Editorial

Nada menos, pero nada más

19.06.2020 | 01:14
Nada menos, pero nada más

Lo que ahora se inicia no es el principio del fin de la pandemia, sino otro tiempo de la misma que no viene marcado por las distintas fases restrictivas, sino por el control de los focos y la responsabilidad individual

EL fin del estado de alarma en Euskadi y posteriormente en el Estado, la apertura de la movilidad con otras comunidades que visibilizarán hoy el lehendakari Iñigo Urkullu y el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, y se extenderá el domingo a otros territorios limítrofes; la apertura de fronteras al turismo por el Gobierno Sánchez y es de esperar que, por tanto, de las relaciones que aquellas no separan, en nuestro caso entre Hegoalde e Iparralde; no deben llamar a equívoco. Todas esas decisiones respecto a medidas restrictivas tomadas durante los últimos tres meses con el objetivo de evitar o paliar la transmisión del SARS-CoV-2 están lejos de suponer el final de una pandemia que en realidad aún dista meses de lograrse... si es que se logra una vacuna, como anunciaba ayer mismo la directora de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira, "para principios de 2021". En realidad, lo que ahora da comienzo no es ni siquiera el principio del fin de la pandemia, sino –nada menos, pero nada más– otro tiempo de la misma que no viene marcado por distintas fases restrictivas sino por el diferente modo de enfrentarla ya que la actuación sanitaria puede centrarse en el seguimiento y control de los focos, como ha realizado Osakidetza en Basurto o Txagorritxu pero también como intenta el Instituto Robert Koch alemán en los mataderos de Schleswig-Holstein y Renania-Wetsfalia o la Comisión de Salud china en el mercado de abastos de Xinfadi en Pekín, por poner solo algunos ejemplos. Lo que se ha superado es –nada menos, pero nada más– la fase de la pandemia crítica para los recursos de salud pública tanto por el desconocimiento inicial sobre la realidad del coronavirus como por la consiguiente falta de recursos y medios para frenarlo, ambos globales. Y la dramática pérdida de 450.000 vidas en todo el mundo –la pandemia solo ha trasladado su epicentro a América– impide que se pueda confundir el fin de las principales medidas de restricción con el final de las de prevención. Que los sistemas de salud se hayan sobrepuesto al periodo crucial y estén en condiciones de controlar los nuevos episodios de contagio solo traslada del ámbito público e institucional al personal y privado la mayor parte de la responsabilidad frente a la covid-19.

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