La energía y la pulsión creativa del escultor Remigio Mendiburu llegan al Bellas Artes de Bilbao

El Museo expone 120 obras de uno de los artistas vascos más significativos de la segunda mitad del siglo XX

13.04.2021 | 15:35

En una entrevista que se realizó el mismo, aunque firmó con el nombre de un periodista ficticio, Peter Bird, se pregunta de dónde surgía su obra, la necesidad de crear. Y Remigio Mendiburu contestaba que "su escultura, su trabajo artístico surgía de la energía de explicar sus vivencias terribles de la guerra en el exilio". Una historia que el escultor apenas había contado a nadie y que encontró en el arte la posibilidad de expresarse fuera del lenguaje, una manera de contar lo que de alguna manera no podía ser contado.

En 1936, con solo cinco años, Mendiburu, hijo de vascos republicanos, huyó con su familia a Barcelona y, al caer la República, sufrió un abrupto exilio en Francia. Allí fueron internados un tiempo en un campo de concentración y, después, durante cuatro o cinco años, sobrevivieron de una manera muy precaria en un entorno muy afectado por el hambre y la muerte, con condiciones de vida muy duras y extremas.

Cuando regresaron a Hondarribia, la vuelta no estuvo exenta de disgustos. Al final de su vida Mendiburu aún recordaba la impresión que le provocó contemplar muebles y enseres de su familia, que les habían sido confiscados, en casas de sus amigos.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao dedica una extraordinaria exposición, que bajo el título Mendiburu. Materia y memoria, reúne 120 obras de una de las figuras más singulares de la escultura vasca de la segunda mitad del siglo XX. Su trayectoria se inscribe dentro del proceso de renovación del arte vasco de ese momento, del que participó desde 1996 con el grupo Gaur, impulsado por Jorge Oteiza y en el que convivían las propuestas artísticas de Eduardo Chillida, Rafael Balerdi, Amable Arias, Sistiaga, Néstor Basterretxea y Zumeta. Con bagajes e intereses muy diversos y expresándose en distintos lenguajes, estos pintores y escultores compartieron la aspiración de romper el aislamiento de la dictadura franquista y recuperar lo propio a través de un arte comprometido con la vanguardia.

La exposición, encargada hace unos años por Javier Viar al comisario Juan Pablo Huércanos, subdirector del Museo Oteiza en Altzuza , está patrocinada por BBK.

"Mendiburu fue un creador enraizado en el panorama artístico de su época que no dejó nunca de mirar alrededor y que con un lenguaje propio desafió los convencionalismos y formalismos artísticos y y rompió los límites del espacio escultórico y su materialidad", explicó ayer el director del Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, durante la presentación de la exposición que permanecerá en el museo hasta el 5 de septiembre.

Junto a él, se encontraba el comisario y el director general de BBK, Gorka Martínez, quien manifestó el interés de la institución por seguir "difundiendo el arte vasco al público general de forma didáctica con el objetivo de progresar como sociedad y como país".

Las más de 100 obras se podrán disfrutar en la sala del Museo que suele albergar el arte contemporáneo y que ha sido rediseñada para esta exposición por Aritz González.

Gracias a la familia Mendiburu y a otras colecciones, como las del Artium de Vitoria-Gasteiz o la del Museo San Telmo de Donostia, se han podido incluir en el proyecto obras menos conocidas del escultor, muchas de ellas inéditas, y en las que la madera, materia primordial de Mendiburu, está muy presentes.


RECORRIDO

" Me preguntaban si es una retrospectiva, en realidad es una introspectiva, un viaje introspectivo a través de las obras más singulares y menos convencionales de Mendiburu, que conectan con las preocupaciones acerca del sentido de la escultura en la segunda mitad del siglo XX", aclaraba Juan Pablo Huércanos, gran experto en el universo del escultor guipuzcoano.

Las obras –la mayoría esculturas, pero también hay pinturas y dibujo s–corresponden a las tres décadas de producción del artista, los años 60, 70 y 80. "Su obra representa una voluntad permanente de buscar un nuevo lugar para lo escultórico, más vital, más experiencial. Hay también una clara voluntad de alejar también la escultura del escenario de lo meramente contemplativo y de colocarlo en el plano de la experiencia. Esa materia y experiencia que le viene memoria resultan fundamental en la obra de Mendiburu", explica el comisario.

Juan Pablo Huércanos ahonda en esta exposición en aspectos que son esenciales como la idea de la complejidad de lo constructivo en la obra de Mendiburu y cómo a partir de los 70, desarrolló un modo de construir mediante ensamblajes, de formas encadenadas, en las que la forma resultante no es fruto de un diseño previo sino el resultado de un proceso de trabajo. Una aportación importante de su trabajo, que lo diferencia de otros autores.

"Y hay una idea de una escultura que se dispone en el lugar, y eso también es importante, porque lo relaciona con gran parte de la problemática de la escultura que a partir de la segunda mitad del siglo XX se está planteando en otras latitudes y otras claves", añade el comisario.

Al visitar la sala 32, donde se presenta la exposición, el espectador siente una sensación de adentrarse en un territorio en el que ocurren cosas alrededor que se activan en función de nuestros movimientos. En ella, se pueden ver piezas del escultorde Hondarribia como Aizkolari (1964), en el que se muestra el tronco de madera con sus heridas: "De alguna manera el tema de la escultura no es lo que se muestra, sino lo que le falta", puntualiza el comisario.

El visitante también puede ver Txalaparta (1966), que se convirtió en imagen del movimiento Ez dok Amairu, o Udarregi, un homenaje del artista a su amigo bertsolari Juan José Alkain, que se articula casi como un gran abrazo.
Remigio Mendiburu (Hondarribia, 1931-Barcelona, 1990) no se rindió nunca, pocos años antes de morir encontró nuevas referencias. En la exposición también se pueden ver obras que hablan de sus experiencias en el exilio, en las que emerge el relato y la representación de estas vivencias. Contó la historia que no había contado.

noticias de deia