La otra mirada

Del grifo de mi casa todavía brota agua

25.10.2021 | 00:28
Del grifo de mi casa todavía brota agua

ayman abría y cerraba el grifo maravillado de que con ese simple gesto saliera agua sin necesidad de recorrer kilómetros con los serones en el burro o con una pedarra en la cabeza, como hacían en su poblado del Sahara. A su vuelta ese gesto sería el recordatorio de su estadía vacacional en Euskadi. Sonará a "las mil y una noches", pero mil doscientos millones de personas no disponen de agua potable y otras tantas la consiguen con dificultad y de dudosa potabilidad. Pero como de mi grifo sale agua, es posible que esto no me interese mucho, aunque hoy los pantanos en España tengan embalsada un 12% de agua menos que la media de los últimos 10 años y hasta en Euskadi sea un 5% menor. Aunque octubre siempre haya sido urria, la verdad es que la escasez de agua aumenta año tras año.

No sé si será consecuencia del calentamiento global o del cambio climático, pero se le parece mucho, como recordamos ayer en el día internacional contra el acelerado Cambio Climático. Se deshielan los polos y glaciares, la contaminación y acidificación marinas blanquean los arrecifes coralinos, la isla de plástico del Pacífico aumenta sin cesar, los desplazados climáticos son ya una realidad in crescendo, los fenómenos meteorológicos extremos lluvias torrenciales, sequías, DANAs o huracanes son más frecuentes, potentes y catastróficos..., pero no nos parecen cercanos ni reales, sino difuminadas noticias lejanas que sucedan en el plasma de la tele y baste con cambiar de canal para poder eliminarlas. Incluso nos suenan lejanas algunas de las catástrofes que suceden a pocos cientos de kilómetros de aquí, como el saqueo en los acuíferos de Los Arenales, las Tablas de Daimiel, Doñana o del campo de Murcia, para regar de forma ilegal cien mil hectáreas; o el ecocidio en el Mar Menor, sea por sobreexplotación, por urbanismo desbocado o por contaminación con nitratos. Y aquí mismo, son muy pocos quienes denuncian la sustitución de bosques autóctonos por plantaciones masivas de eucaliptos que arrasan y esquilman los suelos... pero producen pingües beneficios.

Esperamos de la ciencia y de la tecnología que nos proporcionen las herramientas para frenar el cambio climático. Plásticos reciclados y reciclables, eliminar combustibles fósiles, utilizar fuentes de energía renovables, nuevas formas de fijar dióxido de carbono y metano, reducir vertidos, reutilizar materiales... Y como segunda pata frente a la crisis climática hemos sumado la idea de economía sostenible y circular, porque, ciertamente, sin economía no hay solución, pero si no es sostenible y circular tampoco habrá salida.

Pero para que haya estabilidad en la solución climática hace falta una tercera pata, y son los aspectos sociales de la lucha contra el cambio climático. De nada sirve conocer el problema si no se controla la ambición de unos pocos sobreexplotando acuíferos, urbanizando hasta el paroxismo o permitiendo la esquilma de los bosques, sean de la Amazonía o de la costa cantábrica preñada de eucaliptos.

Y como punto clave de esta tercera pata socioclimática la concienciación ciudadana. Algunos ya se han apuntado a un crucero en 2025 por aguas del presumiblemente derretido polo norte veraniego; puede que tengan tanto dinero como falta de escrúpulos y que les satisfaga enormemente la exclusividad turística, pero para la mayoría puede ser el principio para que dentro de poco nos admiremos como Ayman de que salga agua de nuestros grifos o sea tan cara que solo algunos privilegiados pueden acceder a ella.

Excepto los terraplanistas recalcitrantes, la mayoría sabemos que es así, pero miramos hacia el otro lado.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

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