¿Quién es la gente normal?

No ha sido el primero  el aspirante a la alcaldía  de Iruñea en arrogarse la representación de la sociedad “normal”. Ya lo hizo Aznar en su día. Pero esa arrogancia lo dice todo de una visión sectaria e intolerante. Avisados vamos

09.02.2020 | 05:13

RESULTA difícil resistir la tentación de apostillar a un político desbocado que sostiene que él y solo él representa a "la gente normal" de una ciudad, gente que, por derecho divino se supone, merece hacerse cargo del gobierno de una ciudad, además de por los votos? Lo digo porque esta gente hasta cuando pierde cree que tiene derecho al gobierno y que los "anormales" les usurpan derechos consuetudinarios.

Decir esto resulta ofensivo más que inelegante. De haber venido el conceto de boca de alguno de los catalogados como "anormales", hubiese sido un drama, uno de tantos, con gran acompañamiento de rasgado de vestiduras; ellos, sin embargo, están en su pleno derecho de ofender a quienes les venga en gana. Resulta difícil no responder a la ofensa con el insulto burlesco, que es lo que se merece Maya, el aspirante a alcalde de Pamplona, algo temible en quien de esa manera desvela su mentalidad e ideología. Visto desde lejos (por fortuna) resulta grotesco.

Obviamente, dada la repugnancia que siento por estas cucamonas de casino, debo considerarme entre los "anormales", aunque no compartamos gran cosa. No sé cómo decirlo de otro modo. ¿Quién es la gente normal? Obviamente la gente de orden, o a este sometida, temible gente esta, más ahora que nunca, y más o menos acomodada, sin problemas cotidianos, que ve en peligro sus creencias, sus dogmas de fe envueltos en hormigón y sus canonjías.

La normalidad es, por tanto, un conceto de clase que habría que discutir para poder discutir el conceto ¿no? Porque de casta y clase se trata aquí. Resulta que en Pamplona la suma total de "anormales", sean estos de la anormalidad que sean, supera con mucho a la de los normales, gente de ordeno y mando, porra, misa y olla, nunca mejor dicho. Pero pa qué vas a decir nada si el aspirante a alcalde se lo dice todo él solo: revela una visión social sectaria e intolerante por desgracia muy compartida. Vamos avisados.

Alrededor del tapete Y es que andamos a ver qué sale de la partida de tute en la que electos y no electos andan metidos para asegurarse los puestos de gobierno o la jugosa sombra de este. Los votantes no pasamos de ser meros espectadores de la partida (aunque terminemos pagando el gasto), que vemos los envites de las barajas marcadas con pavor y andamos por un motivo u otro en un ay.

¿Qué será, qué no será, si más de lo mismo o algo peor? Los tahúres están en acción, tanto los que han sacado acta como los asesores de la sombra, que son los que en el fondo deciden, como ya tuvimos ocasión de padecer en más de una ocasión ¿Se acuerdan de Pepiño y sus bandarras? Pactos, promesas, alianzas? salvo que ganen los tuyos, todo está amañado; pero burlas al margen no hace falta ser militante de nada para darse cuenta de que sería una desgracia tanto en los ayuntamientos y gobiernos autonómicos como en el nacional que el gobierno cayera en manos reaccionarias que con seguridad se iban a aplicar en políticas regresivas y dañinas, las mismas que han probado durante años y más que son las suyas, su único programa de gobierno.

Mientras, se va el emérito. Aunque lo cierto es que la noticia de la retirada de la vida pública del Borbón emérito no la entiendo bien. No creo que se retire a un monasterio a ponerse a dieta, como Carlos V, porque a mí me da la impresión de que la dieta no va con él y la vida monástica, menos. ¿Para qué se va, para hacer a escondidas lo que hacía en público? ¿En qué ha consistido su vida pública emérita? ¿Se refieren acaso a los restaurantes, bodegas, plazas de toros, campos de fútbol, veleros, funerales de los suyos que no nos conciernen?? Francamente, no lo sé. Sí es cierto que, en la baraja esta con la que nos hacen jugar hasta a los que no sabemos, ha sido un comodín de todas las salsas. Un comodín que, a fuerza de sobarlo, se va del tapete con más sombras que claros y con una porción de sotas de bastos guardándole la retirada.* Escritor

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