Tribuna abierta

De Fernando VII a Felipe VI, un hilo de corrupción y traición

04.10.2020 | 01:15
De Fernando VII a Felipe VI, un hilo de corrupción y traición

Desde Fernando VII a Felipe VI, la patria de los borbones ha sido el trono. Y mantenerlo ha sido, y es, el único interés que ha guiado su vida. El problema es la institución monárquica, su negocio y el de los suyos. Y ya es hora de que avancemos hacia un momento de dignidad democrática

A lo largo de los dos últimos siglos, la dinastía de los borbones ha tenido dos hilos conductores que han lastrado nuestra historia: la corrupción y la traición. La patria de los borbones ha sido el trono y mantenerlo ha sido, y es, el único interés que ha guiado su vida. ¡Qué huecas suenan las palabras con las que se despidió el penúltimo rey que iba al exilio! Se han llenado la boca de la palabra España y los bolsillos robando a los españoles.

Un somero repaso a la historia nos muestra que el problema no son los monarcas, es la institución, siempre al servicio de los mismos, siempre alejada de la funesta manía de votar. Una historia que podía comenzar allá por 1807 cuando Fernando da un golpe de estado, que fracasa, contra su padre; cuando en 1808 padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII, venden la corona a Napoleón y disfrutan de un exilio dorado en Francia mientras el pueblo combatía contra los franceses. Cuando en 1814, con dinero de la oligarquía, soborna a la guarnición de Madrid y anula la Constitución de 1812. Por cierto, tenía una cuenta bancaria en Londres.

Su mujer, la Regente María Cristina, huyó de España en 1840. A su vuelta mantenía negocios relacionados con la sal, el ferrocarril y la esclavitud y se decía que "no había proyecto industrial en el que la reina madre no tuviera intereses". Y en 1854, acosada por los casos de corrupción, fue expulsada de España y le fue retirada la pensión vitalicia que le habían concedido las Cortes. Su hija, Isabel II, reinó en un estado de corrupción generalizada y en 1868, al grito de "Viva España con honra", fue enviada al exilio.

Del metro al Rif Alfonso XIII tenía intereses económicos en el metro de Madrid, en empresas constructoras y además en El Metropolitano, un centro de apuestas de carreras de galgos que llegó a funcionar en la ilegalidad. Con episodios turbios, como la construcción del tramo ferroviario Oncineda a Calatayud o la concesión a la estadounidense ITT del monopolio de la Compañía Telefónica.

Apoyó con entusiasmo, y saltándose al Consejo de Ministros, la aventura del Rif, mandando a defender los intereses mineros del conde de Romanones y otros miembros de la oligarquía a miles de españoles pobres. Los ricos pagaban para no ir a morir "por España". Cuando en 1931 huyó de España, se llevó millones (en euros actuales) que tenía en cuentas en el extranjero.

Por fin, Juan Carlos, quien traicionó las reglas sucesorias de la monarquía al aceptar la corona de un genocida y que en una operación de propaganda sostenida en el tiempo nos fue vendido como motor de la democracia. Y su hijo y heredero, Felipe VI, que necesariamente tenía que conocer el entramado corrupto de su padre. En todo caso, ¿quién puede creer que un CNI al servicio de los monarcas antes que a España no le informó desde su coronación de esos y otros asuntos?

Pero Felipe VI solamente se ha movido cuando la ciénaga de corrupción ha comenzado a salpicarle en una operación de "el rey ha muerto, viva el rey" en la que vuelven a colaborar quienes han contribuido durante cuarenta años a mantener el tinglado monárquico y la mentira juancarlista.

Lamentablemente, el PSOE ha mantenido durante estas cuatro décadas una monarquía que sabían corrupta, un PSOE que nos decía que era únicamente "juancarlista" y que cuando ha llegado la hora de la verdad ha devenido en monárquico.

No va a ser fácil, pero ya es hora de que avancemos hacia un momento de dignidad democrática en el que, conquistada la democracia plena, la republicana ondee libertad.

* Profesor de Historia jubilado