Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Ruth en Kurutzeberri
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Delicado descenso por terreno kárstico
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Ruth en Elorreta
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
En la cima de Elorreta
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
El buzón de la primera cima
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
El refugio situado en la ladera de la sierra de Zaraia
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Descendiendo de Kurutzeberri
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Descendiendo camino de Mendiola
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Vistas desde la cima
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
La cima de Kurutzeberri
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Impresionate hayedo que atravesamos
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Siempre es bueno mirar atras
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Arrancamos la parte mas tecnica de la subida
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Salimos a terreno abierto
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Kurutzeberri nos aguarda
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Ultimos tramos de la subida por el bosque
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
La subida deja muchas estampas que inmortalizar
Gonzalo Pérez Zunzunegui
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.
Nos encaramamos a dos de las cimas más espectaculares de la sierra de Zaraia. Kurutzeberri, con su gigantesca cruz, que nos sirve de mirador, y Elorreta, incrustada en medio del la cresta, rodeada de un terreno kárstico incómodo de transitar pero impresionante de contemplar.