Mi padre, un pensionista de 82 años, decidió el pasado mes de diciembre confiar sus ahorros de toda la vida en su oficina bancaria “de siempre”. El único requisito que expuso a la comercial que le atendió era preservar ante todo el capital invertido. Si luego ganaba 1 euro, pues miel sobre hojuelas. La respuesta de esta comercial fue el ofrecimiento de un producto financiero que “aseguraba el capital invertido” llamado Cartera Evolución, un fondo de inversión con mínimo riesgo. La desagradable sorpresa vino el pasado mes de septiembre, cuando mi padre se dirigió de nuevo a su oficina de caja de ahorros interesándose por su inversión y pudo comprobar que, desgraciadamente, llevaba perdidos 4.600 euros. Automáticamente, rescindió el fondo de inversión y ante la pertinente reclamación ante la directora de la oficina, la respuesta fue: “Su padre ha firmado unos documentos en los que indica claramente el riesgo en la inversión en este tipo de productos”. Me da la sensación de que, cuando un comercial del sector de banca, energético o de la telefonía tiene delante a uno de nuestros mayores se frota las manos, viendo ante sí un negocio seguro. Por cierto, ¿ustedes se leen por completo todas las hojas que les pone delante el director o directora a de la sucursal bancaria de su confianza cuando les ofrecen un producto financiero?
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