La otra mirada

Sindémicos

15.02.2021 | 01:27
Sindémicos

La sentencia del juez Garrido es una medida contra la salud pública; es más una sentencia socioeconómica que sanitaria

el pasado septiembre del horribilis 2020, Miranda Giacomin y Nicholas Rule, investigadores de la Universidad de Toronto, recibieron el prestigioso Ig Nobel de psicología por haber creado un método para identificar narcisistas, egocéntricos y vanidosos simplemente examinando sus cejas. Su método Cejas delatoras se basa en que los poseedores de cejas pobladas y con formas singulares son las que más buscan el reconocimiento, admiración y ser centro de atención. Podría ser al revés, que alguien busque ser personaje de interés dejándose cejas pobladas y acicalándolas de forma peculiar. Este sesudo premio Ig Nobel primero nos hizo reír para después pensar. Y ahora, con la mascarilla como embozo permanente, el resalte cejudo cobra, si cabe, mayor importancia. Enarcarlas de uno u otro modo o fruncir el ceño sería arte de reconocimiento narcisista. No sé si el juez Garrido hizo un cursillito para ser magistrado de tribunales superiores, pero me he fijado en sus cejas, y como son normales, si no buscaba la notoriedad con ellas, lo ha conseguido con una explicación epidemiológica, digamos peculiar, de su sentencia; lo ha clavado, de modo que Miranda & Nicholas deberían plantearse otros test de narcisismo, como la capacidad de epidemiólogos y esteticistas de cejas para explicar autos jurídicos, por ejemplo.

Cuando esta semana se cumple un año del primer fallecimiento oficial por covid-19 y hoy ya son más de 63.000 los sobremuertos, unos 190 fallecidos al día de media, con la muy posible negra expectativa de llegar a 100.000, me tentaría la ropa y cosería la boca antes de afirmar incongruencias. Más cuando su palabra escrita obliga a todos; así que parece tener razón el experto de la Organización Mundial de la Salud Daniel López Acuña, al afirmar que la sentencia de este juez es una medida contra la salud pública. Tal vez porque haya sido una sentencia muchísimo más socioeconómica que sanitaria.

Pero no creo que haya sido la única andanada contra la salud pública. Sin ir más lejos, después de ver ayer la tramoya de EPI electorales en colegios, mercados, polideportivos y otros variopintos lugares para poder votar en Catalunya, me pregunto en qué bando juegan los jueces que han obligado a que se celebren estas elecciones justo en el punto álgido del estado de alarma sanitaria. Las cejas de estos jueces no pueden ser la razón.

Tal vez la mayoría caminemos pensando que solo padecemos una pandemia sanitaria sin percatarnos de que la realidad de este último año sea una auténtica sindemia, concepto acuñado por el antropólogo médico Merrill Singer para definir la situación que sufrimos como un conjunto de interacciones biológicas, sanitarias y sociales. Está claro que el permiso de apertura de la hostelería o el aval judicial a elecciones de alto riesgo sanitario nos sitúa en esta urdimbre endiabladamente trabada de intereses sindémicos, sean sociales, económicos, políticos o geoestratégicos. Como reconocía esta misma semana el ministro de Justicia de Israel, ellos vacunan mucho porque han comprado más dosis después de pagar más que otros países. Poderoso caballero es don dinero, también para la salud.

Bueno sería que comencemos a asimilar que las nuevas pandemias (víricas las más) a las que inexorablemente nos veremos abocados en adelante, no serán solo sanitarias sino sindémicas con el cambio climático y sus desplazados, falta de agua, contaminación de océanos, fuentes de energía, inestabilidad laboral, inmigración€ Y que en todas estas nuevas crisis venideras puede que la seguridad sanitaria comunitaria no sea lo que más importe a todos. Entre otros a ciertos jueces, solo por citar.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika