se han mantenido impertérritos ante las inclemencias del tiempo, las guerras, las enfermedades y alteraciones del entorno durante miles de años. Los dólmenes, menhires y túmulos dispersos en el territorio son testigo de cómo en el V milenio a. C. llegó a una Araba todavía por instaurar una particular arquitectura funeraria. Una que se caracterizaba por realizar inhumaciones en panteones colectivos de características monumentales, los dólmenes, pero que también erigía grandes losas verticales de piedra en forma de estatuas de caracter simbólico, como los menhires.

Desde que en 1831 se descubriera el dolmen de Aizkomendi, se han identificado en Araba 72 dólmenes, 45 túmulos y 51 menhires en una franja de no más de 60 kilómetros, a excepción de la Rioja Alavesa, que conforma un mapa megalítico notable en el territorio. Un patrimonio de gran valor que puede ser descubierto en fáciles excursiones para acercar a los alaveses a sus orígenes y en el que se puede profundizar gracias a libros como Dólmenes y menhires, de Fernando Galilea.

joyas funerarias Aunque Araba cuenta con numerosas representaciones de dólmenes, algunos tienen una relevancia mayor por su arquitectura o por la información aportada. Por ejemplo, el dolmen de Aizkomendi fue el primero en ser descubierto en el territorio entre 1831 y 1832. Situado en las afueras de la localidad de Eguilaz, fue el primer dolmen peninsular en el que se constató que estas construcciones tenían un carácter funerario. Es un gran dolmen rectangular con corredor, aunque hoy no lo conserva, en el que destaca su enorme túmulo, nombre que recibe el montón de tierra y piedras levantado sobre una tumba o varias, de 64 metros de diámetro que lo convierten en uno de los mayores del norte peninsular, y tiene gran valor por la solución arquitectónica que encontraron para resolver un grave problema que tenía la estructura de la cámara.

Tampoco hay que olvidar el dolmen de Sorginetxe, en el pueblo de Arrizala, uno de los más fotografiados de Álava. Se trata de un dolmen exento de tipo pentagonal sin corredor y sin túmulo, lo que lo hace único en el territorio.

Otra de las estructuras que destacan se halla en Durana. El conocido como dolmen de Eskalmendi es el mayor túmulo del norte peninsular con sus 74 metros de diámetro y 5 de altura. Los últimos estudios han desvelado que cuenta con una gran cámara con corredor y que es el único en el que el acceso podía hacerse en su día a pie. En un momento de su historia se le dio por desaparecido, pero en 1976 volvió a descubrirse. Sin duda alguna, el dolmen monumental alavés por excelencia es el de la Chabola de La Hechicera. Situado en los alrededores de Elvillar y recientemente restaurado, es un ejemplo de construcción exenta octogonal y espectacular por sus dimensiones, con 14 metros cuadrados de superficie y 42 metros cúbicos de volumen. Está rematado por una gigantesca losa que cubre toda la superficie de la cámara.

tocando el cielo Araba suma 51 menhires, algunos de ellos de gran valía monumental. Sin ir más lejos, el de Mugarriaundi, en la sierra de Elgea, que se alza como el techo del territorio con sus 5,40 metros de altura, aunque su grandiosidad no puede observarse en todo su esplendor debido a que actualmente está tumbado en el suelo. Otro buen ejemplo de este tipo de arquitectura es el menhir de Arlobi, situado entre la estribación sur del monte Odoriaga en el Gorbeia, que restaurado y puesto en pie muestra su grandiosidad de 4,80 metros de altura. Muy cerca de éste se encuentra el de Pagozarreta, que destaca por su remate en ángulo que estiliza los tres metros de su losa de arenisca recientemente puesta en pie.

Aunque éste último no figura en el podio de los más altos de Álava. De hecho, el bronce corresponde al menhir de El Gustal, ubicado en la sierra de Anderejo. El fabuloso trabajo de restauración de esta pieza que se encontró dividida en dos partes permite ver hoy su forma trapezoidal con punta acodada y aire antropomorfo de 3,70 metros de alto.

Además de estos monumentos, también destacan los de Itaida y el cluster de menhires de las campas de Legaire, ambos en la sierra de Entzia, y el de Olano, en la sierra de Altzania, entre otros.