Un faro en la tormenta

26.04.2022 | 00:13
Un faro en la tormenta

THOMAS Jefferson escribió: "Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin un gobierno, no vacilaría ni un instante en preferir esto segundo". La desafección de la política no viene generada por sus errores, que también, sino por el convencimiento público de encontrarnos sumergidos en un desprestigio político que nada con comodidad y absoluta impunidad en el reino de la mentira y la improvisación, surgiendo una desconfianza creciente en la ciudadanía hacia un deficiente funcionamiento de la democracia, a la que se cuestiona su capacidad de afrontar nuevos problemas globales y regionales. Ante esta situación, el periodismo se constituye en el faro de la democracia y en la esperanza de una información limpia y clarividente que dote al ciudadano de una perspectiva más veraz para cuestionar y formar criterio sobre los variados acontecimientos que afectan a la sociedad. Una nación bien informada está más preparada para fomentar la ética y erradicar la corrupción, dejando de lado las soluciones populistas y la fosilización moral de cuantos se vendan los ojos esperando un brillante amanecer. La sociedad tolera ser tomada por tonta mientras el sistema funciona, pero no así cuando tantos factores están entrando en una preocupante crisis, disfrazada de modo poco sensible, en la que vemos paralizado nuestro propio destino. En los niños comienza un futuro que ya estamos malogrando con el secuestro de armas educativas esenciales para el pensamiento crítico. Hay farsantes tanto en política como en sociedad, pero la responsabilidad es enormemente superior para los primeros, por conllevar una dimensión pública. El ciudadano se somete al autoengaño de unos principios por los que nada sacrifica, si no es leer un periódico diferente al del vecino. El ideario de una sociedad burguesa, en la que ya se acomodan todas las ideologías, se quiebra cuando se pone en juego el futuro personal. Los Quijotes se recuperan de su bella locura altruista y se tornan Sanchos.

La libertad informativa, como función social, es hoy imprescindible. El derecho a ser informado puede ser manipulado, convirtiéndolo en un arma que modifique las sociedades. Perder los matices y el respeto al pensamiento es un drama de la sociedad actual. El deber periodístico es filtrar la información de los hechos con una impecable conducta ética que prevalezca ante cualquier interés, apartándose del desajuste que muestran algunos medios entre su línea editorial y su línea informativa. Si los medios de comunicación pierden este rigor, pueden pasar a formar parte de un cuestionable entretenimiento, con el riesgo implícito de su desaparición. El respeto a la libertad va directamente unido al respeto de la prensa con su libre circulación de ideas. Hay medios que sacrifican su independencia y calidad informativa, practicando una visible endogamia con la política, el capital y los apellidos convenientes.

Como señalaba Ortega, España está haciendo historia sin sentido histórico, en una democracia limitada por esa tendencia hacia el autoritarismo de la vida pública. Se consolida el cinismo negando las fuentes de los problemas y marginando a las clases populares, mientras los corsarios del capital marcan el paso. El autoengaño social del que hablaba Sartre no nos hará mejorar. La guerra a las puertas de Europa sirve al gobierno para generalizar la crisis como un problema mundial, ocultando incapacidades de gobernanza nacional que pueden arrastrarnos a una recesión si no se toman medidas inmediatas.

Las democracias europeas se enfrentan a tiempos delicados. En Ucrania está presente el escalofrío de la muerte; la luna blanca, entre las nubes nocturnas, presencia la terrible telaraña tejida por Vladímir Putin, en la que se derrama la sangre de hombres, mujeres y niños; hombres que al llorar se vuelven niños y mujeres que al llorar se vuelven mayores. El miedo, contagioso como todo sentimiento, pone en alerta al ser humano. Sabemos que la sabiduría es estar enamorados de vivir en un contexto de paz, pero la historia, en la que sigue estando soterrada la guerra, nos dice burlona que la paz continúa siendo provisional. * Analista

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