bilbao - Herta Müller (Rumanía, 1953) es una mujer de apariencia frágil, pero sus facciones duras dejan entrever una vida complicada, de resistencia. La escritora rumano-alemana, Premio Nobel de Literatura en 2009, recaló ayer en Bilbao para inaugurar el festival literario Gutun Zuria, que en su séptima edición aborda los relatos de frontera. Un término que para ella tiene un significado muy profundo y aterrador. Su madre fue deportada a Ucrania, donde pasó cinco años en un campo de trabajo; su padre fue obligado a servir en las SS alemanas, y ella misma fue perseguida por la Policía política de Rumanía. Su primer libro, En tierras bajas, fue publicado en Alemania, donde vive desde 1987, dos años antes de que cayera la dictadura de Nicolae Ceaucescu, que gobernó Rumanía durante 24 años.
"Europa Occidental sigue hablando de fronteras con gran admiración, pero para mí una frontera es una franja de muerte, de persecución, donde te mataban a tiros o eras despedazado por los perros", confesó Herta Müller, durante su encuentro con los periodistas. La escritora volvió su vista atrás y rememoró "cuando iba en aquel tren, que circulaba a lo largo del Danubio. En el momento en que llegábamos a la zona donde al otro lado del río estaba Yugoslavia, la actual Serbia, se veía cómo todos miraban hacia nosotros. Se veía lo que pensaban incluso los oficiales, todos hubieran deseado desaparecer en las aguas del río".
Ella asumió la pesada carga de elaborar en forma literaria experiencias extremas, propias y ajenas, muchas de su propia familia: el hambre permanente en medio del trabajo forzado, el cautiverio por pertenecer a una minoría étnica, la persecución... Müller se sirvió de la literatura para levantarse y superar tanto horror, aunque confiesa que "hubiese preferido no haber vivido un solo día bajo una dictadura ni escribir una palabra. Me hubiera dedicado a otra cosa. Habría sido otra persona. Se destruyen tantas vidas en una dictadura, cuando lo importante es el ser humano y la vida... Las dictaduras pueden ampliar la mirada y el mundo se convierte en surrealista. Es bueno para la literatura, pero horrible para el ser humano. No vale la pena tener imaginación, el arte viene después de la vida del ser humano".
"Cuando un régimen totalitario se acaba, los efectos perduran en los supervivientes. Tengo amigos que acabaron rotos, no podían seguir viviendo ya en Occidente, era demasiado tarde para recomponerse como seres humanos y se acabaron suicidando", reflexionó Müller.
La mujer que nunca pretendió ser escritora y que se granjeó el reconocimiento a nivel internacional con obras como La piel del zorro, La bestia del corazón o Todo lo que tengo, también fue muy crítica con la invasión de Crimea por Rusia y la calificó de "infame". "Putin es un hombre del KGB, fue entrenado así, y ahora se ha erigido en dictador. No es Stalin, pero sigue pensando en los esquemas de la Guerra Fría, que necesita para sentirse gobernador supremo. Espero que no tenga más apetito, porque no vamos a empezar otra guerra mundial, y él lo sabe", comentó.
impunidad en méxico Junto a Müller se encontraba la escritora mexicana Lydia Cacho, que ofrecerá hoy una conferencia en la Alhóndiga en la que denunciará la impunidad de los constantes asesinatos cometidos en su país, "donde hay actualmente una violencia como nunca se había visto". Ella misma denunció haber sido secuestrada y en 2012 tuvo que salir temporalmente de su país tras recibir amenazas de muerte.
La reconocida activista, que cuenta con distinciones como el premio mundial de la Unesco por la lucha contra la corrupción política, el crimen organizado y la violencia doméstica, calificó de trágica la vuelta del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Gobierno de su país y aprovechó para lanzar reproches tanto a su Gobierno, al que acusó de tener "tintes de tiranía", como a los países desarrollados, por su política "hipócrita de buscar esclavos para trabajar y luego expulsarles".
A su lado se encontraba también el escritor vasco Kirmen Uribe quien recordó una cita del escritor italiano Claudio Magris sobre las tradiciones en las fronteras donde se unen varias lenguas. "Yo la traería aquí. El euskera ha traspasado fronteras, ha cruzado los Pirineos, y convive con el castellano y el francés. Las literaturas en estos países son más valientes porque no pesa tanto la tradición. Eso es lo que ocurre en el País Vasco, porque la literatura que se hace aquí es arriesgada, busca nuevas formas poéticas".
El certamen literario, que se celebrará hasta el 6 de abril y que contará además con otros dos premios nobeles, Gao Xingjian y Pamuk, fue presentado ayer por la concejala de Cultura, Ibone Bengoetxea, que tuvo un recuerdo especial para Iñaki Azkuna "por su impulso y apoyo desde el principio al festival literario".