Síguenos en redes sociales:

Del apartheid al arte sanador: Igshaan Adams despliega su obra más vibrante en Bilbao

El Guggenheim expone los tapices coloristas y las nubes del artista sudafricano

Igshaan Adams crea tapices y "nubes de polvo" desde la danza para el Guggenheim

20

El artista sudafricano Igshaan Adams aborda las contradicciones de sus propias experiencias vitales en una nueva e importante exposición individual que presenta el GuggenheimBilbao. Nacido en 1982, Adams creció en Ciudad del Cabo durante el último periodo del apartheid, un sistema de segregación racial institucionalizada que finalizó en 1994. Fue clasificado como “de color”. Musulmán practicante, creció con abuelos cristianos y se identificó como homosexual, lo cual creó cierto conflicto sobre dónde encajar exactamente.

Una serie de circunstancias que han hecho que su obra representa una constante lucha interna: una búsqueda para comprender quién es, cómo encaja en el mundo y cómo gestionar las complejidades y contradicciones de su propia identidad en tensión con su cultura, comunidad y religión. 

La exposición Igshaan Adams. Levantando el polvo. El archivo del cuerpo es la tercera del ciclo expositivo del museo In Situ, en el que se invita a artistas a crear obras específicamente ideadas para su emplazamiento que entablen un diálogo con la arquitectura del edificio de Frank Gehry

Las huellas de danza

Las obras que se presentan en el Guggengheim están creadas a partir de una serie de performances dirigidas por Adams en unos talleres en Atenas, con la participación de bailarines sudafricanos y griegos, cuyas “huellas de danza” se utilizaron a modo de plantillas que se han transferido a una serie de grandes tapices tejidos para la exposición de Bilbao.

 “Para mí, esta es probablemente la exposición más vibrante y colorida que jamás haya hecho. Suelo sentirme atraído por exposiciones más terrenales y arraigadas. Pero esa experiencia en Atenas fue pura alegría y eso es lo que aquí he querido transmitir”.

Los grandes tapices expuestos aparecen suspendidos en el espacio, permitiendo que el público se mueva a su alrededor, algunos cuelgan de soportes curvos que revelan ambos lados del tejido. Adams emplea materiales como cuerdas abalorios, alambres y objetos encontrados para crear intrincadas superficies que reflejan las conexiones entre raza, religión sexualidad y memoria. En el techo, cuelgan también sus nubes, esculturas realizadas con alambre que rememoran los bailes que su familia, originaria de la zona norte de Sudáfrica, realizaban durante las ceremonias. “Pisaban el suelo y se creaban nubes de polvo”, lo cual era increíblemente bello y lo tengo como referencia para las esculturas”, ha señalado el artista.

En sus obras no utiliza materiales valiosos, sino humildes como alambre, cuerdas, abalorios y objetos encontrados, que sabe convertir en belleza.

Paz interior

Su trayectoria como artista comenzó con ciertas preguntas, ciertas curiosidades sobre la experiencia de su propio cuerpo como ser humano, especialmente en su juventud. El artista creció en la última década del apartheid, en los años 80, y su obra está atravesada por su historia personal y las estructuras sociales en general.

“Siempre digo que la estructura del apartheid era muy visible en mi hogar. Mi padre era de tez un poco más oscura, sentí que necesitaba un tono de piel acorde. Mi hermano, por ejemplo, tenía la piel un poco más clara. Descubrí que soy homosexual y musulmán, y esto también creó un conflicto interno. Así que en mi juventud, me sentía agobiado, que no estaba preparado para la vida. No tenía la estructura que consideraba necesaria para tener una vida plena. Y la gente siempre habla de esa paz interior...En algún momento decidí que iba a esforzarme por conseguirla”, confiesa el artista.

Así que empezó a hacer cosas diferentes para acceder a un espacio dentro de él que necesitaba ser reparado, reorganizado, reestructurado. “Había cosas que debían irse, que debían vaciarse. Una de las primeras y más significativas cosas que hice en este sentido fue invitar a mi padre a participar en una performance conmigo. En ella, lavaba y preparaba mi cuerpo según el ritual islámico de entierro. Claro que no fingía estar muerto, tenía los ojos abiertos. Estaba vivo y se trataba de intentar aniquilar una versión de mí mismo, una versión más joven de ese niño que solo podía verlo reflejado en ese personaje monstruoso. Nunca pude relacionarme con él como padre. Este ritual fue muy efectivo. Inmediatamente sentí empatía y supe que esto iba a funcionar. Solo tenía que seguir adelante”, asegura.

Tras años de tratar de “vaciar un espacio lleno de chatarra”, todavía tiene “temas pendientes que resolver”, según ha confesado el artista, que ha llegado a la conclusión de que “el arte y especialmente el movimiento es la clave” por su potencial sanador. 

Te puede interesar:

Junto a Igshaan Adams han presentado la exposición la directora del Museo Guggenheim Bilbao, Miren Arzalluz y la comisaria Lekha Hileman. Para Miren Arzalluz “la exposición es a la vez inmersiva e introspectiva y en ella se muestra la maestría y el sentimiento con los que trabaja el artista, que pone en valor la actividad de tejer “como acto colectivo”.

Igshaan Adams. Levantando el polvo. El archivo del cuerpo se puede ver hasta el 1 de noviembre.