Tribuna abierta

¿Se acabó el mito de la buena gestión?

13.06.2021 | 01:00

¿Cómo es posible que nadie sensato de ese mundo se dé cuenta de que el programa de la izquierda abertzale es el no? No al Puerto, no al Metro, no a la incineradora, no a Corrugados, no al TAV, no a Leitzaran. No a condenar el atentado de Inaxio Uria y el secuestro de Guibert

HACE un mes revisé un trabajo dedicado a Joseba Rezola, de Ordizia. Fue vicepresidente del Gobierno Vasco en el exilio, entre otros muchos cargos todos ellos de entrega a los demás. La conferencia en la Fundación Sabino Arana el mes pasado me obligó a rescatar una carpeta con las cartas que me envió a Caracas los tres años en los que tuve relación con él. Rezola fue el alma de las dos radios clandestinas que la resistencia al franquismo, una en Baiona y otra en Venezuela, puso en marcha con gran esfuerzo de equipos, presupuesto y riesgos. Su sensibilidad para la noticia, su gran capacidad para la acción política, su delicadeza en el trato de los diversos temas, el respeto al adversario y su gran ejemplo fueron para mí una lección semanal por correspondencia sobre cómo quería él que fuera una sociedad libre y con valores. Era la causa que vencía a la sombra.

Rezola, junto a Lasarte, Lizaso, Arzelus, Urkola, Julene Urcelay y muchísimos más fueron dirigentes guipuzcoanos claves de aquella resistencia junto con Leizaola, de la que, quizás por ley de vida, pocos se acuerdan, aunque creo es obligación hacerlo para transmitir modelos de comportamiento político a una sociedad como la nuestra que anida conductas autoritarias y que incuba modelos muy sectarios de actuación. Cuando se dejan de usar las armas no por una reflexión ética sino por estrategia, pasan estas cosas, que se van cronificando. De ahí la negatividad y la impaciencia por todo ante los nuevos retos que tenemos planteados, no siendo los menores la crisis económica y la bomba demográfica. Me preocupa este discurso demoledor que solo busca una sociedad crispada.

Transito, pues, como un viajero del tiempo por los momentos en los que todo era posible. Por lo tanto, recordemos y comparemos. Al grano. J.M.Bastida pertenece a la siguiente generación de los nombrados. Encadenó seis mandatos en el Ayuntamiento de Azpeitia, cuatro de ellos como alcalde, de 1984 a 2003. Total, 24 años. Era el típico y clásico alcalde jelkide todoterreno del EAJ-PNV, una auténtica aspiradora para su pueblo. Conseguidor, insistente, "harrapatari", pelmazo hasta lograr las cosas. Con sus defectos y grandes virtudes pero sin que nadie pusiera en cuestión su ambición por una Azpeitia cohesionada, poderosa y con todos los servicios. De ahí que estoy seguro de que no hubiera dudado medio segundo en reactivar la fábrica de Corrugados en su pueblo.

Quizás por esa mentalidad de servicio, los de siempre le quemaron su coche (que una suscripción popular le restituyó), a cuenta del vertedero de Lapatz en Azpeitia en donde el 3 de diciembre de 2008 asesinaron a Inaxio Uria cuando jugaba a cartas con sus amigos. Debatida la monstruosidad en el Ayuntamiento, ANV se negó a condenar el hecho saliendo del equipo de gobierno EA y Aralar por no aprobar la moción de rechazo y condena del asesinato. La misma palabra condena que 13 años después la izquierda abertzale sigue sin pronunciar. Acciones que al parecer dejaron huella en una mentalidad sectaria y dogmática que sigue coleteando. A Bastida veinte encapuchados le hostigaron en la calle estando con su familia, sin que nos olvidemos del secuestro del empresario Guibert y otros atentados. Sortu, heredero de este horror y mandando en el Ayuntamiento, quiere que nos olvidemos de él, pero sin cambiar ellos de conducta.

