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Cartas al director

Radio Macuto

Radio Macuto

Era sordo de un ojo, pero gozaba de una estupenda visión en ambos oídos. En las siete calles era conocido como Macuto. Parecía lelo, pero no. Sintonizaba susurros y se iba con el cuento a buscarles rédito. Tan a menudo, que le vieron las cartas tiempo atrás y, en realidad, lo utilizaban unos y otros para enviarse recados de naturaleza dispersa y en onda corta. Él lo sabía y se dejaba. Y así, si uno estaba dispuesto a aceptar la oferta que rechazó la noche anterior, compartía reflexión cerquita de Macuto en la barra de un bar, y con una copa para tragarse el orgullo, que es un plato que sale muy caro para lo indigesto que resulta. El telégrafo humano apuraba el vino y salía pitando a darle vida al rumor. Y cuando volvía a la barra, entre canciones de gramola, soltaba otro. Macuto murió de largo, con la cara de lelo que ocultaba su talento, masticando un chisme que aún tuvo tiempo de soplar al aire. Y haciendo cátedra. Tuvo un negocio seguro. Siempre habrá gente en el bar. Y rumores en el aire.