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Una pareja denuncia que una guardería se ha negado a admitir a su bebé reborn

Una escuela infantil privada de Marbella niega la plaza a un muñeco hiperrealista

Una pareja denuncia que una guardería se ha negado a admitir a su bebé rebornInstagram (@alejayjaime)

En el mundo de las historias surrealistas siempre hay espacio para una más extraña que las precedentes, como la que se ha vuelto viral en los últimos días y que podría ser digna de El Mundo Today. Pero es real y tiene por protagonista a Batmancito. O más bien a sus padres, si es que se les puede llamar así, que ese es otro elemento de debate.

El asunto arranca en Marbella (Málaga), donde una pareja, compuesta por Alejandra y Jaime, decidió dar un paso más en su experiencia con un bebé reborn, esos muñecos hiperrealistas que imitan con precisión a un recién nacido. Lo llamaron Batmancito y, siguiendo los cauces habituales de los padres primerizos, quisieron escolarizarlo y llevarlo a una guardería. Lo que pasa es que este aspirante a alumno era de silicona y no había sitio para él.

La guardería dice no

La dirección de la escuela infantil, en una decisión que no sorprende mucho, rechazó la solicitud. Según relataron los propios protagonistas, la responsable del centro les explicó que, aunque le “encantaría”, no podía aceptarlo “por los padres de los demás niños”.

La negativa no se quedó en un simple trámite administrativo rechazado, sino que provocó un enorme disgusto en Alejandra, que explicó que para ella crear la rutina de llevar al bebé a la guardería era parte de su proceso terapéutico tras una depresión vinculada a la imposibilidad de tener hijos. “Me puse triste porque no puede tener esa etapa”, resumió.

Batmancito, 'comiendo' yogur.

¿Qué es un bebé reborn?

Los bebés reborn, que se han popularizado en los últimos años, no son juguetes cualquiera: son muñecos artesanales extremadamente realistas, con peso, textura y detalles que imitan a la perfección a un recién nacido. En algunos casos (sólo en algunos), se utilizan como herramienta terapéutica para afrontar duelos, infertilidad o problemas emocionales, siempre (al menos en teoría) bajo supervisión profesional. El objetivo, en palabras de la propia pareja protagonista de esta historia, es “hacerlo lo más real posible”.

Pero ahí entra el debate: cuando lo “más real posible” incluye pedir plaza en una escuela infantil, el experimento social deja de ser íntimo y entra en terreno público, con todo lo que eso implica. Porque una cosa es pasear un muñeco hiperrealista en el parque y otra sentarlo en una clase con niños de verdad, que también se verían afectados por la presencia de un extraño y silencioso nuevo compañero que no interacciona con nadie.