Toallitas húmedas, tienes un 'monstruo' en tu WC
Las toallitas húmedas dañan nuestro inodoro, las depuradoras y el medio ambiente. Las llaman ‘monstruos’ por su forma de acumularse. El Gobierno plantea prohibir tirarlas al váter y que los fabricantes paguen por su impacto
"Se recuerda que no se tiren por el WC toallitas que no son degradables y empeoran la situación de los atascos”. Es el mensaje lanzado en la última reunión, y posterior acta, de mi comunidad. Lejos de afectar solo a mis vecinos o a mí, el aumento del uso de las toallitas húmedas está suponiendo diversos problemas a nivel global. Visibles y cercanos, cuando bloquean nuestro inodoro y el del resto de viviendas de nuestra comunidad y tenemos que llamar para que nos lo desatasquen. Y más invisibles y lejanos, cuando obstruyen las redes de alcantarillado y depuradoras públicas e impactan en el entorno natural.
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Son muy útiles y por eso cada vez más gente las usa (incluido este quien escribe), al facilitar y mejorar la higiene personal e íntima y la limpieza tanto en nuestro hogar como en el exterior. Cada ciudadano del Estado usa de media 15 kilos de toallitas al año, según un informe de SEO/BirdLife y Ecoembes. Se trata de un buen negocio con tendencia al alza: el mercado global de toallitas húmedas se situó en 2025 en casi 16 mil millones de euros, y se prevé que supere los 19 mil millones de euros en 2030, según Mordor Intelligence, una firma global de consultoría e investigación de mercado.
La cuestión comienza cuando las tiramos de manera habitual al WC, porque no se descomponen, sino que se agrandan en el camino al empaparse de agua y otros residuos. Cuando empezó a manifestarse este problema, en Londres las llamaron fatbergs(de fat, grasa y bergs, icebergs), y por aquí monstruos, por el tamaño y forma que pueden llegar a formar. Los operarios de los servicios de alcantarillado y tratamiento de aguas residuales han llegado a recoger monstruos formados por toallitas húmedas y otros con tamaños de varias decenas de metros y pesos de entre varios centenares de kilos a incluso varios centenares de toneladas.
Diversos impactos
Las consecuencias las podemos sufrir en primera persona, puesto que se pueden quedar atascadas en las tuberías de nuestras viviendas. Consultando precios actuales medios del sector, desatascar un WC de toallitas húmedas puede costar entre 70 euros y 150 euros si solo hay que recurrir a una sonda o un desatascador. Si el atasco es más grave y hay que acudir al uso de camiones cuba con agua a presión, el coste oscila entre los 180 euros y los 450 euros. Dependiendo del tamaño del edificio y la magnitud del atasco, el precio puede llegar hasta los 900 euros. Si el servicio se solicita en festivos o nocturnos como urgencia, el precio puede aumentar entre un 20% y un 50%.
Pero el impacto de los monstruos no se queda solo en nuestros hogares. Desde la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS) explican que provocan roturas y el incremento de las labores de limpieza y tratamiento en las redes de saneamiento, aumentando los costes del servicio. En este sentido, los expertos de AEAS calculan que la limpieza de toallitas en las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) supone un coste adicional de unos 230 millones de euros al año. El personal de estas instalaciones, por su parte, sufre un trabajo extra manual en unas condiciones ya de por sí duras.
El medio ambiente es otro de los grandes perjudicados por las toallitas húmedas. Incluso las que se etiquetan como biodegradables pueden permanecer en el entorno durante años. Sus fibras y microfibras, así como las sustancias de las que pueden estar compuestas, pueden contaminar ríos y mares, y pueden ser ingeridas por animales marinos, causándoles la muerte. Estas fibras también actúan como esponjas tóxicas, al absorber productos químicos de las aguas residuales, subrayan desde la organización británica Final Straw Foundation.
En las EDAR, cuando se produce una sobrecarga, como por ejemplo cuando llueve mucho, entran en acción los salideros de protección, para que las aguas residuales no salgan por las alcantarillas.Los tapones por toallitas hacen que salten más fácilmente, produciendo vertidos en sitios y momentos que se desconoce, pudiendo estar horas y hasta días sin control, y donde habitualmente no deberían producirse, como en un entorno natural, un río, etc.
¿Biodegradables y desechables?
En el mercado podemos encontrar dos grandes tipos de toallitas húmedas, etiquetadas según la normativa europea UNE 149002:2019. Por un lado, las que por su composición no es conveniente tirarlas por el inodoro, por lo que hay que deshacerse de ellas en la basura. Por otro lado, las que en teoría se pueden arrojar al inodoro, ya que según la etiqueta de sus fabricantes están hechas “con 100% tejido biodegradable” y por tanto son “desechables” por el inodoro.
Aquí es cuando conviene aclarar el concepto biodegradable. Que un producto o un material lo sea, no significa que vaya a desaparecer en poco tiempo o con el simple contacto con el agua. Como dice un chiste de WaterHacker, un youtuber especializado en gestión de aguas, nuestro cuñado también es biodegradable, pero no por eso lo tiramos al inodoro. Diversos estudios han señalado que incluso las toallitas que se venden como biodegradables pueden tardar más de cien años en descomponerse por completo.
En este sentido, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) se suma al llamamiento de los expertos del sector de tratamiento de aguas residuales para que la ciudadanía no tire las toallitas húmedas por el inodoro, por mucho que su etiquetado así lo recomiende. Para saber lo que sí podemos arrojar al WC, desde AEAS aconsejan seguir la regla de las tres pes: “Pipí, Popó y Papel higiénico”. Para el resto aconsejan colocar una pequeña papelera al lado donde depositarlos.
¿Se phohibirán?
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicó el año pasado un proyecto de Real Decreto para regular “la gestión de los residuos de las toallitas húmedas y de los globos”. Según sus responsables, ambos productos figuran entre los diez residuos plásticos de un solo uso más comunes en las playas europeas, en concreto en quinto y noveno puesto, respectivamente.
En el caso de aprobarse dicha normativa, se prohibiría tirar toallitas húmedas al inodoro y soltar globos desechables de forma deliberada. Otra de las medidas que se pondrían en marcha sería que los productores de toallitas y globos de un solo uso asumieran los costes de pagar por la limpieza de infraestructuras de saneamiento y depuración, así como el transporte y tratamiento de los residuos, e incluso financiar campañas de concienciación ciudadana.
En cualquier caso, se apruebe o no dicha norma, entre todos y todas podemos reducir el impacto de las toallitas húmedas: utilizándolas sólo cuando sea imprescindible, y arrojarlas a una papelera y no por el WC, por mucho que lo ponga en la etiqueta.
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