, en principio, lo que sí me parece bueno es que la gente tenga una experiencia laboral y vital previa, antes de llegar al Parlamento".

En sus idas y venidas, ahora ha vuelto al instituto, donde empezó. "Y ahí estoy. Ahí y en el batzoki, dedicándome a mi trabajo profesional y luego trabajando en la vida interna de EAJ/PNV, pero sin ningún cargo público".