Es reconfortante comprobar que la presidenta de la Comunidad de Madrid, una vez atendidos los pequeños asuntos locales -sanidad tensionada, vivienda imposible, transporte creativo- ha podido dedicar tiempo a lo verdaderamente importante: viajar a Argentina para hablar de política internacional. Porque, seamos sinceros, ningún madrileño concilia mejor el sueño si no sabe qué opina su presidenta sobre Venezuela desde Buenos Aires.
El viaje se ha descrito como personal, aunque con agenda, fotos oficiales y reuniones presidenciales. Un concepto fascinante: algo así como turismo institucional con conciencia geopolítica. Ignoro qué competencias autonómicas se desbloquean al cruzar el Atlántico, pero confío en que el alquiler en Madrid baje gracias a este esfuerzo diplomático.