Hoy, Leonard Cohen celebra su 80 cumpleaños. La voz monocorde y grave del canadiense -bohemio irredento, hijo de la diáspora judía y aficionado a la meditación zen- regresa el martes con su 13º disco, Popular problems (Sony), en el que vuelve a cantarle, con versos lúcidos y sabios, al amor, a los conflictos humanos y políticos, y a la espiritualidad, a ritmo de blues, gospel y country. “Incluso cuando las noticias son malas, me tienes cantando? me gustaría continuar”, canta en uno de los temas.

Cohen se ha pasado esta semana por la embajada londinense de su país para presentar a la prensa su último retoño, el 13º CD de su carrera, que confirma una época hiperactiva para un hombre de su edad y su filosofía vital. “Me gusta lento”, canta en un tema nuevo. Cohen, a sus 80 años, asegura que no pretende “inventar la rueda”, en alusión a su reciente trabajo. Pero lo cierto es que su rueda sigue girando, y le muestra satisfecho de su momento vital, a la vez que sabio.

No en vano, Popular problems refleja, en palabras de su autor, “el mundo en el que vivimos, su atmósfera”. Ya lo dejó caer cuando presentó su anterior trabajo, otro “manual para vivir con la derrota”. El Premio de Asturias de las Letras en 2011 es el productor del álbum, cuya génesis tuvo lugar durante la gira de su anterior disco, Old ideas (2012), un trabajo que logró el mayor éxito comercial de su carrera, alcanzando el número 1 en Canadá y en el Estado español, y el tercer puesto en Estados Unidos.

La rueda de Cohen sigue girando más rápido que nunca, ya que la composición de las nueve canciones de su nuevo disco resultó muy fluida, a pesar de ser compartida. Él, las letras; las músicas, las firma Patrick Leonard, colaborador de Madonna, Elton John y el ex Pink Floyd Roger Waters. Música sencilla y sentida, y letras marcadas por la poesía y la experiencia. Nuevos tonos, notas y canciones “para la esperanza y la desesperación, para el dolor y la alegría”, según su autor.

Popular problems es corto, dura apenas 36 minutos. Pero una escucha apresurada ya revela muchos aciertos y sentimientos en estas canciones que, como su título sugiere, nos competen a todos, ya que hablan de amor, desamor, conflictos, religión y unidad. Cohen, más enjuto que nunca y siempre con su traje elegante y su sombrero Fedora, sigue recitando más que cantando, con su voz más cavernosa que nunca, apoyándose en sus sempiternos coros femeninos, protagonizados por Charlean Carmon, Dana Glover y Donna Delory.

“No sé si hago blues, gospel o country; no quiero inventar la rueda o lo que ya existe”, explicó Cohen. Tiene razón, su disco suena a clasicismo y está marcado por la sencillez rítmica, instrumental y en arreglos. Lo que no resta ni un ápice de emoción a un repertorio que navega natural por un cauce de sedimentos negros, especialmente de blues, con gemas como Slow, y del gospel, cuando los coros se sienten protagonistas. También hay algún guiño al soul y al jazz, en Samson in New Orleans y My oh my, respectivamente, al ritmo trotón ortodoxo del country en Did I ever love you? y a su etapa ochentera en Nevermind, de marcado ritmo electrónico.

Amor y guerra Cohen fue escritor y poeta antes que músico. Y lo sigue siendo. Por ello, en cada uno de sus discos hay que bucear entre sus versos para conocer las motivaciones de cada canción? que son las suyas, las del hombre que las compone. En Londres, al ser preguntado por los deseos de independencia de Escocia y Catalunya, aseguró: “He intentado fijar a lo largo de los años una posición política que nadie pudiera descifrar”. Y ella se filtra en el disco, aunque nunca de manera explícita.

“Vi a personas morir de hambre/fue un asesinato, hubo violación/sus aldeas ardían/ellos trataban de escapar/yo no podía enfrentarme a sus miradas/yo miraba mis zapatos”, recita en Almost like the blues. En Samson in New Orleans, lamenta el olvido de los políticos ante el huracán que sufrió la ciudad; A street y Nevermind destilan el dolor y el olor de los conflictos cuando canta “la fiesta se ha acabado” o “la guerra se perdió”; y en Born in chains recuerda que el pueblo judío nació entre cadenas. Pero Cohen también se cuestiona el amor en Did I ever love you? y My Oh My, y cierra con una lección de optimismo con You got me singing, en tono folk, al cantar “aunque las noticias son malas, sigo cantando/aunque el mundo se haya ido, me tienes pensando que me gustaría continuar y cantando el himno Hallelujah? me tienes deseando que nuestro pequeño amor durará”.