El maratón de Roma ha contado este domingo con un participante poco habitual: el cardenal francés Jean-Paul Vesco, conocido como el “cardenal maratoneta”, que se ha sumado a los miles de corredores con el objetivo de superar su marca personal.
La carrera arrancó a los pies del Coliseo de Roma y recorrió los 42,195 kilómetros por los principales enclaves de la ciudad hasta el Circo Máximo. Vesco, con camiseta y dorsal con los colores del Vaticano, corrió junto a unos 32.000 atletas de todo el mundo bajo un cielo amenazante de lluvia. Su meta era mejorar su registro de 2 horas, 53 minutos y 38 segundos, logrado en la maratón de Nueva York en 1989.
De abogado a cardenal
Nacido en Lyon en 1962, Vesco soñó de joven con ser atleta profesional, pero su vida tomó otro rumbo: estudió Derecho y ejerció como abogado en París hasta que en 1994 sintió la vocación religiosa. Ingresó en la orden dominica, fue ordenado sacerdote en 2001 y posteriormente enviado como misionero a Argelia, donde llegó a ser arzobispo. En 2024, el papa Papa Francisco lo nombró cardenal.
Además, fue uno de los cardenales electores que participaron en el cónclave que eligió al actual pontífice, León XIV, también aficionado al deporte.
El deporte como “escuela de vida”
En la víspera de la carrera, Vesco ofició una misa en la iglesia de Ara Coeli donde reflexionó sobre el valor del deporte: “la maratón es una escuela de vida”, afirmó, destacando su papel como terapia física y emocional. También subrayó que correr enseña unidad y compañerismo, ya que los participantes no compiten entre sí, sino que comparten el esfuerzo.
El cardenal corrió acompañado de su amigo argelino Khaled, enfermo de cáncer desde hace años, a quien definió como “su héroe”.
Vesco no estuvo solo: participó junto a miembros de la Atlética Vaticana, un equipo formado por religiosos, funcionarios y ciudadanos del Vaticano, incluyendo miembros de la Guardia Suiza y la monja Marie-Théo, conocida como “la maratoneta de Dios”.
El recorrido pasó también por la plaza de San Pedro, donde el papa León XIV aprovechó el Ángelus para destacar el evento como un símbolo de convivencia y esperanza, subrayando que el deporte puede “trazar senderos de paz, inclusión social y espiritualidad”.