Con acento europeo

La Conferencia sobre el Futuro de Europa o el antídoto del Brexit

01.02.2020 | 06:22

LA salida del Reino Unido de la UE ha supuesto la primera quiebra grave del proyecto de construcción europea emprendido con la firma del Tratado de Roma en 1957. En un momento tan crítico, las instituciones de Bruselas plantean la realización de una Conferencia sobre el futuro de Europa como réplica de afán europeísta y para la definición de los grandes objetivos de la Unión a largo plazo. El momento también puede interpretarse como oportunidad para luchar contra la desafección de los ciudadanos hacia el entramado técnico-político de la capital europea. Los buenos resultados de participación en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo en mayo, especialmente, entre los votantes más jóvenes, puede servir de trampolín para poner en marcha un proceso de reactivación de Europa. Sin embargo, como toda iniciativa grandilocuente, corre el riesgo de quedar en nada lo que supondría un fracaso estrepitoso por las expectativas frustradas, como ya sucedió con el proyecto de Constitución Europea, tumbado en referéndum en Francia y Holanda.

reforma del tratado En su discurso de presentación como candidata a Presidenta de la Comisión Europea ante el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen, se comprometió a convocar en 2020 una Conferencia sobre el Futuro de Europa, abierta a la participación de toda la ciudadanía europea. La Conferencia se encargaría de establecer los grandes objetivos de futuro de la UE, que posteriormente serían implementados a partir del 2022. Se trataría, por tanto, de un amplio proceso reflexivo que debería culminar en la reforma del Tratado de Lisboa completando una amplia reforma institucional y estableciendo la Agenda Europea hasta 2050. Este tipo de iniciativas se han producido en la historia de la Unión en varias ocasiones con mayor o menor fortuna. La primera e histórica fue el Acta Única, logro del gran presidente de la Comisión, Jacques Delors, para superar el objetivo de Mercado Común para alcanzar el objetivo de Mercado Interior que implicaría un espacio sin fronteras interiores, en el que la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales estaría garantizada. Y, por el contrario, la mayor decepción fue el Tratado Constitucional aprobado el 18 de junio de 2003 y tumbado en sendos referéndums en Francia y Holanda en 2005.

Un objetivo franco-alemán La mayor baza para el éxito de la Conferencia sobre el futuro de Europa reside en la voluntad común expresada por el eje franco-alemán, el verdadero motor de la Unión. Berlín y París presentaron el pasado mes de noviembre un documento informal con que propone cinco principios guía para la Conferencia: Amplia participación institucional. Tratamiento de todas las cuestiones clave sobre el futuro de Europa: su papel en el mundo, defensa, vecindad, migraciones, modelo económico, Estado del bienestar, valores europeos, etc. Se desarrollarán en dos fases: una preparatoria, desde principios de 2021 hasta el verano de 2021, bajo la presidencia alemana de la UE, y una definitiva, desde el verano de 2021, hasta primeros de 2022, bajo la presidencia francesa de la UE. Se pretende la máxima participación de la ciudadanía europea y, por último, los resultados esperados consisten en un documento de recomendaciones, el debate institucional y la ejecución de las conclusiones por parte del Consejo Europeo, o lo que es lo mismo, la propuesta de reforma del Tratado de la UE.

Avanzar o morir La realidad es que como siempre ha ocurrido con el proyecto europeo, estamos urgidos por las circunstancias. Primero por la tragedia que la Unión supone la salida del Reino Unido. El Brexit nos obliga a buscar una relación futura satisfactoria con los británicos, a la vez que nos pone ante el espejo de la fortaleza de nuestra unidad. Al mismo tiempo, la defensa de la democracia y los derechos humanos, pilares del espacio europeo, están siendo puestos en tela de juicio por formaciones políticas ultras, de tinte populista. Sin soluciones a problemas complejos, se impondrá el camino tan fácil como engañoso de las posiciones eurófobas. Por otro lado, el sueño de uno de los padres fundadores europeos, Jean Monnet, de unir personas y no Estados, está lejos de cumplirse y la desafección de los ciudadanos hacia la UE es notable. Y, para concluir el panorama crítico, el mundo se debate en una batalla hegemónica entre Estados Unidos y China. Si Europa no es capaz de diseñar un futuro decidido unido, ya solo le quedará la triste opción de elegir de cuál de los dos quiere ser colonia.