No ha sido, pues, fácil ser regidor en Azpeitia por lo que personalmente me pareció incomprensible una manifestación de apoyo a la actual alcaldesa de Bildu por el gran mérito de impedir una inversión, creadora de puestos de trabajo, en un valle necesitado de ellos. Me imagino que la buena señora llamaría al Soviet sobre lo que debía hacer y le dirían que se agarrase a lo que decían los fariseos sobre el Sabath: "El hombre está hecho para el sábado y no el sábado para el hombre". La letra muerta de unas normas aprobadas, pero con posibilidades de adaptación, antes que una inversión que quizás podría visualizar una apuesta del Gobierno vasco y la Diputación por dar vida a la comarca. "No es no. ¿Qué parte del no es la que no entiendes?", dijo urbi et orbi Nagore Alkorta sentada en su trono de marquesa de Loiola, sin buscar ninguna solución, riéndose de un informe que consideró cuatro papeluchos y obviando todo lo demás. Me imagino la perplejidad de Bastida viendo a la alcaldesa llorando en la plaza, recibiendo el apoyo de Bildu por la gran hazaña de no hacer nada, más que impedir que otros hagan algo con el agravante de que al día siguiente en la Ordizia natal de Rezola se repitiese la misma escena pero esta vez con Otegi comparando "las mentiras del PNV con las mentiras de Trump y Ayuso". Típica boutade para que nos olvidemos de que aquí quienes han felicitado a Trump cuando ganó las elecciones fue Bildu. Si la política es diferenciación y con semejante pasado de falta de valores, ¿cómo es posible que nadie sensato de ese mundo se dé cuenta de que el programa de la izquierda abertzale es el no? No al Puerto, no al Metro, no a la incineradora, no a Corrugados, no al TAV, no a Leitzaran, no a condenar el atentado de Inaxio Uria y el secuestro de Guibert. No ahora contra Hondalea como estuvieron contra el Guggenheim. No a todo. Magnífico su programa industrial, de convivencia y de creación de empleo.

El domingo pasado nos recordaron la muerte de Txabi Etxebarrieta poniendo pringando al Ayuntamiento de Bilbao. Se ve que la IA busca la legitimidad en un pasado antifranquista huyendo de su responsabilidad en tiempos de construcción democrática. Se ve claramente también que están en crisis y la proyectan en los demás ya que en su obsesión antijelkide llegan incluso a coincidir nada menos que con el PP, con quien votan hasta por un puñado de pipas. Borja Corominas, el portavoz del PP en el Ayuntamiento donostiarra, nos ha dicho que "esta pandemia ha desnudado las carencias del PNV y ha tumbado el mito de su capacidad de gestión". Ese mismo día, Arnaldo Otegi nos sermoneaba muy enfadado diciendo enfático que "existe un modelo de gestión que se está agrietando y de ahí que la impronta de gran gestor de la que ha hecho gala el PNV durante años se está cayendo". Curiosamente, ese día la noticia era, para berrinche de ELA y LAB junto a Sortu, que Euzkadi obtiene la puntuación más alta del Estado en el índice de desarrollo de los servicios sociales, el llamado índice DEC. Y para más inri, el Sociómetro vasco indicaba que a pesar de la pandemia, el Gobierno de coalición no acusaba desgaste alguno y el PNV y el PSE conservaban sus resultados de hacía un año. Demasiado para su body. De ahí su frustración, su negatividad, su exageración, su no saber actuar en democracia, su cabreo perpetuo, su insólita actitud en Azpeitia, su fijación con Zaldibar y con la consejera Gotzone Sagardui.

Y es que algo que no soportan es que el EAJ-PNV haya hecho avanzar más lo social que ellos con sus pancartas, sus piquetes, sus manifestaciones por cualquier cosa, su puño en alto y sus primaveras rojas. A pesar de ellos tenemos la RGI, el Concierto, Osakidetza, presupuestos y una esperanza de salir adelante que sus recetas mágicas insolventes que solo demuestran que allí donde se aplican ocasionan miseria, emigración y desesperanza. El cuanto peor, mejor no es plato de gusto para nadie salvo para la burbuja en la que viven. Podrán ser toda alternativa de gobierno que digan y quieran pero si a su mensaje se le quita la ikurriña quedan en lo que son y que en un alarde de sinceridad lo describieron en su día presentándose como el "Partido Comunista de las Tierras Vascas" y coloquialmente "el partido hipercabreado y negativo de las tierras vascas".

No deja de ser una lástima que no sepan ver la realidad, no hayan aprendido a criticar lo criticable, presentar alternativas argumentadas y aprender a hacer oposición. Vienen de un inmenso fracaso y al parecer lo quieren seguir perpetuando creyendo que aplicando la doctrina de Goebbels –aquella de que repitiendo una mentira cientos de veces se convierte en una verdad– la sociedad, que es tonta y no tiene elementos de comparación, les va a creer de forma mayoritaria y cualquier partido serio va a querer bailar en su pista embarrada no terminando de aprender que solo aciertan cuando rectifican. Allá ellos. Las cosas solo dejan de existir cuando se deja de creer en ellas. Y estos comisarios solo creen en la revolución bolivariana. Lo ocurrido en Azpeitia es una magnífica muestra. * Parlamentario de EAJ-PNV 1985-2015

 
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