El callejón de las botxerías

El Teatro Arriaga se engalana en la XXIV edición de los Premios Max

05.10.2021 | 01:23

FUE todo un espectáculo, una maravilla que temimos haber perdido para siempre hace no mucho. Fue la vida alegre que sale a escena y a la calle en la tarde en la que celebró la ceremonia de entrega de los Premios Max en el Teatro Arriaga y sus alrededores, sembrados de alfombras rojas, reencuentros y emociones derrochadas. Allí en la calle, sobre un andamio, Guido Di Marzio, hizo arte en vivo y unos metros más abajo Yogurinha Borova, con la cabeza emplumada en mil colores y un antifaz gigante bañado en brillantina (luego llevaría las riendas cómicas de la gala...), ponía una nota de color. En los corros se respiraba la expectación por el espectáculo que habían diseñado Calixto Bieito y Alex Gerediaga y todo eran ensueños. Por ejemplo, el escritor Bernardo Atxaga se saludaba con Iratxe Ansa, Premio Nacional de Danza 2020 (sobre el escenario más tarde Atxaga citaría a Emilio Aragón, Miliki y a Blas de Otero...), con Igor Bacovich por testigo; Lluc Fruitós sujetaba en brazos al asistente más joven de la gala y el bailarín Igor Yebra se saludaba con la actriz Ane Pikaza, con el presidente de la SGAE en el País Vasco, Óscar Castaño, Garbitxu y Óscar Arroyo por testigos. Uno de los integrantes de Antoinelucía de blanco purísimo, Jesús Carmona se cubría con un aparatoso sombrero cordobés; Carmen Barrantes y Jorge Usón sembraban alegrías; Afrika Bibang y el bertsolari Jon Maia posaban como lo que son: dos grandes. Asier Etxeandia puso el broche a la gala con una interpretación del Baga, biga, higa de Mikel Laboa y un texto recitado que hablaba de la gente de la escena como estrellas fugaces.

Las imágenes de la gala de entrega de los Premios MAX. Fotos: José Mari Martínez

He ahí una de las hojas del gigantesco retablo que se desplegó en el Teatro Arriaga. Allí se encontraban José Ignacio Malaina, Izaskun Aranzaz o Jon Rozadilla, buena gente de la casa, que fueron solucionando dificultades de última hora y dando la bienvenida a todos los asistentes antes de que Alejandro Andújar recogiese el primer premio de la noche poco después de que unos bertsos del propio Jon Maia se saludasen con unas palabras procedentes de dos mundos bien distintos. Entre los asistentes se encontraban Daniel Vega, Luis Cancelo, Manolo Gómez; Joan Carereras y Mireia Aixalá cuyos nombres ya sobrevolaban en las quinielas, o la gran dama de la noche, Gemma Cuervo, quien acudió acompañada por sus hijas Cayetana y Natalia Guillén Cuervo.

A Gemma le acompañaron las autoridades de la tarde noche. Ahí se encontraban el ministro de Cultura, Miquel Iceta; el consejero de Cultura y Política Lingüistica, Bingen Zupiria; el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto; el presidente de la Fundación SGAE, Juan José Solana; el presidente de la SGAE, Antonio Onetti, el delegado del Gobierno, Denis Itxaso; la diputada de Cultura, Lorea Bilbao; la presidenta de Juntas Generales, Ana Otadui; Gonzalo Olabarria, Nekane Alonso, Ana Viñals, Alfonso Gil, Jone Goirizelaia, Cristina Rodríguez, Begoña Ibarra, Fernando Pérez, voz cantante de Azkuna Zentroa; Daniel Vega, emisario del Guggenheim, Itziar Lazkano, Gemma Martínez, Gorka Mínguez, Chema Trujillo, Patxi Barcos, Joly Pascualena, Maribel Salas, Sol Maguna, Iker Huitz, Marcell Borrás, Nao Albert, Olatz Ganboa, Esther Velasco, Vicente Reyes, Xabier Basañez, del BEC, Iñigo Urrutia, Julio Llarena, Paula Parra, Ignacio Casado, Iker Sánchez Silva, director de Bilbao Sinfonietta; Asun Noales y un buen número de gente del teatro, la danza y la vida.

El Teatro Arriaga se engalanó con alfombras rojas, reencuentros y emoción en la XXIV edición de los Premios Max

Dos horas antes, los alrededores del teatro aguardaban, expectantes, la gala creada por Calixto Bieito y Alex Gerediaga


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