Ojos
HOY, a partir de hoy, y en unaincierta temporada, he de acogerenmí otros ojos generosamenteprestados, que guíen mi pluma porla oscuridad de las cataratas.Me desconocíaasí, valorando en su valiosoalcance los sentidos que hoy se escurren.Me desconocía sin leer. Perohoy, alguienmelee la voz de Miguel:“Me desconozco”, dices; masmira,ten por cierto que a conocerse empiezael hombre cuando clama me desconozco,y llora; entonces a sus ojosel corazón abierto descubre de suvida la verdadera trama; entonces essu aurora.
Quizá, así, desasido, y sinmás verque aquello que en el fondo de losfondos clama, las luces abismalesse tornen compañeras de la vozdadivosa -y luminosa- que generosamenteinsiste, la que por mi hoyteclea la nobleza verso a verso:No, nadie se conoce, hasta que no letoca la luz de un alma hermana quede lo eterno llega y el fondo le ilumina;tus íntimos sentires florecen enmi boca, tu vista está en mis ojos,mira por mí, mi ciega, mira por míy camina.
Alguien, seguro que alguien por tirespira, pues somos respirados,espirados e inspirados por un amorsin nombre, hecho tacto y cuerpo;el que ve, y vela, en las oscurashoras, donde tan sólo fulge la antorchaincombustible:…veré por ti, confía; tu vista es estelazo que a ti me ató, mis ojos sonpara ti la prenda de un caminarseguro...
En este lluvioso enero de un Bilbao,mis párpados, también de plomo,persiguen el sentido que late enlos sentidos que no aciertan. Hornoamoroso, sin asomo de duda. Ojosde luz de Don Miguel en los amigoslabios que se dejan decir:¿Qué importa que los tuyos no veanel camino, si dan luz a los míos ymelo alumbran todo con su tranquilalumbre? Apóyate en mis hombros,confíate al Destino. Veré por ti, miciega, te apartaré del lodo, te llevaréa la cumbre.
Vives, Miguel, muy vivo.