Tribuna abierta

Juego de tronaos

20.03.2021 | 00:50
Juego de tronaos

A la frustrada moción de censura en Murcia y la convocatoria de elecciones anticipadas en Madrid solo les faltaba, para dar la medida de la dinámica de la insensatez y el tacticismo que afectan a la política española, la maniobra de Pablo Iglesias esta semana, que ha pasado de fustigar a la casta a elegir a dedazo a su sucesora fuera de su partido

EL botijo hispánico sigue zozobrando en medio de la tormenta. Su diseño ergonómico le previene del ahogamiento pero la porosidad de los materiales de los que está fabricado le hace vulnerable a la filtración de líquidos. El botijo salta, gira, se hunde impulsado por la agitación alocada del oleaje causado por una actividad política sin más fundamento que la pelea efectista, la derrota del adversario y el tacticismo.

Si la semana pasada era la moción de censura de Murcia, la convocatoria anticipada de elecciones en Madrid y la implosión de Ciudadanos como premonición de su desintegración, durante los últimos días, los movimientos tectónicos en la política hispánica han continuado con más sobresaltos que en un episodio del teleshow La isla de las tentaciones.

El intento por desalojar al PP de la presidencia de Murcia acababa en agua de borrajas por la rápida reacción de los seguidores de Teodoro García Egea al incorporar a su gobierno a tres diputados de Ciudadanos que previamente habían firmado la moción de censura. El fichaje de voluntades desbarató la operación urdida por los aparateros socialistas que habían pretendido sacudir a los de Casado ofreciendo a los naranjas una vía de poder que los alejara definitivamente de la foto de Colón.

Pero los maquinadores del PSOE no habían caído –¡qué ingenuidad!– en que sus artimañas tendrían un efecto inmediato en Madrid y que los todavía vecinos de Génova 13 no se iban a quedar con los brazos cruzados ante la guerrilla abierta en tierra pimentonera.

Aitor Esteban ha calificado perfectamente la situación: esto no es política, todo se reduce a jugar al estratego, y en ese entretenimiento hay mucho aficionado que se aburre si no se mueven las fichas. Puras maniobras por interés personal o partidista.

En ese marco cabe centrar el siguiente tirabuzón botijero. Para que no faltara condimento alguno a la ensalada de frivolidad, Pablo Iglesias anunciaba el lunes por sorpresa su abandono del gobierno para presentarse como candidato, supuestamente de unidad, de una candidatura de izquierdas que hiciera frente a los conservadores en Madrid.

El druida de Moncloa, que decía tener controlados los movimientos de Iglesias como si de una partida de ajedrez se tratara, se quedó sin tablero ni juego. Iglesias no jugaba al ajedrez sino que practicaba karate, y de una patada derribó las fichas volviendo a ganar la partida al spin doctor de Sánchez.

Cabe pensar que el abandono de la vicepresidencia –un estatus por el que había luchado ardorosamente– para lanzarse al ruedo de los comicios autonómicos tenía un punto épico que a nadie se le escapaba. Sobre todo cuando las perspectivas para Podemos no resultaban para nada halagüeñas, al sospecharse que quizá no llegaría a superar la cifra del 5% de los votos, quedando como fuerza extraparlamentaria.

Iglesias ha hecho de sí mismo una marca, un símbolo que cuida hasta el más mínimo detalle. Su nuevo porte, en el que destaca su imagen de samurái urbano, es reflejo de una poderosa personalidad sin la cual su partido comienza a no ser nada.

Es difícil conocer las razones últimas que han provocado su decisión. Según unos, Iglesias sabía que su salida del gobierno, vía crisis de coalición, estaba próxima, adelantándose a los acontecimientos. Para otros, el pantócrator de Podemos no se sentía cómodo en su jaula de oro. Su carácter de activista le empujaba a salir y a batirse el cobre fuera del consejo de ministros. Y la tentación de convertirse en el alter ego de Ayuso en Madrid como cabeza de una alternativa de izquierdas, le excitaba especialmente. Todo ello, además, contaba con un elemento añadido. Su interacción echaría por tierra cualquier pretensión de Iñigo Errejón por consolidar su espacio en el mapa electoral. Pero el eclipse se desvaneció rápidamente. Mónica García, candidata de Más Madrid, zanjó en seco las pretensiones de Iglesias de liderar una oferta unitaria en la próxima Asamblea madrileña.

"Madrid –dijo García– no es una serie de Netflix. Las mujeres sabemos frenar a la ultraderecha sin que nadie nos tutele y no podemos sumar a la frivolidad de Ayuso más espectáculo y más testosterona. Las mujeres –concluyó su zasca particular a Iglesias la calificada de némesis de Ayuso– estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos".

La negativa a compartir listas y la dura respuesta de la opción impulsada por Errejón y Carmena, tampoco era esperada por los pablistas. Otra ingenuidad más que da la talla del momento de frivolidad que vivimos. Y es que, lo quiera reconocer o no, la experiencia convivencial protagonizada por Pablo Iglesias, es decir, convertir en cadáveres a los compañeros de viaje, le va a pasar factura al líder de los morados. Su caudillaje provoca rechazos y odios irreconciliables. Lo demuestran reacciones como la ya mencionada de Mónica García, o el tuit escrito con las vísceras por Teresa Rodríguez quien fuera cabeza de lista de los morados en Andalucía y posteriormente expulsada de dicha organización por la larga sombra de Pablo Iglesias. "Iglesias –decía el mensaje de la líder anticapitalista– provocó en 2019 una repetición electoral solo para ser vicepresidente. Así le dio a Vox, a sabiendas, la oportunidad de ser tercera fuerza política en España. Ahora se va porque se aburre y para su vendetta personal con Errejón. La política con minúsculas: la casquería".

Está claro que los enemigos íntimos de Pablo Iglesias le profesan un cariño muy especial. De ahí que su núcleo de confianza resulte cada día más reducido. En él, el ya candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, ha destacado un nombre. Un dedazo, en el mejor estilo aznarista de caudillo cooptador .

Pablo, el líder de la nueva política, el látigo de la casta podía haber puesto música a su decisión. Como la trova cubana y cantar aquello de ¡Yolanda, Yolanda! ¡Eternamente Yolanda!

Sí. Para sorpresa de todos, Iglesias anunció que su sucesión en el consejo de ministros –antes de que Sánchez dijera nada– sería Yolanda Díaz. La ministra de trabajo recogería su vicepresidencia y también su bendición para que encabezara Podemos en las próximas elecciones españolas. Sin primarias, ni secundarias. Por la vía directa. Díaz, militante del Partido Comunista de España –no de Podemos– se convertiría, por designación del macho alfa en la nueva líder de los morados. ¿Oficial o real?

La salida de Iglesias del Gobierno español deja aún muchas incógnitas no resueltas, lo que provocará nuevos volatines en la dinámica política española. ¿Resucitará Podemos en Madrid? ¿Concluirá su fugaz carrera política Pablo Iglesias como parlamentario autonómico? ¿Renunciará a su escaño en el Congreso? ¿Permitirá a Yolanda Díaz libertad de movimientos? ¿Interferirá en su liderazgo?

Tal vez ahora Sánchez pueda dormir mejor en la Moncloa. El abandono de Iglesias de su gabinete puede generar un mayor nivel de tranquilidad a su ejecutivo. Pero la quietud que se vislumbra es solamente aparente ya que el ambiente electoral y las crisis internas en diversas formaciones políticas siguen sacudiendo el oleaje de la acción política española como una ciclogénesis explosiva. La inestabilidad creciente que soportamos y el terreno enfangado que rodea, plagado de minas y de sorpresas, la actividad política, garantizan nuevos sobresaltos en un clima de frivolidad insoportable. Un panorama que no tiene visos de cesar a corto plazo, al menos hasta que las urnas hablen en Madrid. Mientras tanto, me temo, nos tocará soportar una nueva temporada de juego de tronaos.

Cuando prestigiosos virólogos, como el alemán Christian Drosten, anticipan la llegada de una cuarta ola de la pandemia que será "drásticamente más difícil"; cuando las nuevas cepas del virus se propagan más rápidamente por toda Europa y la distribución de vacunas se estanca; cuando la recuperación económica no termina de arrancar y los cronogramas de revitalización industrial se fían a más largo plazo; mientras que la fatiga social, junto a la incertidumbre, es lo único que crece; ¿dónde está la política con mayúsculas? ¿Dónde la búsqueda del bien común? ¿Dónde está el consenso necesario para acometer los verdaderos problemas que aquejan a la gente?

Ojalá el encierro geográfico perimetral de Euskadi nos permitiera, también, aislarnos de tanta insensatez e irresponsabilidad. Sería lo mejor que nos podrá pasar.

* Miembro del EBB de EAJ-PNV

noticias de deia